Los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso de EE.UU., lo que limita nuevas expansiones fiscales de la administración Trump y refuerza a los bonos del Tesoro norteamericano, con el rendimiento a diez años en torno a 4,92%. El dólar registra una de sus mayores caídas diarias desde septiembre y las acciones recuperan las pérdidas iniciales, pero la mayor supervisión sobre la inteligencia artificial suma incertidumbre a un sector ya presionado por su financiamiento. En América Latina, el peso mexicano revierte pérdidas y el oro vuelve a superar los US$4.000, mientras Brasil sigue cayendo por factores propios: el Ibovespa acumula seis jornadas de pérdidas antes de la decisión de su Banco Central.
Qué ha pasado
Los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso de EE.UU. en las elecciones legislativas del martes. La principal consecuencia es que la administración de Donald Trump enfrentará mayores restricciones para implementar nuevas iniciativas legislativas durante los próximos dos años: la posibilidad de aprobar nuevos recortes tributarios o expansiones significativas del gasto público se redujo, y las prioridades regulatorias de las comisiones parlamentarias podrían cambiar las perspectivas de ciertas industrias.
Desde una perspectiva macroeconómica, la nueva configuración podría moderar las expectativas de estímulo fiscal y limitar parcialmente las necesidades futuras de emisión de deuda, aunque no implica una reducción inmediata de los déficits existentes. Un Congreso dividido también podría dificultar los acuerdos presupuestarios y generar riesgos de paralización gubernamental y mayor incertidumbre institucional. Por eso, la reacción inicial de los mercados responde más a una revisión de las expectativas sobre nuevas políticas económicas que a un cambio inmediato de los fundamentos de crecimiento de EE.UU.
En Brasil, el Ibovespa acumuló el martes su sexta jornada consecutiva de pérdidas, con Petrobras entre las principales compañías que contribuyeron al retroceso. La mejora del apetito por riesgo internacional no basta para compensar las preocupaciones sobre sostenibilidad fiscal, credibilidad institucional y perspectivas de crecimiento, factores domésticos que parecen relativamente independientes del resultado electoral estadounidense. La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva provocó una revisión importante de las expectativas fiscales y monetarias, y las salidas de capital de fondos de renta variable y la depreciación del real reflejan una pérdida de confianza de los inversionistas.
Qué se viene hacia adelante
Los mercados enfrentan hoy una reevaluación de las perspectivas políticas y económicas de EE.UU. tras el control demócrata del Congreso. La renta variable corrigió con fuerza al inicio, sobre todo el sector tecnológico, pero los principales índices recuperan terreno a medida que los inversionistas evalúan un Gobierno dividido. La reacción es más persistente en renta fija y monedas: los bonos del Tesoro se ven favorecidos y el dólar se deprecia de forma generalizada. El mercado interpreta que un Congreso de oposición limitaría nuevas expansiones fiscales y reduciría las expectativas de crecimiento ligadas al gasto público, y aumenta la posibilidad de una supervisión más estricta sobre la inteligencia artificial. La recuperación bursátil convive, sin embargo, con incertidumbres sobre la rentabilidad del ciclo tecnológico, la inflación persistente y el conflicto con Irán.
En EE.UU., los futuros del S&P 500 y del Nasdaq revirtieron las fuertes pérdidas de la madrugada, porque los inversionistas consideran que parte de los riesgos regulatorios de una victoria demócrata ya estaba internalizada. La recuperación también se apoya en resultados favorables de AMD y Super Micro Computer, que mostraron resiliencia de la demanda por capacidad computacional. La discusión sobre inteligencia artificial, sin embargo, va más allá del crecimiento de ingresos: los inversionistas evalúan la rentabilidad del capital invertido, las necesidades de financiamiento y la capacidad de las grandes plataformas de convertir sus compromisos de inversión en flujo de caja sostenible.
La nueva composición del Congreso agrega un elemento a esa evaluación. Una mayor supervisión sobre los centros de datos, la competencia y los costos energéticos de la IA podría aumentar la incertidumbre regulatoria y modificar los incentivos para nuevas inversiones, aunque el efecto dependerá de las iniciativas que avancen y de la capacidad del poder ejecutivo para bloquear propuestas. Por ahora es prematuro anticipar una reducción generalizada de los compromisos de inversión ya que la demanda por semiconductores avanzados y capacidad computacional sigue sólida, y las compañías con balances robustos y posición competitiva favorable podrían absorber mejor eventuales cambios regulatorios. Eso favorece una mayor selectividad dentro del sector tras la corrección de octubre.
En el resto del mundo, los mercados europeos también revirtieron las pérdidas iniciales y los bancos destacan entre los sectores de mejor desempeño, favorecidos por la caída de las tasas soberanas en EE.UU. y Europa, que modera las preocupaciones por deterioro crediticio y costos de financiamiento. Menores rendimientos también podrían comprimir los márgenes de intermediación, de modo que el desempeño parece reflejar una menor prima de riesgo y mejores condiciones financieras, no expectativas de mayores márgenes.
En renta fija, la recuperación de los bonos del Tesoro es una de las reacciones más relevantes al resultado electoral. El rendimiento a diez años retrocede hacia 4,92%, por una revisión de las expectativas fiscales. La interpretación predominante es que un Congreso de oposición limitaría futuras expansiones presupuestarias y aliviaría parcialmente la oferta de deuda, aunque hay que distinguir entre menores expectativas de emisión y una reducción efectiva de las necesidades de financiamiento, porque los déficits actuales siguen altos. Las restricciones legislativas también podrían dificultar los acuerdos presupuestarios futuros y aumentar la incertidumbre fiscal: la recuperación se mantendría si se consolida la expectativa de mayor disciplina fiscal, pero dependerá de las decisiones presupuestarias y de la evolución de la inflación.
La caída de los rendimientos también refleja el temor de que una mayor regulación tecnológica afecte la inversión y el crecimiento: la expansión de infraestructura de IA contribuyó de forma significativa a la inversión empresarial en los últimos trimestres, incluso con condiciones monetarias restrictivas. Una moderación de esos compromisos podría reducir las perspectivas de crecimiento y limitar la necesidad de nuevas alzas de la Fed, pero todavía no hay antecedentes suficientes para anticipar una contracción de la inversión tecnológica. De confirmarse, el mercado de bonos desplazaría su atención de los riesgos de inflación a los de crecimiento.
En Europa, las cifras preliminares de inflación de octubre dieron una señal mixta: la inflación general de la zona euro subió a 4,0% interanual, mientras la subyacente se mantuvo en 2,5%. Eso indica que gran parte de las presiones sigue ligada a la energía, sin una aceleración equivalente en los componentes menos volátiles, mientras que la reacción de los bonos sugiere que los inversionistas no ven motivo para acelerar el ciclo de alza de tasas por parte de la autoridad monetaria. De todos modos, la vulnerabilidad del gas natural de cara al invierno sigue siendo un riesgo para las expectativas de inflación. De esta forma, la trayectoria monetaria europea dependerá de los costos energéticos, la demanda interna y las expectativas de inflación, mientras la debilidad de ciertos sectores industriales podría limitar el margen para nuevas alzas.
En divisas, el dólar registra una de sus mayores depreciaciones diarias desde comienzos de septiembre, por la revisión de las expectativas fiscales y monetarias tras las elecciones. La debilidad es generalizada y se amplifica con la caída de las tasas de interés, que reduce el atractivo relativo de los activos en dólares. El movimiento refleja además la moderación de las posiciones asociadas al denominado Trump trade, que había favorecido apuestas por un dólar más fuerte, tasas más altas y estímulo fiscal.  Sin embargo, no es necesariamente el inicio de una tendencia estructural ya que esta última dependerá de que el diferencial de crecimiento de EE.UU. frente al resto del mundo se modere y de que las expectativas de tasas se ajusten de forma persistente.
El yen japonés destaca entre las monedas beneficiadas, por la debilidad del dólar y una demanda todavía significativa por activos defensivos. Las monedas ligadas a las cadenas de suministro de semiconductores podrían seguir volátiles si las nuevas prioridades regulatorias de EE.UU. afectan la inversión, pero el comportamiento cambiario dependerá de los diferenciales de tasas, las expectativas de crecimiento y la exposición sectorial, más que del resultado electoral.
En materias primas, el petróleo sigue muy volátil: el Brent retrocede hacia US$103 por barril después de que el presidente Trump señalara que no contempla nuevas operaciones militares inmediatas contra Irán. Eso moderó parcialmente la prima geopolítica, y las señales diplomáticas de Teherán se interpretan como una posible apertura a negociaciones. Sin embargo, aún no hay un acuerdo definitivo, las restricciones de suministro son importantes y la OPEP+ decidió mantener sin cambios sus objetivos de producción, lo que refleja cautela ante las dificultades para normalizar los flujos. Por eso la caída actual parece responder a un menor riesgo inmediato de escalada, no a una desaparición de las vulnerabilidades estructurales del mercado.
La nueva configuración política añade una dimensión geopolítica: aunque un Congreso opositor podría limitar iniciativas domésticas, el Ejecutivo conserva facultades más amplias en política exterior y seguridad nacional. Así no es descartable que dicho contexto podría incentivar un mayor uso de instrumentos de política exterior y aumentar los riesgos de confrontación con Irán, aunque debe leerse como un escenario de riesgo y no como una consecuencia inevitable de la elección. Una distensión verificable reduciría más la prima geopolítica y aliviaría la inflación, mientras una escalada podría llevar los precios mucho más arriba; esa asimetría explica por qué la volatilidad seguirá alta mientras no haya garantías sobre el tránsito por Ormuz.
El oro vuelve a superar los US$4.000 por onza, favorecido por el dólar más débil, la caída de las tasas reales y la incertidumbre geopolítica. Lo respaldan también las compras netas de bancos centrales, que se aceleraron en el tercer trimestre hasta su mayor ritmo desde fines de 2024, por la diversificación de reservas ante riesgos fiscales y geopolíticos. La plata avanza más, por su mayor sensibilidad al dólar y el cierre de posiciones cortas tras las fuertes correcciones recientes. Una recuperación sostenida de ambos metales requerirá que los rendimientos reales sigan moderándose y que la demanda institucional absorba posibles liquidaciones.
El cobre se mueve de forma volátil entre el soporte del dólar más débil y las dudas sobre la demanda industrial. Una mayor regulación estadounidense sobre centros de datos introduce incertidumbre sobre el ritmo de la infraestructura tecnológica, uno de los factores que respaldó la demanda de metales industriales, y los indicadores manufactureros chinos siguen heterogéneos, mientras las restricciones de oferta se mantienen. La volatilidad podría persistir si los inversionistas siguen revisando sus expectativas sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión tecnológica.
En América Latina, el peso mexicano se recupera con fuerza después de perder terreno al inicio de la madrugada. La reversión refleja una reevaluación de las consecuencias comerciales del resultado electoral: un Congreso demócrata no cambiaría de inmediato las facultades ejecutivas sobre aranceles, pero podría aumentar la supervisión de ciertas medidas comerciales y limitar cambios legislativos más amplios. El peso se beneficia además de la depreciación del dólar y de diferenciales de tasas atractivos, aunque la volatilidad inicial muestra su sensibilidad a la política estadounidense. Los fundamentos también ayudan: la última encuesta de Banxico muestra que los economistas elevaron su proyección de crecimiento del PIB de 2026 de 1,40% a 1,61%, una revisión moderada que sugiere más resiliencia frente a las tensiones comerciales y las condiciones financieras restrictivas. La decisión de Banxico de mañana mostrará si hay condiciones para seguir flexibilizando o si la persistencia de la inflación justifica cautela.
Brasil, en cambio, enfrenta presiones que parecen independientes del resultado electoral estadounidense. Las encuestas de expectativas muestran revisiones al alza de la inflación y de la tasa Selic para los próximos años, por el temor a que una política fiscal más expansiva obligue al Banco Central a mantener condiciones restrictivas por mucho tiempo. Eso genera un escenario exigente: mayores tasas elevan el costo de financiamiento del Gobierno y del sector privado, y las preocupaciones fiscales elevan las primas de riesgo y presionan el tipo de cambio. La decisión de política monetaria de hoy será clave para evaluar la disposición de la autoridad a preservar la estabilidad de las expectativas donde el consenso anticipa una mantención de la Selic en 13,75%, aunque el tono y el sesgo de la autoridad podría pesar más que la decisión.
En Chile, el Imacec de septiembre creció apenas 0,2% interanual, afectado por una fuerte contracción minera, mientras los sectores no mineros mostraron un mejor desempeño: la debilidad no es uniforme, pero plantea desafíos para el crecimiento y las exportaciones, y la volatilidad del cobre podría aumentarlos si responde a menor demanda china y menor inversión tecnológica. El peso podría beneficiarse de la depreciación del dólar y de la mayor oferta de divisas: el Ministerio de Hacienda aumentará sus ventas semanales de dólares hasta unos US$1.000 millones durante noviembre, un soporte relativamente independiente del cobre, aunque una corrección más pronunciada del metal podría compensarlo.
El petróleo más bajo entrega algo de alivio, pero la volatilidad geopolítica dificulta revisar a la baja las expectativas de precios, mientras la debilidad de la actividad podría presionar por una política monetaria menos restrictiva, lo que deja un equilibrio complejo para el Banco Central. El IPC de octubre que se publicará el viernes mostrará si los costos energéticos se trasladan a otros componentes.
En Colombia, el Banco de la República mantuvo su tasa en 12,25%, con mayor preocupación por los riesgos para la actividad aunque la inflación sigue muy por encima del objetivo, en un equilibrio exigente entre credibilidad monetaria y crecimiento. Las preocupaciones fiscales siguen condicionando a los activos, con diferenciales soberanos regionales en ampliación, y el comportamiento del peso dependerá de los precios energéticos, las expectativas monetarias y la percepción de riesgo soberano.
La agenda de hoy se concentra en EE.UU.: el informe de empleo privado ADP de octubre, la balanza comercial de septiembre y el anuncio trimestral de refinanciamiento del Tesoro, seguidos por lo el PMI e ISM de servicios de octubre, clave para evaluar la demanda doméstica y los costos empresariales a través de nuevos pedidos, empleo y precios pagados. También se conocerán los inventarios oficiales de petróleo. Como se mencionó anteriormente en América Latina, la decisión del Banco Central de Brasil es uno de los principales eventos de la jornada.
Durante el resto de la semana, el jueves será la reunión de política monetaria de Banxico y el Banco Central de Inglaterra, y el viernes se conocen el informe de empleo de EE.UU. de octubre. Estas cifras mostrarán si la resiliencia de la economía estadounidense sigue siendo compatible con una moderación gradual de las presiones salariales o si la Fed deberá mantener una orientación restrictiva por más tiempo.
Hacia adelante, el mercado deberá determinar si la recuperación del apetito por riesgo tras las elecciones es el inicio de una estabilización sostenida o una reversión táctica de posiciones. Un Congreso de oposición podría respaldar a los bonos del Tesoro al limitar nuevas expansiones fiscales, pero también aumenta la incertidumbre presupuestaria y regulatoria, y el Ejecutivo conserva amplias facultades en política exterior y comercial, por lo que la elección no reduce necesariamente los riesgos con Irán. La persistencia de las restricciones energéticas seguirá condicionando la inflación, y la reevaluación de la IA seguirá favoreciendo a las compañías con mayor capacidad de generar efectivo. En América Latina, la depreciación del dólar puede aliviar a las monedas regionales, pero Brasil seguirá con desafíos fiscales y monetarios propios, Chile dependerá del equilibrio entre cobre, petróleo e inflación, México podría beneficiarse de menores riesgos comerciales y Colombia seguirá condicionado por su consolidación fiscal.

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