En el marco del Mes Mundial de la Salud Cardiovascular, que se conmemora cada septiembre, se intensifican los esfuerzos para generar conciencia sobre la importancia de cuidar la salud cardiovascular y promover el conocimiento sobre las principales condiciones que pueden poner en riesgo la vida de millones de personas.
En México, las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de muerte. En 2024, se registraron 192 mil 563 defunciones por enfermedades del corazón, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), confirmando la magnitud de una problemática que continúa representando un importante desafío para la salud pública de nuestro país. La embolia pulmonar (EP) cobra especial relevancia, al tratarse de una emergencia cardiovascular que puede presentarse de manera súbita y cuyo reconocimiento oportuno resulta fundamental para mejorar el pronóstico de quienes la presentan.
“La embolia pulmonar es una patología en donde un trombo que se forma en las piernas se desprende y viaja a la circulación pulmonar. Al obstruir la circulación pulmonar genera un incremento de presión pulmonar que se traduce en una disfunción del ventrículo derecho y este a su vez, puede generar disfunción del ventrículo izquierdo, provocando hipertensión y muerte”, mencionó el Dr. Guillermo Cueto Robledo, cardio-neumólogo y responsable del Servicio de Urgencias Cardio-Neumológicas en el Hospital General de México.
A nivel mundial, entre el 40 y 50% de los pacientes con trombosis venosa profunda no tratada desarrollan una EP. Además, se trata de la tercera causa principal de muerte cardiovascular y una de las principales causas de muerte prevenible en los hospitales.
“Los factores de riesgo asociados a la embolia pulmonar son múltiples. A mayor número de factores como un reposo permanente, mayor el riesgo de trombosis venosa profunda, y por ende, riesgo de EP. Los principales factores son los quirúrgicos, sobre todo las cirugías ortopédicas o generales. En mujeres el uso de anticonceptivos es algo común”, enfatiza el Dr. Cueto.
Los síntomas más comunes de la EP incluyen dificultad para respirar repentinamente, dolor en el pecho que puede empeorar al respirar profundamente, mareo, frecuencia cardíaca acelerada y, en algunos casos, tos con sangre.
Hoy en día, una embolia pulmonar no significa una sentencia de muerte: identificarla a tiempo y contar con alternativas terapéuticas avanzadas puede marcar la diferencia entre una emergencia fatal y una oportunidad de salvar una vida. Los avances tecnológicos y científicos han permitido desarrollar tratamientos como la trombectomía mecánica pulmonar, que elimina los trombos directamente de las arterias pulmonares sin necesidad de alternativas farmacológicas como los trombolíticos.
La Trombectomía Mecánica Pulmonar es un tratamiento innovador de mínima invasión diseñado para extraer grandes trombos de vasos sanguíneos grandes en una sola intervención de manera más rápida y segura para los pacientes.
A través de un catéter introducido por una vena, este sistema llega hasta el sitio de la obstrucción y permite extraer mecánicamente el trombo, ayudando a restablecer el flujo sanguíneo hacia los pulmones y a reducir la carga sobre el corazón, sin necesidad de administrar medicamentos trombolíticos como parte del procedimiento.
Este procedimiento reduce la posibilidad de complicaciones a largo plazo y mejora significativamente la calidad de vida de los pacientes.. “Los resultados son favorables, al momento de retirar el trombo el ventrículo derecho mejora su función”, señaló el Dr. Cueto.
A diferencia de otros métodos, la trombectomía pulmonar presenta un menor riesgo de hemorragia, lo que la convierte en una alternativa más segura. Al remover el trombo, no solo se favorece el regreso temprano a las actividades diarias, sino que también se reduce significativamente la posibilidad de insuficiencia respiratoria, daño pulmonar y muerte.
En el marco del Mes Mundial de la Salud Cardiovascular, especialistas hacen un llamado a mantener la embolia pulmonar en el radar y a reconocer sus señales de alerta como parte de una cultura de prevención y atención oportuna. Aunque se trata de una emergencia potencialmente mortal, hoy existen alternativas terapéuticas que permiten atenderla de manera cada vez más eficaz en pacientes seleccionados. Identificarla a tiempo, evaluar su gravedad y actuar con rapidez puede marcar la diferencia y convertir una emergencia cardiovascular en una oportunidad para salvar una vida.
