El Brent cayó bajo US$100 (~US$96) por un superávit de oferta estimado por JPMorgan en 1,1-1,4 millones de barriles diarios, sumado a una menor prima geopolítica tras la victoria demócrata en el Congreso de EE.UU. El Tesoro a 10 años cayó a 4,84% y el dólar tuvo su mayor baja diaria en dos meses, ante menores expectativas de expansión fiscal. El S&P 500 tuvo su mejor sesión desde agosto, liderado por AMD y Super Micro, mientras Nvidia, Micron y Broadcom cayeron por riesgo regulatorio sobre IA, golpeando también a Corea del Sur y Taiwán; Europa se benefició de menores tasas y costos energéticos. En América Latina, el petróleo más bajo favorece a importadores (Chile) y perjudica a exportadores (Colombia). Brasil mantuvo la Selic en 13,75%, interrumpiendo su ciclo de recortes y elevando proyecciones de inflación. Chile no descarta subir tasas pese a actividad débil (Imacec 0,2%). Banxico decide hoy, con expectativa de mantener 6,50% por cuarta vez consecutiva. El oro sigue respaldado por dólar débil, menores tasas y compras de bancos centrales. La atención se centra en datos laborales de EE.UU. del viernes y reuniones de política monetaria en México.
Qué ha pasado
Ayer los mercados registraron una recuperación generalizada del apetito por riesgo. El principal catalizador fue el resultado de las elecciones legislativas de EE.UU. donde la victoria demócrata en ambas cámaras abre un escenario de gobierno dividido y reduce la capacidad de la administración Trump para avanzar en su agenda fiscal y legislativa. Los inversionistas lo interpretaron como un posible límite a futuras expansiones del déficit, lo que favoreció una caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro, un dólar más débil y una recuperación de las bolsas estadounidenses, junto con una menor incertidumbre electoral y la expectativa de que los motores del crecimiento económico y corporativo sigan intactos.
En renta fija, una menor probabilidad de nuevas rebajas tributarias o aumentos del gasto podría moderar las necesidades futuras de financiamiento del Gobierno y reducir parte de la prima fiscal de las tasas de largo plazo. Por su parte, el petróleo concentró una de las reacciones más fuertes con el Brent cayendo por debajo de US$100 por barril y el WTI hacia US$88, profundizando las caídas de las últimas sesiones por la reevaluación del riesgo geopolítico del conflicto entre EE.UU. e Irán. La victoria demócrata, interpretada en parte como un rechazo al costo económico de la guerra, refuerza la percepción de que la administración de Trump tendrá más restricciones políticas para prolongar o intensificar las operaciones militares, y eso, junto con señales de una posible desescalada diplomática, aceleró la reducción de la prima de riesgo del crudo. De todos modos, mientras no haya una normalización verificable de las tensiones y de los riesgos sobre las rutas de transporte, el mercado seguirá expuesto a episodios de volatilidad.
La caída del petróleo agrega un componente desinflacionario favorable para los activos financieros, sobre todo si se prueba ser sostenible, ya que aliviaría las presiones sobre los precios al consumidor y mejoraría los márgenes empresariales, lo que puede contribuir a moderar la presión sobre la Fed de seguir adoptando una postura más restrictiva. Lo anterior, ayuda a explicar tanto el retroceso de las tasas como la debilidad del dólar, que registró su mayor caída diaria en más de dos meses. El efecto desinflacionario de la energía, sin embargo, no es inmediato ni automático ya que depende de la transmisión a los precios finales y de la inflación subyacente.
En EE.UU., el S&P 500 tuvo su mejor sesión desde agosto, pero con diferencias entre sectores. Advanced Micro Devices entregó proyecciones de ventas superiores a las estimaciones, por la demanda de procesadores para centros de datos, y Super Micro Computer también presentó perspectivas de ingresos favorables, lo que sostiene las expectativas de la infraestructura de inteligencia artificial. Nvidia, Micron y Broadcom, en cambio, enfrentaron presiones, lo que muestra que persisten las dudas sobre las valoraciones y la sostenibilidad del gasto de capital. La nueva composición del Congreso podría traducirse en más supervisión sobre las grandes tecnológicas y los centros de datos, aunque por ahora no hay señales concluyentes de que interrumpa el ciclo de inversión.
Fuera de EE.UU., las bolsas europeas se beneficiaron de la caída de los rendimientos soberanos y de menores costos energéticos, algo especialmente relevante para economías importadoras de petróleo; los bonos europeos acompañaron a los del Tesoro y el euro y la libra se fortalecieron frente al dólar.
En América Latina, el entorno externo favoreció a las monedas, con diferencias según la exposición comercial, las materias primas y los fundamentos domésticos. En México, el peso avanzó con el debilitamiento global del dólar, y un Congreso estadounidense dividido introduce una variable nueva para las negociaciones comerciales del T-MEC: una menor capacidad de la administración Trump para impulsar cambios legislativos podría limitar ciertos cambios en la política comercial, aunque no elimina las facultades ejecutivas ni las tensiones bilaterales.
En Chile, el peso fue una de las monedas emergentes de mejor desempeño, por el dólar más débil, el descenso de las tasas del Tesoro y el respaldo del cobre, que sigue ligado a la actividad industrial de China; la caída del petróleo también favorece a una economía importadora neta de energía. Pero las minutas de la última reunión del Banco Central mostraron que la autoridad llegó a considerar un alza de la tasa ante la persistencia de riesgos inflacionarios, lo que adelantó las expectativas de un ajuste donde el mercado incorporó una mayor probabilidad de un incremento de 25 puntos básicos en los próximos tres meses, aunque la actividad sigue débil, con un Imacec de septiembre de apenas 0,2% interanual, afectado por la contracción minera.
En Brasil, el Ibovespa interrumpió una racha de seis jornadas consecutivas de caídas gracias al mejor contexto internacional, pero el repunte responde a factores externos y no resuelve los desafíos domésticos. El Banco Central mantuvo la tasa Selic en 13,75%, interrumpió un ciclo de cinco reducciones consecutivas y eliminó las referencias a futuros recortes, al tiempo que elevó sus proyecciones de inflación a 5,6% para 2026 y 4,7% para 2027. La decisión refleja el riesgo de que una política fiscal más expansiva aumente las primas de riesgo, presione el tipo de cambio y obligue a mantener tasas altas por más tiempo.
En Colombia, el peso encontró respaldo en el dólar más débil y en la mayor disposición a asumir riesgo emergente, pero el COLCAP retrocedió en una jornada de alzas en las bolsas internacionales, lo que refleja el peso de factores domésticos como las discusiones fiscales y la incertidumbre política. La caída del petróleo agrega una vulnerabilidad por su efecto sobre los ingresos de exportación, las cuentas fiscales y el sector energético, y una corrección prolongada del crudo podría contrarrestar parte del beneficio de un dólar más débil.
Qué se viene hacia adelante
Los mercados atraviesan hoy una jornada impulsada por las elecciones estadounidenses, la fuerte corrección del petróleo y una creciente divergencia en las perspectivas monetarias. La percepción de que las presiones políticas podrían favorecer una solución diplomática con Irán redujo la prima geopolítica del crudo y favorece a los bonos y debilita al dólar, pero la recuperación del apetito por riesgo no es uniforme: las compañías de IA y semiconductores siguen bajo presión por la posibilidad de mayores restricciones regulatorias, mientras los sectores cíclicos y ciertos mercados europeos muestran más resiliencia.
En EE.UU., los futuros del Nasdaq muestran nuevas presiones después de la recuperación de ayer. La atención se desplaza a las consecuencias regulatorias del resultado electoral para las grandes plataformas y los proveedores de infraestructura computacional: una supervisión más estricta sobre centros de datos, consumo eléctrico y competencia está provocando una revisión de las expectativas de inversión en IA, un factor relevante porque la infraestructura tecnológica ha sido uno de los principales motores de la inversión empresarial de EE.UU. en los últimos trimestres.
La corrección también refleja inquietudes sobre la rentabilidad del capital comprometido. El volumen de inversión en capacidad computacional, centros de datos y equipamiento energético eleva las necesidades de financiamiento, y la monetización de los nuevos servicios sigue incierta. Los resultados de algunos fabricantes de semiconductores confirman que la demanda de procesadores avanzados sigue alta, pero los inversionistas distinguen cada vez más entre crecimiento de ingresos y generación efectiva de flujo de caja, una diferencia que podría persistir aunque las preocupaciones regulatorias se moderen, con costos de financiamiento altos y valoraciones exigentes.
Las bolsas de Corea del Sur y Taiwán registran fuertes retrocesos, sobre todo en los segmentos de memorias y semiconductores, por su alta exposición al ciclo de inversión tecnológica de EE.UU. Es prematuro interpretarlo como una desaceleración efectiva de la demanda por componentes: mayores restricciones regulatorias requerirían iniciativas legislativas concretas y enfrentarían obstáculos políticos, de modo que el ajuste parece reflejar una revisión de probabilidades más que un cambio inmediato en los pedidos industriales. Si las preocupaciones se tradujeran en retrasos de proyectos o menor gasto, sus efectos podrían llegar a los fabricantes de equipamiento eléctrico, los proveedores de energía y la construcción.
Las bolsas europeas, en contraste, se muestran favorables, con el STOXX Europe 600 cerca de máximos históricos gracias a las mineras y a los sectores sensibles a la actividad. La moderación de la energía mejora las perspectivas de costos y consumo, y la corrección de los mercados asiáticos más expuestos a la IA podría estar impulsando una reasignación hacia regiones con valoraciones menos exigentes y una composición sectorial más diversificada, siempre que el petróleo se mantenga bajo y el crecimiento europeo no se deteriore.
En renta fija, los bonos del Tesoro siguen recuperándose, con el rendimiento a diez años en 4,84%, su menor nivel desde comienzos de septiembre, por menores expectativas de inflación, la revisión de las perspectivas fiscales y la menor probabilidad de nuevas expansiones presupuestarias en los próximos dos años. Hay que distinguir, sin embargo, entre menores expectativas de emisión futura y una reducción efectiva de las necesidades de financiamiento: los déficits siguen altos y la sostenibilidad del movimiento dependerá de las decisiones presupuestarias. La caída se replica en los mercados soberanos de Europa y Japón, lo que sugiere una revisión más amplia de las expectativas de inflación, aunque aún es prematuro concluir que los bancos centrales tengan margen para cambiar su orientación: los efectos acumulados de la energía cara todavía podrían trasladarse a otros precios, y las restricciones del gas natural licuado podrían prolongarse aun si el tránsito de petróleo por Ormuz se normaliza.
Además, en Europa la caída del petróleo alivia las perspectivas de inflación, pero el gas natural sigue vulnerable: las interrupciones por el conflicto con Irán afectaron el suministro de gas natural licuado y el almacenamiento está bajo para la época del año, lo que impide leer la corrección del crudo como una normalización de la energía. El BCE deberá evaluar si el petróleo más bajo compensa las presiones acumuladas sobre electricidad, transporte y costos industriales. En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra elevó hoy su tasa en 25 puntos básicos hasta 4,00%, en línea con lo esperado; la atención está en su orientación, porque una comunicación que enfatice la dependencia de los datos podría limitar las expectativas de nuevas alzas si la energía sigue moderándose, y eso podría frenar nuevas apreciaciones de la libra.
En divisas, el dólar sigue debilitándose tras las elecciones, por la caída de las tasas de interés, las menores expectativas de expansión fiscal y la menor demanda de cobertura geopolítica. No es necesariamente una tendencia estructural, porque la economía estadounidense sigue resiliente y los próximos datos podrían cambiar las expectativas monetarias. Las monedas emergentes encuentran soporte en los menores rendimientos y en el mejor apetito por riesgo, con movimientos heterogéneos: los importadores netos de energía se benefician de combustibles más baratos, los exportadores de petróleo pierden ingresos, y las monedas ligadas a las cadenas tecnológicas podrían sufrir si la corrección de semiconductores se profundiza.
En petróleo, el Brent intenta recuperar parte de sus pérdidas y cotiza alrededor de US$96 por barril, después de caer cerca de 9% en la sesión anterior. La corrección refleja una menor prima geopolítica, pero la recuperación de esta mañana muestra que el mercado sigue asignando probabilidad a interrupciones del suministro: las señales de Teherán son heterogéneas y no hay garantías sobre el tránsito por Ormuz. Un petróleo bajo podría aliviar la inflación, mejorar los márgenes de las compañías intensivas en combustible, apoyar el consumo y reducir la necesidad de nuevas alzas de tasas, pero el traspaso a los precios finales será gradual por los costos de transporte, seguros y combustibles refinados, y una reanudación de las operaciones militares podría recuperar rápido la prima geopolítica.
El oro se beneficia del dólar débil y de la caída de los rendimientos reales, con las compras de bancos centrales como soporte estructural: en el tercer trimestre se aceleraron hasta su mayor ritmo desde fines de 2024, por la diversificación de reservas, de modo que sus fundamentos de mediano plazo no dependen solo del conflicto con Irán. El cobre recibe señales contrapuestas: el dólar débil y la energía más barata lo favorecen, pero la corrección de las acciones tecnológicas asiáticas aumenta las dudas sobre la demanda, ya que la infraestructura eléctrica y los centros de datos han sido un argumento estructural clave, aunque las restricciones de oferta se mantienen.
En América Latina, el dólar más débil, los menores rendimientos y la corrección del petróleo operan como canales distintos: los importadores netos de energía ganan con combustibles más baratos y mejores términos de intercambio, y los exportadores pierden ingresos externos y fiscales. Los bonos soberanos regionales se recuperan, con diferenciales relativamente estables, lo que sugiere un aumento gradual de la exposición a deuda emergente, aunque las preocupaciones fiscales siguen separando a los emisores. En Brasil, la recuperación de los bonos en dólares y del Ibovespa muestra que la caída de los rendimientos estadounidenses da cierto alivio tras las pérdidas posteriores a la reelección de Lula, pero la ausencia de definiciones sobre el marco fiscal limita la recuperación de la confianza, sobre todo porque los inversionistas habían acumulado posiciones anticipando otro resultado.
En México, las perspectivas siguen favorables, por una economía más resiliente de lo esperado y menores preocupaciones comerciales tras las elecciones: un Congreso demócrata podría aumentar la supervisión de ciertas medidas arancelarias y reducir parcialmente los riesgos para las cadenas de suministro norteamericanas, aunque el Ejecutivo conserva facultades importantes. Hoy es la reunión de política monetaria de Banxico y el consenso anticipa que mantendrá la tasa en 6,50% por cuarta reunión consecutiva: la inflación se aceleró hasta máximos de cuatro meses y la mayor resiliencia económica reduce los argumentos para flexibilizar, aunque el petróleo más bajo y el dólar más débil podrían aliviar la inflación. El comunicado mostrará si la pausa podría prolongarse o si sigue abierta la posibilidad de recortes.
En Chile, el IPC de octubre, mañana, será clave para saber si las presiones inflacionarias empiezan a moderarse o si el Banco Central deberá mantener un sesgo más restrictivo. La caída del petróleo es favorable, pero los mayores costos energéticos acumulados podrían seguir trasladándose a combustibles, transporte y otros precios. El peso encuentra soporte en el dólar más débil y en las mayores ventas de divisas del Ministerio de Hacienda, de unos US$1.000 millones semanales durante noviembre, aunque la volatilidad del cobre sigue siendo un riesgo si la corrección tecnológica afecta la demanda industrial. La autoridad enfrenta un equilibrio exigente entre la convergencia de la inflación y evitar un mayor deterioro de la actividad.
En Colombia, el Banco de la República publicará las minutas de su última reunión las cuales darán antecedentes sobre las diferencias dentro de la Junta y la evaluación de los riesgos de inflación y crecimiento. El petróleo más bajo modera algunas presiones inflacionarias, pero reduce los ingresos externos y fiscales en un contexto de preocupaciones presupuestarias y altas tasas. El peso dependerá de si el dólar más débil compensa las presiones de menores precios del crudo y de las preocupaciones fiscales.
La agenda de hoy se concentra en las decisiones monetarias y las señales del mercado laboral de EE.UU.: tras la decisión del Banco de Inglaterra, se conocerán las solicitudes semanales de subsidio por desempleo y las cifras de productividad y costos laborales, que mostrarán si el mercado de trabajo es compatible con una moderación gradual de las presiones salariales. En la región, Banxico es el principal evento pendiente junto con las minutas del Banco de la República de Colombia. El viernes, el informe de empleo de EE.UU. de octubre, con una creación moderada de puestos de trabajo y un desempleo cercano a 4,2%, y el IPC chileno mostrarán si la caída del petróleo empieza a cambiar las expectativas monetarias.
