El fenómeno del ‘Súper El-Niño’ ya afecta a miles de familias de pequeños productores rurales de México con una sequía intensa en entidades como Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Quintana Roo, Baja California y Sonora. Esto les impedirá cosechar en este ciclo productivo. Por lo que es urgente implementar acciones inmediatas que ayuden a disminuir los impactos negativos por este evento climático y desarrollar una política de adaptación al cambio climático robusta en el país, que permita hacer más resilientes a los pequeños productores a esta nueva realidad climática.

Estimaciones del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) señalan que los costos económicos asociados a desastres derivados del cambio climático en México superan los 100 mil millones de pesos anuales. En el marco del Día Mundial de la Agricultura, las organizaciones que integran el proyecto SAbERES subrayan que las pérdidas se incrementarán si no se pone en marcha una política decidida de fortalecimiento de la adaptación al cambio climático con foco en los pequeños productores rurales, quienes aportan más del 50% de la producción del país.

El cambio climático nos está obligando cambiar la forma en la que se producen los alimentos. Ya no son suficientes ni efectivos los subsidios para la adquisición de fertilizantes nitrogenados o de paquetes tecnológicos para la producción de monocultivos. Es necesario acompañar a los pequeños productores rurales para que gradualmente logren reducir los impactos negativos que la falta de agua por períodos prolongados de tiempo les genera en sus unidades de producción.

El Proyecto SAbERES acompaña a pequeños productores en 10 estados de la república en la elaboración e implementación de sus Planes de Adaptación al Cambio Climático (PACC). Estas herramientas de adaptación tienen como objetivo que los pequeños productores rurales establezcan sus estrategias de adaptación ante diferentes escenarios climáticos. Es decir, los PACC les ayudan a gestionar los riesgos climáticos mediante la implementación de medidas de adaptación basada en ecosistemas (AbE) en sus sistemas productivos. Además, les permite medir y monitorear sus progresos en adaptación.

A través de un instrumento desarrollado por SAbERES, denominado Índice de Capacidad Adaptativa, se identificó que la mayoría de los pequeños productores rurales de milpa, cacao, café, ganado y apicultores que forman parte de la iniciativa de adaptación de los sistemas productivos rurales, son altamente vulnerables a los efectos del cambio climático.

L a sequía que golpea a diversas regiones del país son de enorme preocupación, ya que buena parte de los pequeños productores dependen de las lluvias de temporal para su producción y no cuentan con la infraestructura, inversión ni acceso a financiamiento para hacer frente a los desafíos climáticos.

La evidencia generada en el proyecto SAbERES demuestra que la implementación de sistemas de captación de agua de lluvia, obras de conservación de suelo, acciones para retener humedad durante la sequía, acompañamiento técnico para mejorar las prácticas de manejo de los cultivos, entre otras medidas AbE pueden ser factores que marquen la diferencia entre poder cosechar o no.

Cuando las familias campesinas pierden sus cosechas no solo ponen en riesgo sus fuentes de alimentación y de ingresos en cada ciclo productivo, también la sostenibilidad de su producción se ve comprometida. Muchas familias quizá no podrán volver a sembrar al siguiente año porque ya no tendrán semilla ni recursos económicos para los demás insumos agrícolas.

Además, la falta de certeza en el temporal desincentiva a muchos productores a seguir sembrando y prefieren rentar su tierra y buscar algún empleo en las ciudades aledañas a sus comunidades.

Este patrón es consistente con lo documentado para México, donde se estima que, por el impacto del cambio climático, las condiciones sociales y económicas preexistentes en zonas rurales, entre 1.7 y 8 millones de personas podrían migrar por causas ambientales hacia centros urbanos para 2050, en un contexto en el que alrededor del 20% de la población depende de actividades vulnerables como la agricultura de temporal (OIM, 2024).

Pequeños productores al centro de la política nacional de adaptación

México carece de una política nacional de adaptación al cambio climático y que ponga especial énfasis en la adaptación de los sistemas productivos rurales. Si bien hay algunos esfuerzos a nivel federal y estatales para hacer más resilientes a los productores rurales frente al cambio climático, éstos se encuentran desarticulados y muchos apoyos a la producción agropecuaria impactan de forma negativa a la sostenibilidad ambiental.

Hasta este año, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático está llevando a cabo un proceso de construcción de la Política Nacional de Adaptación al Cambio Climático (ADAPTAMX). Este instrumento tan importante debe poner en el centro a las personas más vulnerables y que enfrentan los mayores riesgos por el cambio climático, entre las cuales se encuentran las y los pequeños productores rurales.

Asimismo, deberá promover el desarrollo de capacidades de adaptación, la asignación de presupuestos suficientes y acceso a financiamiento para fortalecer su resiliencia al cambio climático.

Es muy importante resaltar que la adaptación al cambio climático no solo se construye con prácticas de AbE en la parcela, también implica una planeación en la que participen todos los actores de cada territorio, se fortalezca la gobernanza, se alineen las políticas públicas y se propicie la restauración de las funciones ecológicas de los ecosistemas.

Para esto se requiere que programas como Producción para el Bienestar, de la Secretaría de Agricultura y Sembrando Vida, a cargo de la Secretaría del Bienestar, se armonicen con un enfoque de Adaptación Basada en Ecosistemas y se coordinen los esfuerzos en la planeación territorial y la organización social para la adaptación.

En México más del 60 por ciento de los suelos agrícolas presentan algún nivel de degradación y si no se invierte en la recuperación de la fertilidad de los suelos y la recarga de los acuíferos será cada vez más complicado poder producir alimentos.

Los suelos degradados se ubican en las zonas más marginadas del país y recuperarlos requiere de inversiones públicas para contrarrestar la vulnerabilidad de los pequeños productores al cambio climático. El mejoramiento de las funciones ecosistémicas implica transitar a modelos productivos sostenibles con prácticas de AbE y dejar de promover el uso de agroquímicos y pesticidas altamente peligrosos y nocivos para la salud y el ambiente.

SAbERES resalta que la adaptación al cambio climático es un proceso social de mediano y largo plazo que requiere de la concurrencia de recursos y capacidades, tanto públicas como privadas y de la sociedad civil, y que debe iniciarse cuanto antes, particularmente en México, porque el país se está calentado más y a una mayor velocidad que otros y esto nos resta tiempo para actuar.

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