La transición hacia una economía circular no depende únicamente del desarrollo de nuevas tecnologías o de la infraestructura disponible para recuperar materiales. Requiere también la colaboración entre sectores, la participación ciudadana y la construcción de hábitos que permitan que los residuos aprovechables regresen a las cadenas productivas.
Bajo esta visión, ECOCE participó en las actividades de México por el Clima, una plataforma que reúne a representantes de comunidades y pueblos originarios, juventudes, academia, sociedad civil y sector privado para intercambiar experiencias, construir alianzas e impulsar acciones frente a los desafíos ambientales. Inspirada en el legado de las Climate Weeks globales, la iniciativa vincula las acciones locales con la agenda climática internacional y promueve la colaboración para avanzar hacia un futuro sostenible.
A través de tres espacios de diálogo, Montserrat Ramírez, directora de Operaciones, y Carla Gamboa, directora de Comunicación de ECOCE, compartieron distintas perspectivas sobre un mismo desafío: cómo conectar las capacidades de la industria, la innovación, la infraestructura y las decisiones cotidianas de las personas para avanzar hacia una economía circular.
De la recuperación de envases a los modelos de circularidad
Durante los paneles “Aliados por la circularidad: modelos que generan valor para México” y “Del residuo al recurso: ¿qué necesitamos para que la circularidad?”, realizados en el Papalote Museo del Niño, Montserrat Ramírez compartió experiencias sobre la recuperación de materiales y los mecanismos de colaboración necesarios para fortalecer su aprovechamiento.
Como parte de las actividades en este recinto, ECOCE se encargó de la gestión de los residuos en colaboración con El Huerto Roma Verde y Hagámos Composta, además de realizar actividades de sensibilización en los distintos puntos de acopio instalados en el museo. El objetivo fue facilitar la correcta separación de los materiales y acercar a los asistentes a prácticas que favorecen su aprovechamiento.
La iniciativa permitió recuperar 262.6 kilogramos de materiales, entre los que destacó el vidrio, con 123 kilogramos, seguido del cartón, con 52.4 kilogramos; el aluminio, con 25.8 kilogramos; el PET, con 22 kilogramos, y los envases de Tetra Pak, con 21.2 kilogramos.
También se recolectaron 8.5 kilogramos de hojalata, 3.4 de PEAD, 2.8 de PP, 1.8 de charolas, 1.7 de poli y 1.6 de materiales multicapa. La diversidad de residuos recuperados muestra la importancia de contar con puntos de acopio que permitan separar distintas categorías y sensibilizar a las personas sobre el destino de los materiales que utilizan cotidianamente.
Esta experiencia se suma a los esquemas de recuperación de envases de bebidas implementados durante partidos de fútbol celebrados en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. A lo largo de 13 encuentros se recuperaron aproximadamente 6.3 toneladas de botellas de bebidas, como resultado de meses de planeación y del trabajo coordinado entre empresas, organizadores, operadores de recuperación, voluntarios y otros participantes.
Ambos ejemplos muestran que la recuperación de materiales no depende solamente de instalar contenedores. También requiere mecanismos adecuados de recolección, capacitación, sensibilización y condiciones que faciliten la participación de las personas. La comunicación en los puntos de acopio es parte de ese proceso, pues ayuda a que la separación se convierta en una práctica cotidiana y no en una acción aislada.
En el caso del PET, los materiales recuperados pueden reincorporarse a procesos de clasificación y reciclaje para transformarse nuevamente en materia prima destinada a la fabricación de envases, mediante esquemas conocidos como botella a botella. Este modelo ejemplifica cómo la circularidad puede traducirse en procesos concretos cuando existen infraestructura, coordinación y mercados capaces de aprovechar los materiales.
Ramírez destacó que llevar estas experiencias a la operación cotidiana representa uno de los principales desafíos. Para lograrlo, es necesario fortalecer la cultura de separación desde el origen y acompañar la educación ambiental con alternativas accesibles para la recuperación de residuos.
Asimismo, subrayó que la corresponsabilidad involucra a todos los actores: a las empresas, mediante el diseño de envases que faciliten su aprovechamiento; a los sistemas de recuperación y reciclaje, mediante el fortalecimiento de sus capacidades; a las autoridades, a través de condiciones regulatorias y operativas adecuadas; y a la ciudadanía, mediante su participación informada.
Desde esta perspectiva, ECOCE impulsa iniciativas de educación y sensibilización dirigidas a distintos sectores de la población, incluidas las comunidades universitarias, con el objetivo de favorecer hábitos de separación que puedan mantenerse en el tiempo.
Innovación tecnológica y articulación para cerrar los ciclos de los materiales
Como parte de la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza, organizada por el Gobierno de la Ciudad de México a través de la Secretaría del Medio Ambiente, la Secretaría de Desarrollo Económico y las Utopías, Carla Gamboa participó en el panel “I+D: Tecnologías emergentes y rediseño de procesos”, realizado en la Utopía Ceylán.
Durante su intervención, la directora de Comunicación, Carla Gamboa explicó que ECOCE, como asociación civil fundada y auspiciada por la industria de alimentos y bebidas, contribuye a articular a los distintos actores del sistema de reciclaje para identificar necesidades y promover soluciones que permitan avanzar hacia la circularidad.
Aunque la organización no desarrolla directamente tecnologías ni opera plantas de reciclaje o centros de acopio, participa en la exploración de alternativas que puedan complementar los procesos existentes.
En este contexto, Gamboa compartió experiencias relacionadas con proyectos de reciclaje químico que ECOCE contribuye a impulsar. Entre ellos, iniciativas orientadas al aprovechamiento de empaques plásticos flexibles y a la evaluación de nuevas tecnologías capaces de transformar residuos plásticos en materias primas potencialmente aprovechables.
Estos esfuerzos se encuentran en distintas etapas de desarrollo y validación, por lo que su viabilidad técnica, ambiental y económica continúa siendo un aspecto fundamental de evaluación.
La directiva enfatizó que la innovación tecnológica requiere mucho más que demostrar la eficacia de un proceso. Para que una solución pueda integrarse a una cadena circular, necesita materiales disponibles y correctamente separados, infraestructura, logística, aliados industriales y condiciones de mercado.
Pero también destacó una dimensión frecuentemente ausente en las conversaciones sobre innovación: el papel de la comunicación y del comportamiento humano.
“Cuando hablamos de innovación, generalmente pensamos en maquinaria, laboratorios o nuevas tecnologías, pero pocas veces consideramos la innovación en la manera en que nos comunicamos y construimos hábitos. Podemos desarrollar soluciones extraordinarias, pero si desde el consumo no logramos que los residuos se separen correctamente, debilitamos una parte fundamental de la cadena. La innovación tecnológica necesita ir acompañada de innovación en el comportamiento humano”, señaló Carla Gamboa, directora de Comunicación de ECOCE.
Desde esta visión, ECOCE ha desarrollado una metodología de comunicación orientada a comprender cómo las emociones, las decisiones y los vínculos con las personas pueden contribuir a fomentar hábitos sostenidos de separación de residuos. Este enfoque busca complementar los avances tecnológicos con estrategias que faciliten la participación ciudadana y fortalezcan las condiciones necesarias para recuperar materiales desde el origen.
La circularidad comienza con la colaboración
Las tres participaciones coincidieron en un principio fundamental: ningún actor puede construir una economía circular de manera aislada.
La innovación requiere investigación y desarrollo; la recuperación necesita infraestructura y mecanismos eficientes; la reincorporación de materiales depende de procesos industriales y mercados; y la continuidad de todo el sistema exige participación ciudadana y corresponsabilidad.
En este escenario, ECOCE reafirma su papel como articulador de esfuerzos entre industria, autoridades, academia, emprendedores, operadores y sociedad, promoviendo conexiones que permitan transformar iniciativas individuales en soluciones con potencial de integrarse a las cadenas productivas.
La participación de ECOCE en México por el Clima permitió compartir experiencias que van desde la recuperación de envases en eventos masivos y la gestión de residuos en espacios de encuentro hasta la exploración de tecnologías para materiales complejos y el desarrollo de estrategias de comunicación para impulsar la separación desde el origen.
Porque avanzar hacia una economía circular implica no solamente transformar la manera en que producimos y aprovechamos los materiales, sino también la forma en que colaboramos, consumimos y participamos en su recuperación.
