El concepto de “derecho a la desconexión digital” es una necesidad que se hace cada vez más notoria a raíz de la pandemia ocasionada por el Covid-19. En este contexto, es urgente atender a nivel nacional el respeto al horario personal del trabajador y no llevar al extremo del cansancio a las personas o al hartazgo laboral.

En aras de consolidar el bienestar personal, las empresas enfrentan el reto de cumplir con la NOM-037 que abarca otros rubros, como es administrar los gastos asociados al home office, así como establecer que se deben cubrir los costos derivados de los servicios de telecomunicaciones y la parte proporcional del consumo de energía eléctrica, y respetar el derecho a la desconexión digital al término de la jornada y que el jefe de oficina no esté marcándole al empleado a deshoras de la noche o madrugada.

Cabe mencionar que la Cámara de Diputados aprobó una reforma a la Ley Federal del Trabajo (LFT) que formaliza el derecho a la desconexión digital para todo el sector formal y no solo para quienes trabajan desde casa.  El proyecto modifica los artículos 3° Ter y 132 de la normativa laboral para obligar a los empleadores a respetar la privacidad de sus empleados.

El trabajo híbrido y el llamado “home office” dejaron de ser una respuesta temporal a la pandemia de hace unos años, para convertirse en uno de los modelos laborales predominantes en ciertos sectores empresariales.

De acuerdo con el estudio Remuneración 2024-2025 México, elaborado por PageGroup México, 72% de los candidatos –mayormente los jóvenes– prefiere esquemas híbridos, una tendencia que impulsa a las organizaciones a adaptar sus políticas laborales y fortalecer los mecanismos para atender las nuevas necesidades de sus equipos.

Uno de los principales desafíos es gestionar los llamados costos invisibles del teletrabajo, es decir, aquellos gastos que antes absorbían las oficinas y que ahora recaen parcialmente en las y los colaboradores, como el consumo de electricidad e internet.

Cuando estos gastos no se administran de manera adecuada o los reembolsos no son oportunos, pueden convertirse en un detonante de estrés personal y financiero, un factor que también afecta los indicadores de desempeño de las empresas.

Según la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) del INEGI, 45.4% de los mexicanos se preocupa mucho por los gastos imprevistos y 48.4% por la acumulación de deudas. Además, 36.9% de la población reportó tener un nivel alto de estrés financiero, 34.6% dijo que su nivel de estrés era moderado y 28.5% aseguró que su nivel era bajo o nulo.

Cabe resaltar que uno de cada cinco colaboradores ha faltado al trabajo debido a dificultades económicas, lo que impacta la productividad, incrementa los costos operativos y puede favorecer la rotación de talento, reveló un análisis elaborado por la plataforma de bienestar laboral Paynom entre empresas usuarias durante el primer semestre de 2026.

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