El virus del Ébola suele asociarse con escenarios de alarma global, no obstante, especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) coincidieron en que el riesgo de contagio masivo sigue siendo bajo y que la mejor herramienta para evitar el miedo colectivo es la información científica.

Ante la proximidad de eventos internacionales de gran movilidad, como el Mundial de futbol, los doctores llamaron a mantenerse al tanto y evitar las noticias falsas que circulan en redes sociales.

Para el investigador Moisés Salvador Castañeda Ramírez, especialista en el área de salud pública, bioética y acupuntura, el ébola es una enfermedad viral grave que se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas.

En ese tenor, señaló que una de las principales confusiones sobre este padecimiento es pensar que se contagia igual que una gripe o un agente respiratorio. “Muchos creen que la difusión ocurre por respirar el mismo aire”, explicó.

El docente de la Unidad Iztapalapa detalló que incluso compartir un espacio con un paciente no significa una amenaza si no existe roce con secreciones contaminadas. Añadió que, aunque el germen puede permanecer activo durante algunas horas sobre ciertas superficies, se requieren condiciones específicas para que se propague, lo que limita de forma considerable su dispersión.

Ante la viabilidad de un caso sospechoso en una zona como la Ciudad de México, el profesor Castañeda Ramírez considera que los sistemas de salud cuentan con mejores instrumentos de respuesta. Dijo que la experiencia derivada de la pandemia fortaleció protocolos sanitarios y mecanismos de vigilancia epidemiológica.

En este contexto, el epidemiólogo y profesor de la Unidad Xochimilco, Pablo Francisco Oliva Sánchez, subrayó que la atención debe sostenerse, sobre todo en puntos de acceso internacional como aeropuertos. Ambos coincidieron en que el peligro para México continúa siendo bajo, incluso en actos masivos, debido a que la afección genera indicios severos que dificultan el traslado de individuos infectados.

Respecto a las lecciones que dejó la epidemia registrada en África Occidental entre 2014 y 2016, el doctor Castañeda Ramírez destacó la importancia de la prevención y de una comunicación clara hacia la población. Medidas básicas como la desinfección con alcohol o cloro, el lavado adecuado de áreas y la identificación temprana de síntomas puede contribuir a reducir las posibilidades de transmisión.

Sobre las señales iniciales, Oliva Sánchez indicó que pueden confundirse con otras condiciones infecciosas, fiebre elevada, cansancio intenso, dolor muscular y malestar general. Conforme avanza el cuadro clínico, es factible que haya vómito, diarrea, sangrados y alteraciones cutáneas que permiten distinguirlo de un resfriado común.

Además, expuso que el antecedente de cercanía con aquejados o viajes a regiones con brotes activos resulta clave para una evaluación médica adecuada.

Sobre la oportunidad de que el virus evolucione y se vuelva más contagioso, ambos científicos apuntaron que las mutaciones son parte natural de su comportamiento; sin embargo, aclararon que hasta ahora no existe evidencia de que el ébola pueda transmitirse de manera aérea y sostenida entre seres humanos.

Más allá de este padecimiento, ambos académicos concordaron en que una de las principales enseñanzas para enfrentar futuras emergencias sanitarias es fortalecer la cultura científica y combatir los datos engañosos. En ese escenario, la Universidad desempeña un papel central al acercar conocimiento confiable a la sociedad y fomentar una comprensión crítica de los desafíos globales en salud pública.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *