Las remesas son uno de los principales motores de la economía mexicana. De acuerdo con cifras del Banco de México, el país recibió 61,791 millones de dólares por este concepto durante 2025, equivalente al 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB). Por su parte, el Banco Mundial ubica a México como el segundo mayor receptor de remesas del mundo, sólo detrás de India.
El flujo constante de recursos provenientes principalmente de Estados Unidos representa un respaldo económico para millones de hogares mexicanos, pero también plantea nuevos desafíos para las instituciones financieras encargadas de procesar, validar y monitorear millones de transacciones cada año.
Durante periodos de alta actividad —como las vacaciones de verano e invierno cuando aumenta el envío de recursos por parte de trabajadores mexicanos en Estados Unidos— las entidades financieras enfrentan una presión adicional para detectar operaciones sospechosas sin afectar la velocidad y disponibilidad de los servicios que demandan los usuarios.
«La confianza es el activo más importante del sistema financiero. A medida que crece el volumen de operaciones, también aumenta la necesidad de contar con plataformas capaces de identificar riesgos en tiempo real sin generar fricción para los clientes legítimos», afirmó Jorge Iglesias, CEO de Topaz.
Más transacciones, mayor exposición al riesgo
El incremento de las operaciones digitales ha transformado la manera en que las instituciones financieras administran el riesgo.
Organismos internacionales como el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI/FATF) han señalado que la digitalización de los servicios financieros exige fortalecer los mecanismos de prevención del lavado de dinero y financiamiento al terrorismo mediante esquemas de monitoreo continuo, validación de identidad y análisis basado en riesgos.
Al mismo tiempo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) estima que el lavado de dinero representa entre 2% y 5% del PIB mundial cada año, equivalente a cientos de miles de millones de dólares que buscan ingresar al sistema financiero mediante distintos mecanismos.
En este contexto, las temporadas de mayor actividad transaccional representan un entorno particularmente sensible para las instituciones financieras, ya que los delincuentes buscan ocultar operaciones ilícitas entre millones de movimientos legítimos.
El reto: proteger sin afectar la experiencia del usuario
La creciente digitalización también ha incrementado los intentos de fraude mediante robo de identidad, suplantación de usuarios, documentos falsificados e ingeniería social.
Para responder a este escenario, el sector financiero está incorporando tecnologías como Inteligencia Artificial, aprendizaje automático, analítica avanzada y monitoreo transaccional en tiempo real, con el objetivo de detectar comportamientos anómalos antes de que representen un riesgo para la institución o sus clientes.
De acuerdo con Topaz, el verdadero cambio consiste en dejar atrás modelos donde el cumplimiento regulatorio actúa únicamente después de que ocurre una transacción.
«La prevención ya no puede funcionar como un proceso aislado. Hoy debe integrarse dentro del propio flujo transaccional para identificar riesgos en tiempo real, fortalecer el cumplimiento regulatorio y ofrecer una experiencia segura sin sacrificar agilidad», explicó Jorge Iglesias.
La confianza será el principal diferenciador
El crecimiento sostenido de las remesas continuará impulsando la inclusión financiera y el desarrollo económico de millones de familias mexicanas. Sin embargo, también exigirá que bancos, “fintechs” e instituciones de pago evolucionen sus capacidades tecnológicas para responder a amenazas cada vez más sofisticadas.
Más allá del cumplimiento regulatorio, fortalecer la prevención del fraude, mejorar los procesos de verificación de identidad y desarrollar capacidades de monitoreo inteligente representa una inversión en confianza.
En un entorno donde las operaciones digitales continúan creciendo, la capacidad para proteger a los usuarios sin afectar la rapidez de las transacciones será uno de los factores que definirá la competitividad del sistema financiero en los próximos años.
