Cerca del 90 por ciento de los accidentes registrados en plantas químicas está relacionado con errores o negligencia humana, mientras que una proporción mucho menor se debe a fallas de equipos o fenómenos naturales, lo que evidencia la necesidad de incorporar la seguridad desde las primeras etapas de la creación de los mecanismos industriales, aseguró el doctor Gabriel Contreras Zarazúa, profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y presidente del Comité Organizador del 4to. Simposio Mexicano de Ingeniería de Sistemas de Procesos (PSE México 2026).

En su ponencia afirmó que, si bien el ámbito productivo químico ha contribuido de manera decisiva al desarrollo de la sociedad con la generación de combustibles, plásticos, insumos y tecnologías para el tratamiento del agua, enfrenta vulnerabilidad derivada del manejo de sustancias peligrosas y altas presiones y temperaturas.

Como parte de la exposición Diseño de Procesos inherentemente seguros para la producción de Bioturbosina, detalló que la seguridad de procedimientos va más allá del uso de equipo de protección personal, ya que implica diseñar sistemas capaces de minimizar la posibilidad de incidentes por medio de  estrategias de prevención, análisis y evaluación de riesgos.

De acuerdo con el académico del Departamento de Ingeniería de Procesos e Hidráulica de la Unidad Iztapalapa, metodologías basadas en el Análisis Cuantitativo de Riesgos (QRA), permiten estimar el alcance potencial de explosiones, incendios o liberaciones tóxicas, así como calcular probables afectaciones a las personas y la infraestructura.

Estos modelos, explicó, contribuyen a detectar zonas de peligro, establecer protocolos de mitigación y evacuación, sumado a ello evaluar el comportamiento de diferentes alternativas de diseño antes de construir una planta industrial.

En ese tenor, su ponencia se centró en el avance del funcionamiento para producir bioturbosina o combustible sostenible para aviación, que permitiría aportar a disminuir las descargas de dióxido de carbono generadas por el sector aeronáutico, responsable de alrededor de tres por ciento de las emisiones globales de CO₂, porcentaje que podría incrementarse en las próximas décadas si no se desarrollan energéticos más limpios.

El doctor Contreras Zarazúa junto con un grupo multidisciplinario, ha evaluado distintas rutas tecnológicas para fabricar este combustible a partir de biomasa y residuos del procesamiento de la caña de azúcar que incorporan de forma simultánea criterios de protección, impacto ambiental, costos y viabilidad técnica.

A través de simulaciones computacionales, esquemas matemáticos y técnicas de optimización inspiradas en mecanismos evolutivos, se analizó cientos de miles de configuraciones posibles para identificar aquellas que ofrecen el mejor equilibrio entre desempeño económico, sustentabilidad y gestión de riesgos.

Entre los resultados obtenidos resaltó que la utilización de maniobras intensificadas permitió reducir entre 80 y 90 por ciento la amenaza asociada con la operación de las plantas, al atenuar el número y tamaño de los equipos, junto con  la cantidad de materiales inflamables presentes durante el procedimiento, además de que algunas disposiciones lograron minimizar de forma significativa el consumo de energía y los costos respecto de esquemas convencionales.

Informó que esta tecnología se encuentra en desarrollo de patente y ha recibido reconocimientos por parte de organismos vinculados con la manufactura aeronáutica internacional por su potencial para contribuir a la evolución de combustibles sostenibles.

El académico de la Casa abierta al tiempo destacó que estas contribuciones son resultado del trabajo colaborativo entre investigadores, estudiantes y especialistas de distintas instituciones, lo que demuestra el papel que desempeña la UAM en la generación de conocimiento científico orientado a resolver problemas estratégicos para el avance tecnológico, la protección industrial y la transición hacia sistemas energéticos más sustentables.

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