La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) reporta la variación de precios de la canasta básica alimentaria de cuarenta y cuatro productos de agosto a septiembre del presente año, estudio de mercado realizado en los treinta y dos estados de la República con una muestra aleatoria domiciliada, ambulatoria y estratificada en más de 200 puntos de venta en tres niveles de consumo: alto, medio y popular.

El precio promedio de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) resultó en $2,141.86 al aumentar su precio en promedio $13.34, lo que significa una variación al alza de 0.63%.

Los cinco estados donde la CBA presenta mayor variación de precios fueron Baja California Sur (5.88%), Campeche (3.49%), Puebla (3.20%), Coahuila (3.01%) y Querétaro (2.72%). En tanto, los estados donde la CBA resultó más cara son Edomex $2,504.90, Zacatecas $2,394.00, Jalisco $2,335.00, Colima $2,324.00 y Nayarit $2,280.00.

Los productos que más aumentaron en el último mes son cebolla 38.56% (de $31.69 a $43.91), naranja 8.74% (de $36.81 a $40.03), manzana 8.47% (de $48.34 a $52.44), chiles en escabeche 5.78% (de $29.19 a $30.88) y avena 5.49% (de $45.53 a $48.03).

“Este reporte de mercado que mes a mes realiza ANPEC confirma la presión que vienen enfrentando los precios de los productos de consumo esencial y permite anticipar un cierre de año complicado para el bolsillo de los consumidores. Hay algunos productos e insumos que se encuentran cada vez bajo mayor presión: maíz, cacao, huevo, café, trigo, arroz, azúcar y aceites vegetales son algunos ejemplos de esto. Tambores de guerra que anuncian los retos que se avecinan para los consumidores mexicanos; cuando estos productos se encarecen, tarde o temprano, el golpe termina llegando al bolsillo de la gente de a pie”, comentó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

Incluso INEGI recién reporta la caída del gasto de los hogares que continuará en la segunda mitad del año, es decir, en la economía de última milla se percibe un consumidor cada vez más cauteloso, que administra, recorta y prioriza sus compras.

Otro factor estratégico que presiona al consumo nacional es el costo energético. Recientemente, el Gobierno Federal se vio en la necesidad de incrementar los estímulos fiscales a los combustibles. Para el periodo del 12 al 18 de septiembre, Hacienda estableció un estímulo de 51.43% para la gasolina regular y de 100% para el diésel. Esta acción refleja la inestabilidad que tienen los precios de los energéticos y, consecuentemente, los costos del transporte en las cadenas de abasto y suministro; cuando sube el costo de mover mercancías, aumenta la presión sobre los precios finales de los productos.

Referencia especial merece el reciente apagón registrado en el sureste mexicano. Más allá de las distintas versiones y especulaciones que pudieron circular alrededor de lo que provocó este incidente, lo cierto es que los apagones y las interrupciones en el suministro eléctrico representan un factor de vulnerabilidad para la actividad económica nacional.

En México son cada vez más las entidades que están registrando y padeciendo las funestas consecuencias de apagones eléctricos. Para los comercios, las empresas y los consumidores, un sistema eléctrico poco confiable significa pérdidas, interrupciones de actividades, afectaciones a cadenas de frío y mayores costos de operación. El pequeño comercio en el sureste se vio fuertemente afectado, ya que no fueron pocos los refrigeradores descompuestos y tampoco pocas las mercancías que se echaron a perder.

“Esta creciente vulnerabilidad de nuestra economía tiene una consecuencia todavía mayor, estamos mandando malas señales a la inversión extranjera. México está entrando, en los hechos, en un escenario donde el sistema eléctrico se vuelve cada vez más errático, poco confiable, inconsistente y con problemas de calidad en el suministro. Y si seguimos por ese camino, tarde o temprano esto terminará por ahuyentar nuevas inversiones. Para un inversionista es una condición sine qua non que el país donde va a poner su dinero le garantice un suministro eléctrico confiable y de calidad y hoy esa certeza no la estamos brindando, claramente tenemos dificultades para garantizar la energía que el desarrollo económico nacional demanda”, resaltó Rivera.

Otro factor más que amenaza al mercado son los desastres naturales que azotan a lo largo y ancho del país, una realidad que México ya ha vivido y padecido. En años recientes tenemos el caso de Otis en Acapulco o las lluvias extraordinarias e inundaciones que en octubre de 2025 afectaron a Veracruz, Puebla, Hidalgo, Querétaro y San Luis Potosí. Hoy sabemos que cuando un fenómeno de gran intensidad golpea una entidad, los daños no terminan cuando pasa la tormenta, la recuperación de la infraestructura, los comercios y los hogares de las familias puede tomar años.

Esto cobra mayor relevancia aún porque en 2020 se canceló el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) y el gobierno no tiene capacidad de respuesta rápida para la atención a damnificados y la reconstrucción de los daños materiales que este tipo de fenómenos trae consigo. Cuando la ayuda tarda en llegar, la recuperación económica también se alarga y el golpe termina pegando fuertemente en el bolsillo de las familias y en la actividad comercial.

Y, desde luego, la inseguridad, particularmente la extorsión y la violencia asociada a la delincuencia organizada, es un capítulo que no deja de lacerar la economía nacional. Estados como Sinaloa, Zacatecas, Baja California Sur, Guanajuato y Colima, entre otros, un día sí y otro también escriben páginas de violencia en su historia con terribles consecuencias para los actores económicos de dichas entidades, para quienes producen, distribuyen, venden y consumen.

“Este cuadro general de realidades y amenazas latentes se presenta precisamente en la segunda mitad del año, que tradicionalmente concentra una parte importante del gasto de los hogares y en la que las familias enfrentan compromisos adicionales propios del calendario de consumo: regreso a clases, Fiestas Patrias, Halloween, Navidad, celebraciones de fin de año, aguinaldos, gastos decembrinos y los de la cuesta de enero”, concluyó Rivera.

Por ello, sin caer en el amarillismo, ANPEC advierte que el cierre de año estará marcado por la tendencia alcista de precios que presionará al consumidor y terminará por generar un entorno de bajo dinamismo en el consumo de los hogares mexicanos, con impacto directo en la calidad de vida de las familias y, consecuentemente, en la actividad económica y la productividad del país; en esto coincide INEGI con ANPEC.

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