POR: Rafael Cienfuegos Calderó
El proceso electoral de 2027 es vital para la vida democrática y la conducción política, económica y social del país, como todos los que se han realizado. No obstante, será termómetro para medir a partir de la participación de los votantes y el sentido de su sufragio el grado de conformidad o hartazgo que hay con el gobierno de la continuidad con “cambio”.
De su resultado en la votación, principalmente para los 500 diputados federales, dependerá que sigan o se frenen los abusos del partido en el poder y sus rémoras que por ser mayoría en el Congreso Legislativo aprueban al vapor, sin discusión ni análisis y desoyendo a la oposición las iniciativas de ley que presenta la jefa del Poder Ejecutivo.
“Pueblo” y ciudadanos tienen en su voto el poder de cambiar las cosas o de que sigan igual. Que el segundo gobierno de la cuarta transformación concentre los poderes de la Unión –Ejecutivo, Legislativo y Judicial- en la figura de la Presidenta, sin contrapesos políticos, o que ese poder se acote para evitar abusos.
Si se quiere pluralidad, diálogo y competencia electoral equitativa entre los partidos con registro oficial ante el Instituto Nacional Electoral (INE) a partir del 1 de septiembre en que arranque el proceso electoral los electores pueden iniciar la evaluación de quienes resulten candidatos para que emitan un voto razonado.
Esa es la única forma de que Morena y los partidos parásitos del Verde Ecologista de México y (PVEM) del Trabajo (PT) no hagan trabajo legislativo a su arbitrio y de acuerdo a los intereses de la Presidenta y la inventada cuarta transformación, que no son los de todos los mexicanos.
¿Por qué? Porque Claudia Sheinbaum ganó la presidencia de la República con 59.75% del total de votos emitidos en la elección de 2024, no con el 100%, pues 37.77% no la eligió.
Es por eso que el resultado de la elección del próximo año es vital para que en el Congreso Legislativo ninguna coalición de partidos o instituto político en lo individual concentre la mayoría de votos y que haya pluralidad política.
El mayor interés del gobierno y el partido oficial es ganar en las elecciones intermedias el mayor número de lugares en la Cámara de Diputados para que la iniciativa de reforma a la Constitución en materia electoral que por segunda ocasión presentará Sheinbaum –como ya lo anunció- sea aprobada.
Con ella el grupo político que encabeza, promueve y defiende el proyecto ideológico del expresidente implementaría las reglas electorales a modo que necesita y un modelo de democracia conveniente para retener la presidencia en 2030 y mantenerse en el poder por varios sexenios más.
Que lo logre dependerá del electorado. De ahí la importancia de que emita un voto razonado y no un voto por consigna.
Lo primero permitiría una relación de contrapesos políticos en el Poder Legislativo que, a la vez, por su efecto, implicaría un freno al ímpetu autoritario e impositivo del Poder Ejecutivo, y fortalecer la endeble y nobel democracia.
Lo segundo implicaría conformismo, que las cosas sigan como hasta ahora o que empeoren con una mayor concentración de poder y un partido hegemónico.
La participación de los electores en las urnas es el motor principal del cambio y el sentido del sufragio determina el tipo de gobierno que se quiere.
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