Rafael Cienfuegos Calderón
Así como el expresidente que se fue a “La Chingada” –su finca de retiro en Palenque, Chiapas- inventó la Cuarta Transformación y la equiparó con los movimientos de Independencia, de Reforma y de Revolución, la presidenta Claudia Sheinbaum inventó el domingo, en el Zócalo de la Ciudad de México y ante miles de simpatizantes en la figura de su mentor político, a un dirigente por el cual el “pueblo” se levantaría en defensa de la soberanía nacional.
Otra vez como en muchos de sus discursos, nombró a quien en el 2018 arribó al poder con las banderas de cero corrupción, total transparencia, rendición de cuentas, respeto a la democracia, no robar, no mentir, no traicionar, gobernar obedeciendo al “pueblo”, destierro de la impunidad, bienestar para los pobres y pacificación del país, para ponerlo como ejemplo de reivindicación.
En el acto -que no sería masivo pero que sí resultó masivo por la asistencia de más de 200 mil personas, según el conteo oficial, aunque la presidenta expuso en conferencia que no se convocó como movilización nacional ni como mitin masivo, sino como una asamblea informativa local –similar a las que encabezó en 31 estados- Sheinbaum defendió el legado del expresidente cuatrotero y enalteció su liderazgo.
Afirmó en referencia a los traidores de Santa Anna que vendió territorio a Estados Unidos y a la dictadura de Porfirio Díaz, que “los conservadores no entendieron que este pueblo lleva en su ADN la dignidad de Hidalgo, la firmeza de Morelos, el patriotismo de Juárez y la entrega de revolucionarios como Madero, Carranza, Villa, Zapata y Lázaro Cárdenas, y aún no lo entienden, que el pueblo se levanta con dirigentes extraordinarios como Andrés Manuel López Obrador”.
Si la referencia del discurso de la presidenta va en el sentido de que el ascenso del movimiento que ahora está en el poder fue consecuencia del liderazgo y popularidad de quien lo promovió y encabezó, es legítimo el ensalzamiento que hizo, pero equipararlo con Hidalgo, Morelos y Juárez, no lo es.
Por eso llama la atención que así como se inventó la Cuarta Transformación, que no fue resultado de un surgimiento como la Independencia, la Reforma y la Revolución, ahora se fantasea con un líder que aunque carente de trayectoria histórica se quiere incluir a través del discurso entre los héroes que hicieron Patria.
Ahora bien, si Claudia Sheinbaum recurrió a la figura del expresidente para hacer patente ante los acarreados del Zócalo y crear entre “pueblo” y ciudadanos la percepción de que él es capaz de movilizarlos y generar un levantamiento en defensa de la soberanía y la independencia de México ante el amago de gobiernos extranjeros intervencionistas, se está autolimitando.
Envía –tal vez sin percatarse- un mensaje de debilidad en su liderazgo personal.
De que no obstante ser la Presidenta, la máxima autoridad política, la que concentra los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, la que tiene el respaldo de un partido cuasi hegemónico, la que goza de una alta popularidad y la que contó con casi 850 mil personas en eventos de los 32 estados con motivo de su Segundo Informe de Gobierno, no tiene ni el arrastre ni la convocatoria ni la fuerza y ni el carisma del expresidente para movilizar a sus gobernados.
Porque una cosa es insistir en que solo el pueblo determina el destino de México y que rechaza cualquier intervención extranjera, y otra creer que con un simple llamado, una arenga para un levantamiento masivo, por muy extraordinario que sea un dirigente, los mexicanos responderían sin chistar.
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