En México, la prevención del suicidio constituye un desafío de salud pública que exige comprender que no existe una sola causa detrás de esta conducta. Se trata de un fenómeno complejo en el que pueden intervenir factores psicológicos, sociales, familiares, económicos, culturales, biológicos, ambientales y, ahora, tecnológicos.
Los datos más recientes disponibles muestran que en 2025 se registraron de manera preliminar 8 mil 709 defunciones por suicidio en México, equivalentes a una tasa nacional de 6.7 por cada 100 mil habitantes. Del total, 79.9% correspondió a hombres y 20.1% a mujeres. Entre 2015 y 2025, la tasa nacional pasó de 5.1 a 6.7 por cada 100 mil habitantes.
En 2025, las personas de 15 a 29 años presentaron la tasa más alta, con 10.2 suicidios por cada 100 mil habitantes de ese grupo de edad. Sin embargo, el suicidio no debe entenderse exclusivamente como un problema de adolescentes y jóvenes: en 2024, por ejemplo, las personas de 30 a 44 años registraron una tasa de 10.7 por cada 100 mil habitantes.
Estos datos hacen necesario fortalecer las estrategias de prevención y modificar la manera en que se aborda el suicidio. En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, la campaña internacional 2024-2026 tiene como lema “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”.
“La propuesta busca pasar del silencio, el estigma y la incomprensión hacia una cultura de apertura, empatía, apoyo y búsqueda oportuna de ayuda”, expuso la maestra Ana Patricia González Rodriguez, directora del Colegio de Psicología de la Universidad del Claustro de Sor Juana.
El entorno digital forma parte de la vida cotidiana de millones de personas en México. De acuerdo con los resultados de la encuesta ENDUTIH 2025 del INEGI, publicados en 2026, 86.1% de las personas de seis años y más utilizó internet, equivalente a aproximadamente 104.9 millones de personas, mientras que 78.3% de los hogares contaba con conexión a internet.
Las redes sociales pueden tener efectos positivos para el bienestar, al permitir el mantener contacto con familiares y amistades, crear comunidades, encontrar información y acceder a recursos de salud mental. Sin embargo, también pueden convertirse en espacios de exposición a ciberacoso, contenidos dañinos, comparación social, aislamiento y normalización de conductas de riesgo.
“Por ello, las plataformas digitales deben ser consideradas dentro de las estrategias actuales de prevención, ya que su impacto depende de la manera en que se utilizan y, particularmente, de los contenidos a los que se expone cada persona”, indicó la académica.
A este escenario se suma la incorporación acelerada de la inteligencia artificial generativa. Los resultados de la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa en la Educación Superior en México (ENIAG 2025), dados a conocer en 2026, muestran que alrededor de 79% de los estudiantes universitarios participantes había utilizado herramientas de IA generativa para producir textos durante los tres meses previos y 66% las utilizaba semanalmente.
“Un dato particularmente relevante para la salud mental es que cerca de 92 mil estudiantes reportaron haber utilizado inteligencia artificial con fines de apoyo emocional”, advirtió.
Afirmó que una persona puede recurrir a estas herramientas para expresar emociones, buscar información o intentar encontrar orientación. Sin embargo, la inteligencia artificial no sustituye a un profesional de la salud mental, especialmente ante una crisis, riesgo suicida, autolesiones o consumo problemático de sustancias.
El documento señala que actualmente no existe evidencia estadística nacional suficiente para afirmar que el uso de inteligencia artificial se una de las causas de suicidio en México. El reto preventivo consiste en promover un uso responsable de estas herramientas y, al mismo tiempo, asegurar que las personas que atraviesan sufrimiento emocional puedan acceder a atención profesional.
El suicidio puede estar relacionado con múltiples factores, entre los que se encuentran problemas de salud mental como depresión, ansiedad, trastorno bipolar y trastornos psicóticos; antecedentes de intentos de suicidio; consumo perjudicial de alcohol y otras sustancias; aislamiento social; conflictos familiares o de pareja; pérdidas y rupturas; violencia, abuso y experiencias traumáticas; problemas económicos o laborales, así como discriminación, rechazo y exclusión social.
No siempre es posible saber si una persona está pensando en suicidarse. No obstante, existen señales que pueden indicar que necesita apoyo, como hablar sobre querer morir, desaparecer o no continuar; expresar desesperanza; aislarse de familiares, amistades o actividades habituales; presentar cambios importantes y persistentes en el estado de ánimo; modificar significativamente sus hábitos de sueño, alimentación o funcionamiento cotidiano; incrementar el consumo de alcohol u otras sustancias, o presentar conductas impulsivas o autodestructivas, entre otras.
También es importante prestar atención a despedidas inusuales, regalar pertenencias importantes, actuar como si estuviera cerrando asuntos personales, buscar información relacionada con la muerte o las autolesiones, o atravesar una crisis después de una pérdida, ruptura, situación de violencia, problema económico u otro acontecimiento altamente estresante.
“Una señal aislada no permite diagnosticar riesgo suicida. Lo fundamental es observar cambios significativos, múltiples señales y el contexto de cada persona, y actuar con empatía”, destacó.
Expuso que el hablar del suicidio de manera responsable no significa promoverlo. Por el contrario, puede contribuir a romper el silencio y generar espacios seguros donde una persona pueda expresar lo que está viviendo, ser escuchada y conectarse con ayuda profesional.
La prevención requiere la participación coordinada de familias, comunidades, instituciones educativas, servicios de salud, autoridades, medios de comunicación y plataformas digitales. Entre las medidas recomendadas se encuentran la comunicación responsable sobre el suicidio, el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales, la detección oportuna, la atención y seguimiento de las personas en riesgo, entre otras.
En este esfuerzo, la Universidad del Claustro de Sor Juana cuenta con el Centro de Orientación y Asistencia Psicológica (COAPSI), que brinda atención psicológica mediante un modelo de 12 sesiones gratuitas.
Asimismo, Línea de la Vida: 800 911 2000 ofrece orientación especializada en salud mental y adicciones, incluida la atención ante situaciones de crisis y riesgo suicida. El servicio es gratuito y está disponible las 24 horas, los 365 días del año.
