La noche del 15 de septiembre no se vive únicamente en el Zócalo. Se celebra en plazas, calles, restaurantes, mercados y espacios de encuentro en toda la ciudad. Miles de personas salen a festejar mientras una parte importante de la actividad comercial, gastronómica y social continúa después del atardecer.
Ese movimiento tiene una dimensión económica concreta. La Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (Canaco CDMX) estima que las festividades por el 216 aniversario del inicio de la Independencia generarán una derrama de 12 mil 170 millones de pesos en la capital, 2.7% más que en 2025, beneficiando directamente a más de 148 mil unidades económicas.
El fenómeno trasciende a la capital. A escala nacional, la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO SERVYTUR) proyecta una derrama de aproximadamente 39 mil 600 millones de pesos entre el 13 y el 16 de septiembre, 5.5% más que en 2025, con alrededor de 4 millones de unidades económicas beneficiadas. Restaurantes, mercados, comercios tradicionales, transporte y entretenimiento se encuentran entre los principales giros favorecidos.
Detrás de buena parte de esa actividad nocturna existe una infraestructura que pocas veces protagoniza la conversación: la iluminación.
La celebración también ocurre después del atardecer
La iluminación de una plaza, una calle o un corredor urbano va mucho más allá de hacer visible un espacio. También influye en la manera en que las personas lo recorren, permanecen en él y se encuentran. Durante las Fiestas Patrias, esa relación adquiere una dimensión particular.
Para Signify, estas fechas muestran cómo la luz puede contribuir a extender la vida de los espacios después del atardecer y acompañar la actividad social y económica que ocurre alrededor de ellos.
“El 15 de septiembre vemos algo que sucede todos los días, pero a una escala extraordinaria: las personas hacen suya la ciudad después del atardecer. La iluminación acompaña ese encuentro y permite que plazas, calles y espacios de convivencia sigan siendo parte de la vida de las personas durante más horas. En una fecha tan ligada a nuestra identidad, la luz también puede contribuir a fortalecer la conexión que tenemos con los lugares que compartimos”, señaló José Ávalos, Líder de Asuntos Públicos y Gubernamentales de Signify México.
Lo que ocurre cuando la actividad continúa de noche
Más allá de acompañar una celebración, una iluminación adecuada puede tener efectos concretos sobre la manera en que una ciudad funciona después del atardecer. Puede mejorar las condiciones de visibilidad para peatones y conductores, favorecer el uso de plazas, parques y espacios de recreación y acompañar la actividad de restaurantes, comercios y servicios. Con tecnologías LED y sistemas conectados, además, es posible gestionar la iluminación con un uso más eficiente de la energía.
De esta manera, visibilidad, actividad económica y eficiencia energética forman parte de una misma conversación sobre cómo aprovechar mejor los espacios urbanos después del atardecer.
Iluminar mejor, no iluminar más
La oportunidad no está necesariamente en agregar más luz, sino en utilizarla de acuerdo con las necesidades de cada espacio y momento. Las tecnologías LED y los sistemas conectados permiten adaptar niveles y escenas de iluminación a diferentes horarios y usos, de manera que una misma infraestructura pueda responder de una forma durante una celebración multitudinaria y de otra durante su operación cotidiana.
Los sistemas de iluminación conectada permiten gestionar la infraestructura de forma remota, ajustar su funcionamiento y tener mayor visibilidad sobre su operación. Plataformas como Signify Interact hacen posible que la tecnología opere detrás de la experiencia urbana y que los espacios se adapten mejor a la manera en que las personas los utilizan, al tiempo que se optimiza el uso de energía.
Las Fiestas Patrias hacen especialmente visible algo que ocurre todas las noches: restaurantes, comercios, plazas y calles continúan formando parte de la vida económica y social de una ciudad después de que termina el día.
“Pensar la iluminación urbana también implica preguntarnos durante cuántas horas una ciudad está realmente disponible para las personas. La tecnología nos permite responder mejor a los distintos momentos de un espacio: desde una celebración que reúne a miles de personas hasta una noche cotidiana. El objetivo no es iluminar más, sino entender mejor cómo la luz puede acompañar la forma en que vivimos nuestras ciudades”, agregó Avalos.
Este 15 de septiembre, mientras las ciudades mexicanas se visten de verde, blanco y rojo, la iluminación hará evidente algo que va mucho más allá de la celebración: ciudades que continúan encontrándose, moviéndose y generando actividad después del atardecer.
