Hay una señal interesante detrás de los destinos que están empezando a ganar terreno entre los viajeros más jóvenes: el destino ya no es visto como un escenario para una anécdota personal, sino como un espacio vivo con el cual interactuar. El interés está evolucionando hacia el deseo de establecer un vínculo y respetuoso con los lugares, transformando el viaje en una oportunidad para integrarse con las comunidades locales y diversificar positivamente el impacto del turismo.

La tendencia tiene escala global. De acuerdo con el OECD Tourism Trends and Policies 2026. Para 2030, Millennials y Generación Z representarán más de la mitad de los viajeros a nivel mundial, en un contexto en el que el gasto turístico se orienta cada vez más hacia las experiencias culturales y el intercambio humano, dejando en segundo plano el consumo tradicional.

Y cuando cambia nuestra forma de relacionarnos con el entorno al viajar, también se amplían los destinos que despiertan nuestro interés. Recientemente, Airbnb presentó un reporte sobre los destinos emergentes en Latinoamérica, que identificó los destinos con mayor crecimiento en el interés de los viajeros, donde destacó ocho nuevos puntos turísticos en México que están ganando popularidad en más del 80% de  estos dos grupos de viajeros nacionales: Atlixco, Puebla; Chetumal, Quintana Roo; Tuxpan y Coatzacoalcos, Veracruz; Real de Catorce, San Luis Potosí; San Juan del Río, Querétaro; San Luis Río Colorado, Sonora; y Tepotzotlán, Estado de México.

Estos lugares invitan a preguntarse “¿y si vamos?”. Por su cercanía a menos de tres horas, ya sea vía carretera o en avión, de las principales ciudades, se convierten en oportunidad perfecta para salir de la rutina y, al mismo tiempo, aprender y valorar la amplia riqueza cultural y natural mexicana de la mano de quienes la habitan. Para animar ese próximo viaje de fin de semana, encuentra a continuación, una selección de experiencias únicas en estos destinos emergentes que despertarán las ganas por preparar la maleta:

  • Entrar en la selva para descubrir una ciudad maya que apenas comienza a revelar sus secretos. En Chetumal, Quintana Roo, una expedición a Ichkabal lleva hasta una antigua ciudad maya rodeada por la selva, donde algunas de sus estructuras superan los 40 metros de altura. El sitio, cuya investigación arqueológica comenzó a  finales del siglo XX, comenzó recientemente a recibir visitantes y conserva conjuntos monumentales que fueron construidos hace más de 1,500 años. Uno de sus grupos arquitectónicos incluso funcionaba como observatorio solar, conectando la arquitectura con los ciclos del cielo.
  • Recorrer el paisaje del semidesierto en una tradicional Willys. En Real de Catorce, San Luis Potosí, la experiencia empieza mucho antes de llegar a un mirador: subir a uno de los tradicionales vehículos todo terreno conocidos como Willys permite internarse por brechas y caminos agrestes, entre antiguos paisajes mineros y elevaciones que rozan los 3,000 metros. El recorrido puede llevar hacia lugares como el Pueblo Fantasma y otros parajes del semidesierto, haciendo del trayecto una oportunidad para conocer el paisaje y la historia de la región.
  • Bucear entre los restos de un barco hundido que se convirtió en arrecife. Frente a Tuxpan, Veracruz,  la Isla de Lobos guarda una sorpresa bajo el agua: los restos del buque Melchor Ocampo, que encalló en 1920, y cuya hélice y caldera permanecen a pocos metros de profundidad. Con el paso del tiempo, el viejo acero se convirtió en refugio para corales y distintas especies de peces, creando un paisaje submarino que invita a conocer y valorar la riqueza natural de la zona.
  • Ver desde el aire un acueducto del siglo XVIII atravesando una cañada. En Tepotzotlán, Estado de México, un vuelo en globo sobre los Arcos del Sitio transforma por completo la manera de mirar uno de los grandes vestigios virreinales de la zona, el Acueducto de Xalpa. Una monumental obra hidráulica del siglo XVIII que se extiende por 430 metros y alcanza una profundidad de 61 metros al atravesar la cañada, distribuido en cuatro niveles de arcos. Más que visitar un sitio histórico,  el recorrido ofrece una perspectiva distinta para apreciar la escala del paisaje y de la obra.

Y quizá esa sea una de las mejores razones para seguir viajando a lugares fuera del radar: destinos que todavía no aparecen en todos los feeds, pero que guardan historias, experiencias y comunidades que vale la pena conocer y valorar. Airbnb.mx continúa ampliando ese mapa para ayudar a los viajeros a descubrir nuevos rincones de México de manera responsable, conectando con las comunidades locales y promoviendo que el turismo genere oportunidades en más destinos.

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