Las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO) indican que para 2070 una de cada tres personas tendrá 60 años o más. Al mismo tiempo, la proporción de niñas, niños y adolescentes continuará disminuyendo, lo que modificará la estructura demográfica del país y la demanda de servicios, particularmente de atención médica.

Lo que viene representa un reto importante. Muchas personas vivirán durante décadas con condiciones de salud que requerirán tratamientos y seguimiento de por vida.

El desafío no comienza a los 60 años. Prepararse para una sociedad con mayor esperanza de vida implica garantizar la continuidad de la atención en cada etapa de la vida.

Los cambios en los paradigmas de salud no son algo nuevo. A medida que la esperanza de vida ha aumentado, también ha cambiado la manera en la que nos enfermamos. Hace algunas décadas, las principales amenazas para la salud estaban relacionadas con enfermedades infecciosas. Hoy las enfermedades no transmisibles (ENT) como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad renal y ciertos tipos de cáncer han adquirido un papel predominante. Las personas pueden vivir bien durante muchos años con estas condiciones, siempre que reciban cuidados adecuados y monitoreo constante.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las ENT representan una proporción significativa de la carga de enfermedad y la mortalidad en México. Esta realidad exige nuevos enfoques de atención que fortalezcan la prevención y el seguimiento a largo plazo, al tiempo que motiven a las personas a asumir un papel más activo en el cuidado de su salud.

Paradójicamente esto ocurre en un momento de extraordinarios avances médicos. Hoy contamos con herramientas capaces de anticipar riesgos, detectar enfermedades en etapas más tempranas y tratarlas con mayor precisión.

«El reto no consiste únicamente en ayudar a las personas a vivir más años, sino en lograr que lo hagan con mejor salud, mayor independencia y mejor calidad de vida. Para conseguirlo es necesario conectar la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento, en lugar de abordarlos como momentos aislados», explica Edgar Romero, Country Manager del negocio de Electrofisiología de Abbott en México.

Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), alrededor de tres de cada diez personas que viven con diabetes desconocen que tienen esta condición. Aunque existen pruebas para detectar alteraciones en los niveles de glucosa, muchas personas no son diagnosticadas sino hasta que ya ha avanzado.

El problema ya no radica únicamente en la disponibilidad de tecnologías de salud. También existe una desconexión entre los distintos eslabones que deberían conformar una sola cadena de atención médica.

Los sistemas de salud frecuentemente están organizados para responder a episodios médicos específicos, pero no necesariamente para brindar continuidad a lo largo del recorrido de atención de cada persona.

Existe una brecha entre lo que la medicina ya es capaz de hacer y lo que las personas realmente reciben. Esta brecha no es exclusiva de México; se ha convertido en parte de la agenda internacional de salud. La OMS ha hecho un llamado para que los sistemas de salud evolucionen hacia modelos centrados en las personas, en los que la atención responda de manera integral a las necesidades de cada etapa de la vida.

Esta visión cobra especial relevancia en un momento en el que la innovación en salud ya no puede entenderse como un conjunto de soluciones aisladas. El desafío consiste en conectar cada etapa de la atención médica, acompañando a las personas desde la prevención hasta el manejo de enfermedades complejas.

Ese fue el espíritu de Enlace Vida, un foro convocado por Abbott para impulsar el diálogo sobre algunos de los temas más relevantes que hoy definen el panorama de la salud. La compañía de salud compartió cómo este enfoque guía su trabajo en las áreas de diagnóstico, nutrición, medicamentos y dispositivos médicos. Al integrar distintas capacidades científicas y tecnológicas, Abbott busca responder a las necesidades de salud que evolucionan a lo largo de la vida.

En México, donde los desafíos asociados al envejecimiento y a las enfermedades crónicas adquieren cada vez mayor relevancia, avanzar hacia modelos de atención más integrados requiere mayor coordinación entre estas áreas. Cuando estas capacidades trabajan de manera conjunta, pueden contribuir a mejores resultados tanto para las personas como para los sistemas de salud.

Con más de nueve décadas en el país, la empresa ha sido testigo de la evolución de los principales desafíos de salud que enfrenta México. Hoy, a través de sus distintas áreas de especialización, la compañía trabaja para desarrollar y poner al alcance de más personas innovaciones basadas en la ciencia que contribuyan a una atención más preventiva, personalizada y continua.

«En Abbott creemos que la ciencia tiene el potencial de acompañar a las personas durante toda su vida. Por eso trabajamos para desarrollar y poner a disposición soluciones que ayuden a anticipar riesgos, mejorar el acceso a la información sobre la salud y contribuir a que más personas reciban la atención adecuada en el momento oportuno», agrega Romero.

La colaboración entre autoridades, profesionales de la salud, instituciones académicas, personas e industria será cada vez más importante para responder a las necesidades de una población que vive más años y aspira a vivir mejor. Es indispensable impulsar soluciones basadas en la ciencia y la innovación que ayuden a cerrar las brechas entre la prevención, el diagnóstico y el tratamiento, permitiendo que más personas alcancen su máximo potencial de salud en cada etapa de la vida.

Entonces, la pregunta que guiará al sistema de salud dejará de ser «¿Qué enfermedad estamos tratando?» para convertirse en «¿A quién estamos acompañando a lo largo de su vida?».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *