El anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum en la conferencia matutina de ayer no deja lugar a dudas: el gobierno federal abrió la puerta al fracking en México. La presidenta planteó la posibilidad de explotar gas no convencional y anunció un comité científico para evaluar si esa explotación es viable. En los hechos, se trata de un giro político que contradice el compromiso de la 4T asumido por la hoy presidenta de no permitir la explotación de hidrocarburos mediante fracking en el país. Desde la presentación del Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, la política energética de esta administración se ha articulado en torno al mal llamado gas “natural”. El principal componente del gas fósil es el metano que, lejos de ser un combustible de transición, acelera la emergencia climática y obstaculiza el avance real hacia una transición energética. El gas fósil, igual que el petróleo y el carbón son los principales responsables del calentamiento del planeta, como lo han demostrado científicos e instancias internacionales como el IPCC.

Explorar una versión ‘sustentable’ del fracking puede sonar prometedor en el discurso, pero en los hechos no existe. La evidencia científica que demuestra los riesgos y efectos nocivos por el desarrollo de fracking ha sido compilada por científicos independientes y comprometidos de Estados Unidos desde hace 15 años, ellos han organizado de forma rigurosa la evidencia científica, que en su edición de 2023 reunió más de 2,300 estudios científicos publicados que muestran un sólido consenso científico: “Los riesgos y los daños del fracking para la salud pública y el clima son reales y van en aumento.” Nos preguntamos si no sería más oportuno enfocar el trabajo científico mexicano en buscar soluciones para acabar con la dependencia a los combustibles fósiles, y en su lugar demos pasos decisivos y acelerados hacia la transición energética justa, libre de combustibles fósiles, en línea con los múltiples acuerdos internacionales suscritos por el país en materia de cambio climático. El comité de personas científicas y expertas que plantea la Presidenta debería responder a las necesidades del pueblo de forma independiente, y el pueblo lo ha manifestado claramente: ¡No necesitamos fracking, necesitamos igualdad, justicia energética y climática!

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