Desde la neurociencia está comprobado que la etapa de educación primaria es el periodo de mayor plasticidad cerebral en el ser humano. Exponer a las niñas y niños a disciplinas integrales de manera temprana como la programación robótica o el deporte estructurado, va mucho más allá del juego: crea conexiones neuronales que desarrollan de forma permanente el pensamiento lógico-matemático, la adaptabilidad y la capacidad de resolver problemas complejos.

Entrar a una Escuela Ford es sumergirse en un espacio en constante movimiento. Al cruzar sus puertas, es posible encontrar a un grupo de niñas armando circuitos en una clase de robótica, a un equipo de basquetbol entrenando para el torneo nacional, o a un alumno destacado celebrando que acaba de ganar una beca para la universidad.

Ese ecosistema vivo es uno de los motivos de celebración en el 60 aniversario de esta iniciativa impulsada por Ford, Lincoln y sus Distribuidores. Hoy, el aprendizaje tradicional fluye a la par de programas complementarios que brindan a los estudiantes una experiencia escolar de excelencia con herramientas de vanguardia, pero llegar a este nivel de innovación tuvo una profunda evolución.

 ¿Cómo surgió esa chispa?

Desde 1966, el esfuerzo de las Escuelas Ford se concentró en la construcción de planteles, logrando edificar y mantener 215 escuelas públicas a nivel nacional para llevar la educación a donde más se necesitaba.

Sin embargo, al acercarse el inicio del nuevo milenio y notar que la cobertura escolar nacional había mejorado, el entonces Comité Cívico de Ford y sus Distribuidores comprendió que era el momento de dar el salto de lo cuantitativo a lo cualitativo. En 1998 nació la iniciativa Calidad en la Educación, marcando el momento histórico en que las Escuelas Ford dejaron de ser «solo edificios» para convertirse en auténticos laboratorios de desarrollo integral.

«Cuando celebramos 60 años, no celebramos solo aulas; celebramos la emoción de un alumno que se pone sus lentes y por fin ve el pizarrón con claridad, o el brillo en los ojos de una niña que hace funcionar su primer robot. Nuestro propósito ha sido enriquecer la educación pública con experiencias y herramientas tan completas que impulsen a nuestros niños a comerse al mundo«, comparte César Tapia, presidente de Escuelas Ford y sus Distribuidores.

 Programas que dan valor

Para que este nivel de excelencia se mantenga vibrante año tras año, la iniciativa ha entretejido de manera natural cinco grandes experiencias en el ciclo escolar de sus estudiantes:

  • Las aulas están conectadas con el futuro. A través de la donación de más de 1,500 computadoras y la energía del programa Robotix, cerca de 18,000 alumnos han transformado su manera de aprender integrando la ciencia, la ingeniería y las matemáticas (STEM) a sus juegos, despertando de manera especial el liderazgo tecnológico de las niñas.
  • El bienestar físico es el motor del aprendizaje. Para asegurar que nada detenga su curiosidad, el trabajo conjunto con Ver Bien para Aprender Mejor ha cuidado la vista de 89,000 niños, entregando más de 19,400 lentes. Esta salud integral hace sinergia con el dinamismo del emblemático Torneo de Deportes de Escuelas Ford, que durante 25 años ha llenado las canchas de compañerismo, disciplina y actividad física, impactando a más de 38,000 jóvenes.
  • Un ecosistema tan dinámico requiere guías de primer nivel. Por ello, la celebración también abraza a los más de 7,630 docentes que nutren este proyecto y que constantemente se actualizan a través del Congreso anual de Maestros y Directores en conjunto con universidades de enorme prestigio.
  • La energía de las Escuelas Ford no se apaga en la graduación de primaria. A través de la iniciativa Ford Impulsando Sueños, los alumnos con mayor talento académico reciben un acompañamiento continuo mediante becas económicas. Hoy, este fondo vibra con una inversión de 3.4 millones de dólares, asegurando que el camino de estos talentos fluya sin interrupciones por la secundaria, la preparatoria y la universidad.

En su 60 aniversario, las Escuelas Ford reafirman con alegría y mucho dinamismo que la mejor manera de transformar a México es creando espacios vivos, donde cada niño tenga a su alcance todo lo necesario para acelerar sus sueños hacia un futuro extraordinario.

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