Los terremotos ponen a prueba mucho más que la resistencia de los edificios: también exponen la capacidad de comunicación y coordinación de gobiernos, empresas e instituciones. El doblete sísmico que golpeó Venezuela el pasado 24 de junio —magnitudes 7.2 y 7.5 con apenas 39 segundos de diferencia, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS)— dejó, en cifras preliminares, más de 2,500 fallecidos y 11 mil heridos, además de afectaciones en infraestructura como el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. El evento volvió a demostrar que la continuidad de las telecomunicaciones resulta esencial para coordinar a los equipos de emergencia, informar a la población y agilizar las labores de rescate.

Los minutos posteriores a un sismo de gran intensidad definen la rapidez de las evacuaciones, la evaluación de daños y la movilización de recursos. Sin embargo, es justo entonces cuando las redes comerciales se saturan. Tras el sismo del 19 de septiembre de 2017, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) reportó 75 mil servicios de voz y 106 mil de datos afectados en el centro del país, cuyo restablecimiento tomó hasta 72 horas; en 1985, el daño a la red de Teléfonos de México dejó a la capital prácticamente incomunicada y la larga distancia se restableció por completo hasta marzo de 1986. Por ello, la radiocomunicación profesional y las tecnologías Push-to-Talk (PTT) —cuyo estándar de misión crítica (3GPP TS 22.179) exige establecer la llamada en menos de 300 milisegundos— son clave cuando la telefonía convencional falla.

«La radiocomunicación profesional está diseñada para operar en escenarios críticos. A diferencia de la telefonía celular, que puede saturarse o depender de infraestructura dañada, los radios permiten comunicación inmediata tipo Push-to-Talk, con canales definidos por grupo, área o función. Dependiendo de los protocolos implementados, estos sistemas pueden reducir entre un 20% y un 40% los tiempos de coordinación operativa», explica Jonathan Moreira, especialista de Radiosys.

Más allá de la alerta: la coordinación comienza después

México ha fortalecido su cultura de prevención mediante el SASMEX que, de acuerdo con el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), opera 96 sensores en la región sísmica más activa del país y ofrece entre 20 y 120 segundos de anticipación, con una cobertura que alcanza a más de 25 millones de personas. No obstante, la alerta es solo el primer paso: la verdadera capacidad de respuesta se define en los minutos posteriores, cuando las instituciones deben evaluar daños y decidir en tiempo real.

«Desde Radiosys vemos esta integración como un ecosistema: radios profesionales, cámaras de videovigilancia, bodycams, centros de monitoreo, videowalls y plataformas de despacho que ayudan a tomar decisiones rápidas, documentadas y coordinadas», señala Moreira.

Videovigilancia: información visual para tomar mejores decisiones

Tras un sismo, el primer desafío es saber qué ocurrió y dónde concentrar los recursos. Las cámaras instaladas en vialidades, infraestructura crítica y edificios públicos permiten detectar derrumbes, incendios o accesos comprometidos antes de que lleguen las brigadas, mientras que las bodycams transmiten video y audio en tiempo real desde el terreno hacia el centro de control, documentando cada intervención. La apuesta es tangible: la Ciudad de México opera más de 83 mil cámaras conectadas a su C5 —la red más grande del continente—, con la meta de llegar a 150 mil en 2030; según el propio centro, el 25% de las carpetas de investigación de la capital utiliza estas grabaciones como evidencia.

Los centros de comando coordinan la emergencia

La información de un terremoto proviene de múltiples fuentes simultáneas: cámaras, radios, llamadas de emergencia, sensores, hospitales y cuerpos de seguridad. Los centros de comando y control (C4 y C5) concentran, validan y priorizan esos datos, y la integración de videowalls, plataformas de despacho, grabación de comunicaciones y canales redundantes permite mantener una visión unificada para asignar recursos, coordinar rutas y compartir información entre dependencias.

Prepararse antes de la emergencia

La tecnología no evita un sismo, pero marca la diferencia entre una respuesta desorganizada y una operación coordinada que proteja vidas. Los datos del 19S lo confirman: la CFE reportó 4.84 millones de personas con afectaciones eléctricas —de ahí la importancia de la energía de respaldo— y, según el INEGI, 16.1% de los establecimientos sufrió alguna afectación y 39.3% suspendió actividades, uno de cada cinco durante más de tres días.

«Nuestra recomendación es no esperar a que ocurra la emergencia: cada organización debe contar con un plan de comunicación crítica, equipos profesionales, energía de respaldo y simulacros que preparen realmente al personal. La resiliencia se construye con tecnología, protocolos y capacitación», concluye.

 

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