Las acciones de gobernanza de las plataformas y dispositivos tecnológicos y digitales en México deben ser apoyadas con procesos integrales de alfabetización, de monitoreo y evaluación, además de identificar los casos en que la tecnología puede ser clave para la inclusión.
Lo anterior lo señaló el representante de la UNESCO en México, Andrés Morales, durante la inauguración del Foro Regional Centro-Sur “La vida frente a la pantalla”, el sexto de la serie de foros que lidera la Secretaría de Educación Pública (SEP), realizado el 7 de octubre.
Andrés Morales destacó el acuerdo para la regulación del uso de los dispositivos móviles en las escuelas convenido por la SEP y el Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu), en especial por su enfoque diferenciado por niveles educativos y por edades, y añadió que puede ampliarse hacia al uso de la tecnología para la inclusión educativa, para así abordar dos cuestiones centrales: que la tecnología aporte a garantizar el derecho a la educación y que sea pedagógicamente pertinente y éticamente responsable.
Distintos instrumentos internacionales, como la Declaración de Incheon, o el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2023 de la UNESCO, han señalado las oportunidades de la tecnología para el acceso a la educación y para los aprendizajes, abordando la reducción de riesgos. Por ejemplo, como herramientas para apoyar a estudiantes con alguna discapacidad, con barreras de aprendizaje, para quienes no tienen la oportunidad de asistir regularmente a la escuela por distintas circunstancias o incluso para el desarrollo de opciones digitales para la enseñanza en leguas indígenas.
Los procesos de adaptación tecnológica no son totalmente nuevos: las telesecundarias han contribuido a aumentar el acceso a la educación en México mediante una pantalla primigenia: la televisión. Han significado la base de la educación en el 60 % de las escuelas estatales y cada telesecundaria adicional por cada 1000 adolescentes se tradujo en un aumento medio de 0.2 años de educación.
El representante de la UNESCO señaló que seguirá acompañando a la SEP y a México en este proceso que, además de lineamientos puntuales, debe apoyarse con procesos de alfabetización digital, algorítmica, mediática e informacional (AMI) para que la sociedad en su conjunto pueda entender mejor el funcionamiento de las tecnologías y plataformas y sus impactos.
Mientras que el 58% de los países en el mundo cuenta con alguna regulación nacional en el uso de celulares en las escuelas (114 sistemas educativos), sólo el 43% (84 de los 194 países) han integrado elementos de la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI), como la define la UNESCO, en los planes de estudio nacionales formales, y sólo 17 países han desarrollado políticas AMI sustantivas, independientes y de gran alcance.
Lás, aunque el 29% (56 países) ha incorporado algunos elementos de la AMI en sus planes de estudio nacionales, han limitado la integración exclusivamente a la alfabetización digital. Esto limita la respuesta a desafíos globales, por ejemplo, el que el 85% de la ciudadanía en el mundo está preocupada por el impacto de la desinformación en línea. En América Latina y el Caribe, solo 13 de 33 países han integrado elementos AMI a sus currículos.
Junto con los esquemas de alfabetización para las tecnologías actuales y emergentes, Andrés Morales mencionó el acompañamiento a las comunidades educativas para documentar las experiencias, sistematizarlas, monitorearlas y evaluarlas para identificar qué funciona mejor y qué debe modificarse.
Asimismo, comentó que la recuperación y la mejora de los aprendizajes no se logra únicamente con la restricción del uso del celular en el aula. Por eso, la SEP acertó nuevamente al poner especial énfasis en promover el aprendizaje de lectura y la escritura, que son la base para el desarrollo de otros aprendizajes.
Al respecto, Rosa Wolpert, compartió en el panel inaugural del Foro que más allá del uso de dispositivos móviles, también son cruciales las acciones para fortalecer aquellos procesos que no deben delegarse a la tecnología o la automatización, como la lectura, la escritura, el razonamiento y la memoria, además del jugar, el trabajo manual y colaborativo y el abordaje de la resolución de conflictos tanto en el aula como fuera de ella para el desarrollo de la autonomía y la autorregulación de forma progresiva desde la primera infancia.
La UNESCO lleva años generando recomendaciones, guías y metodologías para que las tecnologías estén al servicio de la humanidad y la educación, y no al revés. Entre ellas, la Metodología de Evaluación de la Preparación para la IA y la Evaluación de Impacto Ético, destinadas para la gobernanza ética de esas tecnologías y para reducir riesgos en sistemas específicos de IA, así como la más reciente guía familiar “Crecer en un mundo conectado, ¡se aprende!”, que aborda desde estrategias para gestionar el tiempo frente a las pantallas, hasta el desarrollo del pensamiento crítico desde el hogar y la protección frente a violencias digitales.
