La apropiación de tierras ganó protagonismo mundial tras la crisis financiera de 2008, pero la disputa por los recursos no ha hecho sino intensificarse. Hoy, la competencia va mucho más allá de los campos de cultivo. El aumento en la demanda de agua, minerales críticos, créditos de carbono y áreas de conservación está alimentando nuevas formas de apropiación de tierras, agua y recursos. Al mismo tiempo, la creciente concentración en la industria de semillas, el sector agroalimentario y la venta minorista de alimentos está centralizando el control de la biodiversidad agrícola, los sistemas de producción y los mercados en pocas manos poderosas. Su influencia llega cada vez más allá del mercado; impacta también en las instituciones, políticas y normas que definen los sistemas alimentarios. El resultado es una disputa creciente no sólo por los recursos, sino también por quién tiene el poder de definir el futuro de la comida.

Estos temas estarán en el centro de los debates del evento internacional Terra Madre Salone del Gusto 2026, donde se reunirán granjeros, pescadores, pastores, líderes indígenas, productores de alimentos y activistas de Slow Food de más de 120 países.

“Ninguna transición puede considerarse justa si concentra aún más el control de la tierra, el agua, las semillas y el conocimiento en manos de unos pocos actores poderosos”, afirma Edward Mukiibi, presidente de Slow Food. “¿Quién decide qué semillas sobreviven? ¿Quién controla el acceso al agua? ¿Quién determina el futuro de la agricultura? Estas no son simples preguntas técnicas. Son cuestiones sobre democracia, equidad y el tipo de sistema alimentario que queremos construir.”

Creciendo en una zona rural de Uganda, Mukiibi vivió de cerca cómo el acceso a la tierra, cuerpos de agua, biodiversidad y saberes locales puede influir en la resiliencia de las comunidades agrícolas. Inquietudes similares están siendo expresadas cada vez más por productores de alimentos en todo el mundo.

La biodiversidad también es sustento de vida

Para las comunidades representadas en Terra Madre, la biodiversidad no es solo una cuestión ambiental. También se trata de medios de vida, cultura y autodeterminación. El informe histórico de la FAO sobre biodiversidad para la alimentación y la agricultura advierte que muchos componentes de la biodiversidad agrícola están disminuyendo en todo el mundo. Slow Food sostiene que revertir esta tendencia requiere más que solo medidas de conservación. Son necesarias decisiones políticas que protejan los derechos de las comunidades a gestionar, utilizar y beneficiarse de las semillas, razas, ecosistemas y conocimientos que custodian desde generaciones. La pérdida de biodiversidad no es solo la desaparición de especies. Es también la pérdida de resiliencia, de medios de vida y de opciones. Debilita la capacidad de las comunidades para alimentarse, reduce las alternativas de los consumidores y concentra el control de los sistemas alimentarios en manos de cada vez menos actores. Por eso, proteger la biodiversidad no significa únicamente conservar la naturaleza, sino también asegurar que las personas conserven la capacidad de decidir sobre el futuro de la comida.

Terra Madre: historias distintas, desafíos compartidos

Las delegaciones que asisten a Terra Madre aportan experiencias diversas, pero relatan presiones similares.

Glorieuse Zania, una joven indígena de la comunidad Bambuti que vive en la región oriental de la República Democrática del Congo, está apoyando a comunidades indígenas de África Central para proteger semillas tradicionales, recuperar la soberanía alimentaria y defender su identidad cultural. Históricamente, la comunidad Bambuti ha vivido en una zona forestal de gran biodiversidad. Sin embargo, en los últimos años ese equilibrio se ha visto profundamente alterado. En la República Democrática del Congo, la inseguridad en el oriente del país ha alcanzado niveles muy altos. Esto ha provocado el desplazamiento de numerosas familias, que incluso han perdido el acceso a sus tierras ancestrales. Como consecuencia, muchas comunidades han tenido que abandonar sus prácticas tradicionales. Esto también ha generado profundos cambios en la alimentación, con una dependencia creciente de productos procesados y semillas importadas que muchas veces no se adaptan a su contexto ecológico.

En Argentina, María Florencia Alloni trabaja con alimentos de bosque nativo ricos en biodiversidad, incluido el árbol Taccu, similar al algarrobo, y otras especies poco aprovechadas, al tiempo que apoya iniciativas que generan oportunidades económicas para comunidades rurales y ayudan a conservar los ecosistemas locales. Su labor demuestra cómo la biodiversidad impulsa tanto la protección ambiental como el desarrollo local cuando las comunidades mantienen el control de los recursos de los que dependen.

En todos estos contextos emerge una idea común: el acceso a los recursos está estrechamente ligado a la capacidad de las comunidades para definir sus sistemas de alimentación y su propio destino.

Justicia alimentaria y el gusto por el poder

Estas preguntas serán el eje de la conferencia Justicia Alimentaria y el Gusto por el Poder, uno de los momentos clave del Terra Madre Salone del Gusto 2026, con la participación de ponentes como Raj Patel, investigador, escritor, documentalista y una de las voces más autorizadas en sistemas alimentarios globales, Edward Mukiibi y Jessica Duncan, profesora asociada de Sociología Rural en la Universidad de Wageningen, Países Bajos.

Su mensaje es claro: el futuro de la comida dependerá no solo de lo que producimos, sino también de quién controla la tierra, el agua, las semillas, la biodiversidad y los conocimientos necesarios para producirla.

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