La cirrosis ha sido, durante años, una de las palabras más difíciles de escuchar en medicina hepática porque casi siempre implicaba daño permanente. Por eso resulta relevante que una investigación del Hospital Houston Methodist haya encontrado evidencia de mejoría en pacientes con cirrosis temprana por MASH. Para entender la relevancia de este hallazgo, primero hay que explicar dos siglas que cada vez se escuchan más en el mundo de la salud: MASLD, que es la enfermedad hepática por acumulación de grasa asociada a problemas metabólicos, como obesidad, diabetes tipo 2, colesterol alto o resistencia a la insulina. En tanto que MASH es una etapa más avanzada, ya que además de grasa, existe inflamación y daño en el hígado, y con el tiempo ese proceso puede dejar cicatrices que deriven en cirrosis.
El Dr. Mazen Noureddin, hepatólogo y especialista en trasplante hepático del Sherrie and Alan Conover Center for Liver Disease & Transplantation del Hospital Houston Methodist, describe que “una persona empieza con MASLD y luego avanza a MASH. Eventualmente, esa esteatohepatitis, que no es una infección sino inflamación, va dejando cicatrices con el tiempo y finalmente aparece la cirrosis por demasiada cicatrización”.
Una enfermedad silenciosa que avanza sin avisar
El avance de esta enfermedad va de la mano del aumento de la obesidad y la diabetes tipo 2. “Está aumentando porque la diabetes tipo 2 y la obesidad están creciendo en todo el mundo. Y también influye el tipo de alimentos que comemos. Por eso esta enfermedad del hígado se ha convertido en la más común, incluso por encima del alcohol”, advierte el Dr. Mazen Noureddin.
Su peligro está en el silencio. Muchas personas no sienten nada hasta que el daño ya avanzó. “Desafortunadamente, muchas veces no hay síntomas. La gente puede sentirse cansada, tener un dolor inespecífico en el abdomen o ver pruebas hepáticas alteradas en la sangre y no hacerles caso. Es una enfermedad muy silenciosa y por eso las personas deben prestarle atención”, explica.
Dentro del hígado, la inflamación deja cicatrices que poco a poco le quitan espacio al tejido sano. Con el tiempo, el órgano empieza a fallar en tareas esenciales para el cuerpo, como procesar grasas, azúcares, medicamentos y toxinas.
Un avance que abre una nueva etapa
Durante décadas, la cirrosis fue considerada un punto de no retorno. Aunque estudios previos en hepatitis viral demostraron que la cirrosis podía revertirse cuando la hepatitis B o C crónica se trataba a tiempo, hasta hace poco no se sabía si lo mismo era posible en MASH. Hoy, los hallazgos del ensayo clínico liderado por el Dr. Noureddin sugieren que esta percepción sostenida durante años podría comenzar a cambiar.
“Este es un avance muy importante porque sugiere que podríamos detener la MASH antes de que progrese a cirrosis avanzada, insuficiencia hepática y la necesidad de un trasplante. Durante años, la cirrosis fue considerada irreversible, pero la experiencia con hepatitis B y C demostró que el daño en etapas tempranas puede revertirse. Este es el primer estudio que sugiere que un medicamento podría lograr lo mismo en pacientes con MASH”.
El tratamiento estudiado es un medicamento inyectable que actúa sobre procesos clave del hígado relacionados con la grasa, el azúcar y la inflamación. De acuerdo con el Dr. Mazen Noureddin, su función no sólo es reducir la grasa acumulada, sino también ayudar a disminuir la inflamación y fibrosis que va dañando y endureciendo el órgano.
El estudio también mostró que los resultados no se ven de inmediato. La cirrosis se desarrolla a lo largo de muchos años, por lo que revertir parte del daño también toma tiempo. Aunque hubo señales de mejoría desde los primeros meses, fue después de casi dos años de tratamiento continuo cuando los cambios en el hígado se hicieron más claros.
Aun con resultados alentadores, el Dr. Noureddin es muy cuidadoso al hablar del alcance del hallazgo. “No quiero llamarlo cura. Quiero llamarlo mejoría, porque todavía tenemos que revertir completamente la cicatrización y la grasa para poder decir que se trata de una cura. Pero sí es un paso en la dirección correcta, y además fue un paso muy difícil de alcanzar. Por eso lo consideramos un gran éxito.”
También dejó claro que este avance no reemplaza los cambios en el estilo de vida. La pérdida de peso, la alimentación adecuada y el ejercicio siguen siendo parte del manejo de estos pacientes, pero en una etapa avanzada ya no suelen bastar por sí solos.
Más allá de la investigación, el especialista apunta a la calidad de vida y a la posibilidad de evitar un desenlace devastador. “Lo que queremos es prevenir que los pacientes desarrollen una cirrosis severa, insuficiencia hepática o que incluso mueran por esta enfermedad.”
En una enfermedad que durante años avanzó con pocas respuestas y muy pocas opciones para quienes llegaban a cirrosis, este trabajo abre una conversación distinta. Y aunque no se habla todavía de una solución definitiva, sí se vislumbra una posibilidad real de frenar el daño y darle al hígado una nueva oportunidad.
