Yuka es una aplicación que escanea los códigos de barras de productos alimenticios, cosméticos y de cuidado personal para evaluar su impacto en la salud. La app traduce información compleja de las etiquetas en calificaciones simples e independientes, ayudando a los consumidores a tomar decisiones de compra más informadas. Con base en su base de datos de más de 600,000 productos en México, en constante expansión desde su lanzamiento en julio, la app identificó las familias de aditivos alimentarios e ingredientes cosméticos que con mayor frecuencia reciben una calificación de alto riesgo.

El análisis reúne algunas de las sustancias más comunes presentes en productos cotidianos, desde alimentos y bebidas procesados hasta cosméticos y artículos de cuidado personal. Observar estos ingredientes por categoría ayuda a ilustrar qué tan ampliamente se usan ciertas sustancias y por qué su presencia y sus posibles efectos en la salud han sido objeto de una atención científica y regulatoria cada vez mayor.

Productos ultraprocesados que dominan el mercado

Entre los aditivos alimentarios que Yuka califica con mayor frecuencia como de alto riesgo se encuentran:

  • Nitritos y nitratos, utilizados como conservadores en carnes procesadas y frías.

  • Colorantes artificiales como el Rojo 40, Amarillo 5 y Amarillo 6, presentes en refrescos, dulces, botanas y cereales.

  • Dióxido de titanio, utilizado para dar color blanco a dulces, chicles y salsas.

  • Edulcorantes artificiales, como el aspartame y la sucralosa, comunes en bebidas “light” y “zero”, así como en productos lácteos.

  • Emulsificantes, presentes en productos lácteos, salsas, helados y bebidas de origen vegetal.

  • Aditivos fosfatados, ampliamente utilizados en refrescos, productos de panadería, quesos procesados y carnes frías.

Estos aditivos resultan especialmente relevantes en México, ya que el país es uno de los mayores consumidores de refrescos del mundo: las bebidas azucaradas representan casi el 70% del azúcar añadida en la dieta mexicana, y alrededor del 40% de las calorías que consumen los niños provienen de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, según UNICEF.

En México, en 2020 se introdujo el etiquetado frontal de advertencia obligatorio, que señala los productos altos en azúcar, sodio o grasas saturadas. Estas etiquetas generan un incentivo para reducir el azúcar, y una de las formas más sencillas de hacerlo es sustituyéndola por edulcorantes no calóricos; en ese caso, la etiqueta debe incluir la leyenda “contiene edulcorantes, no recomendable en niños”.

¿Por qué preocupan estos aditivos alimentarios?

“Algunos aditivos alimentarios cumplen una función legítima: ayudan a garantizar la inocuidad o la vida útil de los alimentos. Pero otros se utilizan principalmente para enmascarar ingredientes de baja calidad, imitar texturas naturales o fomentar el consumo excesivo. Varios de estos aditivos han sido objeto de investigaciones científicas que plantean inquietudes sobre distintos efectos adversos para la salud” dice Gabriela Mourad Vicenssuto, ingeniera de alimentos brasileña en Yuka. “Los consumidores no tienen tiempo de evaluar estos estudios mientras caminan por el pasillo del supermercado. Ahí es donde Yuka se convierte en una herramienta sencilla para la salud diaria, traduciendo la ciencia compleja en una calificación clara y codificada por colores que cualquiera puede entender de inmediato.”

Los nitritos y nitratos, por ejemplo, pueden generar sustancias que diversas autoridades de salud, incluida la Organización Mundial de la Salud (OMS), consideran probablemente carcinogénicas. Los colorantes artificiales, que cumplen una función puramente cosmética sin valor nutricional ni necesidad tecnológica, se utilizan ampliamente en toda la industria alimentaria. Estos colorantes sintéticos se han relacionado con la hiperactividad y los déficits de atención en niños, lo que llevó a la Unión Europea a exigir, desde 2010, que cualquier producto alimenticio que los contenga incluya la advertencia explícita: “puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños”.

El dióxido de titanio, por su parte, fue declarado no seguro por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria en 2021, y ha estado prohibido en alimentos en la Unión Europea desde 2022, aunque sigue siendo permitido en la mayoría de los países, como México.

Algo similar ocurre con los edulcorantes artificiales, que se comercializan como una alternativa saludable al azúcar, pero la evidencia reciente es cada vez más preocupante: el aspartame ha sido clasificado como posible carcinógeno por la OMS, y se ha relacionado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2. Las autoridades de salud tampoco recomiendan su uso como estrategia para el control de peso.

Los aditivos fosfatados, presentes en productos de panadería, carnes procesadas, lácteos y, sobre todo, refrescos, contribuyen a una ingesta de fósforo muy por encima de los niveles recomendados, lo cual se ha asociado con daño renal, problemas óseos y un mayor riesgo cardiovascular.

Ingredientes de mayor preocupación en cosméticos

La lógica es similar para los productos de cuidado personal. Entre los ingredientes que Yuka suele calificar como riesgosos se encuentran:

  • Parabenos: se sospecha que alteran el sistema hormonal; el butilparabeno está clasificado como disruptor endocrino en la UE, con efectos documentados sobre las hormonas, la fertilidad y el desarrollo fetal.

  • Antioxidantes BHA y BHT, también relacionados con la alteración hormonal; el BHA está clasificado por la IARC como posible carcinógeno.

  • Siliconas cíclicas: el D4 es un posible disruptor endocrino con efectos sobre el sistema reproductivo femenino.

  • Conservadores alergénicos como la metilisotiazolinona, un potente alérgeno que irrita la piel, los ojos y las vías respiratorias.

  • Filtros UV como la benzofenona-3 (oxibenzona) y el octocrileno, posibles disruptores hormonales conocidos por su impacto en los arrecifes de coral.

  • Sales de aluminio en antitranspirantes, de uso diario y con posibles efectos reprotóxicos y neurotóxicos según la OMS.

  • Sustancias PFAS, como el PTFE y la perfluorodecalina, relacionadas con la alteración del sistema inmunológico, la reducción de la fertilidad y distintos tipos de cáncer, además de ser altamente persistentes en el medio ambiente.

Tanto en alimentos como en cosméticos, Yuka utiliza la misma escala de cuatro colores: verde (sin riesgo identificado), amarillo (riesgo limitado), naranja (riesgo moderado) y rojo (riesgo alto). Un ingrediente solo se marca en rojo cuando existe evidencia científica sólida de un efecto grave para la salud y cuando el nivel de exposición es realmente preocupante, no como simple medida de precaución.

Alternativas más saludables

Cuando un producto recibe una mala calificación, Yuka sugiere alternativas mejor calificadas dentro de la misma categoría. En alimentos, se trata de productos libres de aditivos controvertidos y/o con un mejor perfil nutricional, con menos azúcar o sal y más proteína o fibra; en cosméticos, son productos formulados sin los ingredientes señalados como potencialmente riesgosos.

“Esto refleja un principio central del enfoque independiente de Yuka: no buscamos decirle a los consumidores qué comprar, sino darles las herramientas y alternativas que necesitan para tomar sus propias decisiones.” dice Julie Chapon, cofundadora de Yuka. “Creemos que la transparencia le da el poder a las personas para tomar decisiones más conscientes, al mostrar que en cada categoría de producto es posible elegir mejor.”

Al traducir listas complejas de ingredientes en calificaciones claras e independientes, Yuka busca cerrar la brecha entre lo que dicen las etiquetas y lo que realmente contienen los productos, ayudando a los consumidores de todo el mundo a identificar más fácilmente las opciones más seguras en cada categoría.

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