La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) promueve el desarrollo de tecnologías para el reciclaje y reutilización de baterías, con el propósito de fortalecer la Economía Circular y contribuir a la transición energética en México.

El doctor Guadalupe Ramos Sánchez, profesor titular del Departamento de Ingeniería de Procesos e Hidráulica (IPH) de la Unidad Iztapalapa destacó que se trabaja en propuestas enfocadas en su manufactura para electromovilidad, así como en la recuperación de minerales estratégicos contenidos en estos dispositivos.

En entrevista, detalló que se han convertido en un componente esencial de la vida cotidiana que “permiten disponer de energía cuando se necesita, ya sea en teléfonos celulares, vehículos eléctricos o  domésticos que utilizan energías renovables”.

De acuerdo con el también responsable del Laboratorio Nacional Conahcyt de Baterías Ion-Li y post Litio para el Diseño y escalamiento de materiales y prototipos “LNC BIL-DEMo”,  el crecimiento de su uso se ha acelerado desde principios del siglo XXI ante la expansión de aparatos portátiles, el avance en el uso de autos propulsados por motores eléctricos y el almacenamiento de energía solar, por lo que se prevé que hacia 2050 se alcance el máximo de su uso.

El reporte Electric Vehicle Manufacturing in Mexico (Fabricación de vehículos eléctricos en México), establece que en 2024, los autobuses eléctricos significaron casi 8 % de las ventas totales de este sector, aumento significativo con respecto al poco más de 1 % de 2023 y se proyectó la producción de más de 250,000 vehículos eléctricos (VE) en 2025, 21 % más que el año pasado.

“Su ubicación estratégica, su desarrollada industria automotriz, su mano de obra calificada y sus abundantes recursos, como el litio (fundamental para los generadores de los VE), han atraído importantes inversiones de fabricantes automotrices globales”, se lee en el documento.

Sin embargo, el incremento en su consumo plantea retos ambientales y tecnológicos a los que se suma que en este país aún no existe una normatividad específica para el manejo y reciclaje de pilas, como las utilizadas en bicicletas y automóviles.

“En la actualidad hay programas como el Reciclatrón donde la población puede entregar dispositivos electrónicos y acumuladores usados para un manejo más responsable, pero todavía falta una legislación clara y procesos estandarizados”, afirmó.

Sobre el modelo de Economía Circular aplicado a estos dispositivos mencionó que consiste en recuperar materiales valiosos como cobalto, cobre y níquel, con el fin de reutilizarlos en su fabricación y reducir la extracción de recursos naturales.

En ese sentido, expuso que primero, es relevante clasificarlas por su función y composición, ya que, por ejemplo, la de un smartphone admite carga rápida con una potencia de decenas de vatios, mientras la de un carro eléctrico necesita una potencia de carga y descarga en extremo alta.

En el caso de algunas que ya no funcionan para automóviles pueden tener una segunda vida útil en sistemas de acopio doméstico de energía renovable.

Desde la Unidad Iztapalapa se desarrollan proyectos enfocados en su elaboración con mayor capacidad para autobuses y automotores, así como en el diseño de procedimientos para extraer minerales.

Uno de ellos consiste en crear celdas de entre 30 y 50 amperes-hora capaces de competir con las tecnologías importadas, en su mayoría provenientes de China, en colaboración con el Centro de Investigación en Química Aplicada de Saltillo y con el Instituto Tecnológico de Oaxaca.

Además, la UAM participa en la construcción de una planta piloto de baterías, cuyo propósito es avanzar de la investigación de laboratorio hacia métodos industriales controlados y escalables.

Para ello, se contempla la adquisición de equipo especializado y la integración de distintas etapas para producirlas con altos estándares de seguridad y rendimiento.

El especialista subrayó que los generadores actuales para camiones tienen una vida útil aproximada de 1,500 ciclos de carga y descarga, mientras que el objetivo es alcanzar entre 2,000 y 3,000 ciclos para extender su durabilidad y competitividad tecnológica.

El doctor Ramos Sánchez resaltó que estas acciones posicionan a la Casa abierta al tiempo como una institución estratégica en el desarrollo científico y tecnológico del país, “en donde la meta es lograr que la investigación universitaria impacte en iniciativas aplicadas en la industria nacional, a través de la creación de empresas o colaboraciones con el sector productivo”.

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