La fiesta, el carnaval, los cantos, los bailes, las alegrías, los abrazos, el sentirnos como uno solo desaparecieron junto con la selección de futbol que fue eliminada por Inglaterra en la fase de octavos de final en la Copa Mundial FIFA 2026.
Desde la UNAM se reflexiona de por qué una derrota deportiva llega a experimentarse como si fuera un fracaso propio.
Carlos Vázquez Villegas, psicólogo adscrito a la Dirección General del Deporte Universitario de la UNAM, afirmó que una de las respuestas está en la manera en que el cerebro construye expectativas y en la necesidad humana de pertenecer a un grupo.
“Cuando se genera una expectativa de ganar y ésta no se cumple, viene un proceso de ajuste emocional. Durante días vivimos con esperanza, con ilusión, con una fiesta colectiva. El cerebro tiene la capacidad de generar un estado de ánimo como si aquello que imaginamos ya estuviera sucediendo”.
De acuerdo con el especialista, cuando esa ilusión se rompe de forma abrupta aparece un proceso semejante al duelo.
“Al cortarse de tajo esa esperanza, viene un proceso de reajuste para aceptar una realidad diferente. Podemos enojarnos, negar lo ocurrido, negociar con la realidad, sentir tristeza y finalmente adaptarnos. Es un duelo muy parecido al que conocemos frente a otras pérdidas importantes”.
El psicólogo de la UNAM dijo que no es un fenómeno únicamente individual donde cada quien lo vive a su manera, aquí miles comparten las emociones para formar una identidad colectiva que puede amplificar las reacciones.
“Somos seres sociales y tenemos una necesidad muy fuerte de pertenencia. Formamos grupos, tribus, construimos una identidad social. En un Mundial todos compartimos una misma ilusión y eso hace que nos movamos al mismo ritmo en cuanto a las emociones”.
Al referirse a la psicología de masas precisó que cuando una multitud comparte la misma emoción, las conductas individuales pueden modificarse. “En una masa dejamos de actuar como individuos para comportarnos como lo hace el grupo. Por eso pueden surgir reacciones agresivas que una persona, por sí sola, probablemente nunca tendría”.
Expuso que acciones en las cuales difícilmente una persona común podría involucrarse como insultar, lanzar objetos o dañar bienes públicos; estas conductas suelen presentarse cuando la emoción colectiva supera el autocontrol.
Pero fue más allá del tema psicológico al referirse de los fundamentos biológicos existentes en este fenómeno.
“Como seres humanos sabemos que tenemos algo denominado neuronas espejo que lo que hacen es generar empatía con los demás. De este modo, al ver un grupo de jugadores que están desgastándose, que se esfuerzan, pues esas neuronas espejo actúan también de la misma manera. Somos capaces de sufrir igual que ellos, de sentir esa tensión, esa alegría, esa euforia cuando se anota un gol. Estas neuronas tienen ese mecanismo de ser empáticos”.
Un tema importante, dijo, es la presión sobre los jugadores, pues muchos no saben cómo reaccionar ante una eliminación donde la carga psicológica puede ser mayor.
“El impacto es muy alto. Cada deportista tiene diferentes capacidades para enfrentar la presión, por eso el trabajo psicológico previo resulta fundamental”.
Subrayó que muchos atletas llegan a valorar su identidad únicamente a partir de los resultados deportivos. “El problema aparece cuando un jugador cree que vale por lo que ocurre dentro de la cancha. Ahí puede surgir una crisis de identidad muy importante. Un atleta es mucho más que un marcador o un resultado”.
Añadió que la presión social también alimenta esa percepción. “Como sociedad solemos reforzar la cultura del resultado: si gana lo admiramos y si pierde lo señalamos. Sin querer, terminamos valorando a la persona sólo por su desempeño deportivo”.
El especialista señaló la importancia de disfrutar el futbol sin perder la perspectiva con la finalidad de evitar que la frustración desemboque en agresividad. Recomendó asumir desde antes del partido que el resultado no define el valor personal de nadie. Consideró que la inteligencia emocional consiste en reconocer que las emociones forman parte del espectáculo, pero sin perder de vista los valores personales. “Compromiso, respeto, empatía y responsabilidad deben mantenerse por encima del marcador. También como aficionados tenemos la responsabilidad de que esta fiesta siga siendo una fiesta y no termine en una tragedia como ocurrió durante los festejos posteriores al partido frente a Ecuador”.
Destacó que se puede aprender también de la derrota y convertirse en una oportunidad para fortalecer la resiliencia. “El error es parte del aprendizaje. Tampoco existen personas ni juegos perfectos”.
Para finalizar advirtió que enfrentar la frustración forma parte del desarrollo personal, pues el ser resiliente significa aprender a enfrentar los desafíos. Indicó que el error no debe verse como algo malo, sino como una oportunidad para desarrollar nuevas capacidades y fortalecernos emocionalmente.
