Por el bien y el prestigio del INE
Rafael Cienfuegos Calderón
Si fue por presiones de la más alta esfera del poder, por dignidad o por no tener otra salida -“haiga sido como haiga sido”-, la renuncia de Guadalupe Taddei -aliada del partido oficial y del gobierno cuatrotero- a la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) es una buena noticia. Da un respiro a la más confiable, creíble y prestigiosa institución que hay en el país ante el descredito en que lo estaba sumiendo.
La desacreditada consejera presidenta del INE aseguró sin rubor alguno el fin de semana que no se iba, que había que esperar a que la situación se enfriara y que todo es un montaje.
Desafortunadamente para ella, las evidencias de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) son contundentes. Detectaron un esquema de adjudicaciones operado por personas allegadas a Taddei por más de mil millones de pesos en servicios a los Organismos Públicos Locales Electorales de 13 estados y al propio INE.
Tras la renuncia, que era necesaria por la desconfianza de “pueblo” y ciudadanos ante la proximidad de los procesos electorales, las investigaciones seguirán su curso por tráfico de influencias, conflicto de intereses y posibles actos de corrupción.
En la víspera de la presentación formal de la carta de renuncia ante la Cámara de Diputados -que ocurrió a las 14:32 horas-, la presidenta Claudia Sheinbaum la calificó como una «buena decisión» para proteger la transparencia del organismo (conferencia mañanera, 26-10-2026).
Con ello, se consumó el abierto alineamiento de Taddei con el gobierno y su partido y posiblemente también el de sus allegados e incondicionales que incrustó en cargos importantes en el INE.
Carla Humphrey, consejera del instituto, se pronunció porque el Consejo General pida la renuncia de los funcionarios nombrados unilateralmente por Guadalupe Taddei, a los que la reforma aprobada por Morena otorgó “superpoderes”.
La desaseada administración de Taddei y el descredito causado al INE podría tener un alto costo para la democracia –hay ese riesgo- dependiendo del grado de las suspicacias que hayan surgido entre los 104 millones de personas inscritas en el padrón electoral para votar en el 2027.
Si el año entrante resulta que el número de abstencionistas es mayor al de los comicios del 2024, ese será el termómetro para medir la falta de confianza y credibilidad del INE y, Guadalupe Taddei, será la culpable.
Otro factor de irresponsabilidad es el desmantelamiento de la estructura del instituto. Desde su llagada en 2023 dejaron de laborar tres mil 332 personas –entre renuncias y retiros voluntarios-, más que nada vocales de Juntas Distritales y 836 profesionales en las oficinas centrales durante el primer semestre de 2026 (Latinus, 04-07-2026) y El Universal, 16-08-2026).
En ese tiempo dio entrada a personas cercanas y de su confianza que conformaron el llamado “Grupo Taddei”, titulares de unidades técnicas y de diversas direcciones, que apoyaron sus decisiones y la arroparon junto con algunos integrantes del Consejo General.
La ahora exconsejera y expresidenta del INE tuvo la capacidad suficiente para imponer su autoridad, anular a sus contrarios y ser aliada del poder, pero no la tuvo para evitar su salida y posiblemente no la tenga para limpiar su mala y desacreditada imagen porque los señalamientos en su contra son contundentes.
En su carta de renuncia afirma: “me voy tranquila, con la satisfacción del deber cumplido y con el orgullo de haber dedicado más de tres décadas al servicio de la democracia mexicana”.
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