En un momento en que la crisis climática y la pérdida de biodiversidad dejaron de ser un asunto exclusivamente ambiental para convertirse en un desafío económico, México por el Clima y NAT5 están impulsando una conversación distinta: cómo convertir la urgencia de regenerar la naturaleza en acción, inversión y resultados.

La cifra que pone el problema en perspectiva es contundente: por cada dólar que se destina a regenerar la naturaleza, la economía global gasta 35 dólares en actividades que la degradan. A esto se suma que más de la mitad del Producto Interno Bruto mundial depende directamente de los ecosistemas. La pregunta, por tanto, ya no es solamente cómo conservar la naturaleza, sino cómo financiar su recuperación y convertirla en una prioridad económica.

Con el lema “Regenerar la Naturaleza, Reinventar el Futuro”, la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza reúne del 5 al 9 de septiembre a líderes y representantes de distintos sectores en el Museo Papalote de la Ciudad de México, con el objetivo de acelerar la transición hacia una economía regenerativa y colocar a México como un punto de inflexión para la acción climática en América Latina.

Cada año se invierten más de 7 billones de dólares en actividades que degradan la naturaleza, mientras que solo entre 121 y 200 mil millones se destinan a conservarla o restaurarla”, explica Guillermo Hinojos, CEO de NAT5 y doctor en Cambio Climático por la École des Mines de Paris. “Si vemos a la naturaleza como un activo financiero —que lo es— nos damos cuenta de que enfrentamos un enorme déficit. Los gobiernos por sí solos no pueden cubrirlo; se requiere una movilización colectiva de los sectores público, privado y de la sociedad civil”.

Los días 6 y 7 de septiembre, el NAT5 LIVE MARKETPLACE concentra esa visión en un espacio que reúne oferta y demanda: más de 25 desarrolladores de proyectos de regeneración ambiental, corporativos globales, fondos de inversión sostenible, gobiernos, cámaras de comercio, especialistas y proveedores de tecnología.

El encuentro plantea una idea poco habitual para un evento climático: pasar de los discursos a las transacciones, las alianzas y los proyectos. El programa incluye conferencias magistrales, sesiones de pitch, laboratorios para activar el mercado de naturaleza, networking, conexiones entre tecnología y proyectos regenerativos y oportunidades de inversión en créditos de biodiversidad, agua, suelo y carbono certificados por NAT5.

Entre los temas de los laboratorios se encuentran la naturaleza como activo estratégico en la contabilidad empresarial, la estructuración comercial de créditos de naturaleza, la medición y valoración aplicada de la naturaleza, la integración de la naturaleza en las estrategias empresariales, la política pública y los mecanismos de financiamiento para conservación y restauración.

El cierre del NAT5 LIVE MARKETPLACE llevará la conversación de las salas de trabajo a la pista de baile con el Mini FuturFestival, una experiencia de música electrónica diseñada para mostrar que los grandes espectáculos también pueden convertirse en vehículos de regeneración.

Durante la experiencia, las pantallas mostrarán en tiempo real el dashboard oficial del evento, para visualizar cómo una compra puede traducirse en indicadores de impacto: árboles, agua infiltrada al suelo, superficie restaurada o carbono secuestrado de la atmósfera.

El modelo parte de una premisa sencilla: por cada boleto vendido, FuturFestival México destina un porcentaje a proyectos de impacto social y ambiental positivo, sin costo adicional para el público. Así, una noche de música puede formar parte de un mecanismo económico que conecta entretenimiento, inversión y regeneración de la naturaleza.

La propuesta anticipa además la llegada a México de Futur Festival, uno de los grandes referentes internacionales de la música electrónica, presentado bajo un modelo de evento masivo regenerativo.

La alianza entre México por el Clima y NAT5 busca demostrar que la acción climática puede dejar de ser una conversación aislada del resto de la economía. La apuesta es construir un mercado en el que la naturaleza tenga valor reconocido, los proyectos sean medibles y trazables, y el capital pueda llegar a territorios donde la conservación y la restauración generan beneficios ambientales, sociales y económicos.

Bajo este modelo, la naturaleza deja de aparecer únicamente como una víctima de la crisis climática y comienza a ocupar otro lugar: el de un activo estratégico cuya regeneración puede movilizar capital, crear oportunidades para comunidades y transformar la manera en que empresas, gobiernos y ciudadanos participan en la solución.

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