La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) considera que lo que México vivió con el Mundial 2026 dejó un racimo de aprendizajes que vale la pena enumerar:

La hotelería —hoteles, hostales y plataformas como Airbnb— sostiene que, a lo sumo, llegaron un millón de visitantes durante el Mundial, cifra que dicen muy lejana a los cinco millones que originalmente se anunciaron. Incluso se preguntan cómo se llegó a ese pronóstico de visitas. En tanto, el sector restaurantero reconoce que sí hubo un incremento en las ventas, estimándolo entre 5% y 10% en el marco del Mundial.

“Desde el pequeño comercio, sí podemos decir que se rompió el marasmo de consumo que veníamos arrastrando y esto se sintió más cuando jugó la Selección. En este canal, las ventas se reactivaron de un 10% a 15% y se centraron en bebidas como cerveza, refrescos, agua embotellada y botanas, embutidos, pan, hielo, carbón, cigarros y abarrotes en general. Por este canal se vendieron también alimentos preparados, tacos, elotes y toda la variedad de antojitos que distinguen a nuestra cocina, así como los souvenirs en donde lo más vendido resultaron ser las playeras, gorras y banderas”, comentó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

El Mundial sí reactivó las ventas del pequeño comercio en México, en el entendido que son de carácter coyuntural y concluirán al término del torneo. Este evento es un bálsamo para el mercado de consumo popular; sin embargo, fue una buena señal económica venida del tan terrible primer trimestre del año. Por ello, se puede decir que entre vivir o no vivir el Mundial, sin duda fue mejor haberlo vivido.

En este Mundial la Selección Mexicana escribió una de sus páginas más memorables, el primer tiempo frente a Ecuador, que se coronó con un triunfo de 2-0 y quedará grabado en la memoria colectiva del país. La juventud de Mora de 17 años nos inyectó seguridad; nunca habíamos jugado así, tampoco habíamos logrado llegar a octavos de final y terminar en noveno lugar de la competencia. Sin duda estos resultados, mejoraron el estado de ánimo de la población.

La consigna “¿Y si sí?” significó la casi certeza de que podemos alcanzar el éxito y acceder a mejores condiciones de vida, por lo que nos despedimos del Mundial con un sabor de triunfo. El partido contra Inglaterra se vivió al filo de la butaca, hasta Donald Trump declaró que había visto el encuentro y, de lo emocionante, no pudo dejar de verlo hasta el final. La Selección Mexicana dio un partidazo y estuvo muy cerca de ganar y, más allá del resultado, se levantó la moral del país.

“El Mundial nos recordó lo bien que se siente estar unidos alrededor de una misma causa. México tiene sed de vivir en unidad y dejar a un lado la polarización y la confrontación cotidiana que nos tienen extenuados. Ese es, quizá, el mayor trofeo que nos deja este Mundial: el dulce sabor de la unidad nacional”, declaró Rivera.

Como todo, hubo piedritas en el arroz: las alertas de seguridad lanzadas por Canadá y Estados Unidos a sus ciudadanos que decidieran venir a México al Mundial; el ramillete de manifestaciones que arreciaron a un mes de la inauguración, amagando con colapsar el arranque del torneo; la innecesaria, por fallida, “Ley Seca” y el pésimo operativo de seguridad en el Ángel de la Independencia que provocó la lamentable pérdida humana de cinco vidas y cientos de lesionados, saldo rojo de la celebración.

La aparición de la milla mundialista, que no es otra cosa que un perímetro de seguridad obligado por las circunstancias, provocó zozobra, México podría o no estar a la altura del compromiso del Mundial y sacarlo adelante en los mejores términos. La interrogante fue despejada satisfactoriamente: México pudo honrar su compromiso ante el mundo y ofrecer la mejor experiencia con respecto a Canadá y Estados Unidos.

El jugador número 12 marcó la diferencia, la afición mexicana fue la más entusiasta y metida en el torneo, la más festiva, con los Fan Fest, el “quiere volar” y la gran algarabía en los estadios antes de los partidos y en las calles después de los mismos, mensajes inequívocos de que somos un país alegre, hospitalario, futbolero, divertido y todo a buen precio.

La marca de México se impuso y logró conectar un mayor interés de los hinchas del mundo, el país aprovechó el Mundial para mejorarla no obstante de las protestas sociales y de la incomprensión del Estado a hacer suyo el evento y aprovechar el acto inaugural como una ventana al mundo que permitiría mandar señales de certidumbre y modernidad, prendas que de México son. Pese a todos estos obstáculos los mexicanos mandamos la señal: el mundo puede contar con México.

No se puede dejar de señalar que ciertamente la FIFA exageró con los precios, las entradas y lo que vendió en los estadios, todo muy encarecido. Pero es tanta la pasión por el futbol que, pese a esta elevada de precios, los estadios se llenaron, mas no sin quejas por este hecho.

Un reclamo generalizado también es el favoritismo arbitral, la sospecha de que puede haber dados cargados en el torneo, al darse recurrentemente marcadas e inexplicables fallas arbitrales que han dejado mucho que desear. Más allá de esto, también hay que decir que la FIFA con antelación puso sus cartas sobre la mesa y fueron los gobiernos los que igual no tuvieron el talento de negociación necesario para obtener mejores reglas y condiciones comerciales para la competencia.

Estas son las reflexiones que ANPEC rescata de este torneo deportivo y coyuntura comercial que representó una experiencia que queda grabada en la memoria colectiva del país y que orgullosamente podemos y debemos presumir como una misión cumplida al mundo. No se podía cerrar este comunicado sin aventurarse a hacer un pronóstico sobre quién será el campeón del torneo. En la opinión de ANPEC, es claro: Francia levantará la Copa del Mundo.

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