La irrupción de fuerzas ecuatorianas en la Embajada de México en Quito, ocurrida el 5 de abril de 2024, abrió una herida en los nexos bilaterales. A más de dos años del episodio, personas egresadas de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) analizaron sus alcances jurídicos, políticos y culturales en el programa radiofónico Ser es Humano.

Durante la emisión matutina de UAM Radio 94.1 FM, los maestros Larissa Salas Duarte, Josué Efraín Herrera Orea y Guillermo Ayala Alanís coincidieron en que el ingreso a la sede mexicana vulneró principios centrales del derecho internacional.

Entre ellos figuran la inviolabilidad de las misiones consulares, el derecho de protección, la soberanía y la no intervención. Desde esa lectura, el caso va más allá de una diferencia entre gobiernos, pues quebrantó reglas básicas de convivencia entre Estados.

El punto crítico fue la extracción del exvicepresidente ecuatoriano Jorge David Glas Espinel, quien permanecía en la sede diplomática mientras esperaba una resolución sobre el asilo solicitado a México.

La tradición en esa materia, recordaron los participantes, forma parte de los fundamentos de la acción exterior de la nación y ha cobrado relevancia en diversos conflictos latinoamericanos, como los ocurridos en Bolivia y Perú.

Tras la ruptura, autoridades mexicanas acudieron a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). El 23 de mayo de 2024, el tribunal decidió no imponer las medidas provisionales solicitadas por el Ejecutivo mexicano, al tomar en cuenta las garantías ofrecidas por el país sudamericano para proteger los inmuebles, patrimonio y archivos de la misión.

Semanas después, México y Suiza suscribieron un acuerdo para que personal diplomático suizo protegiera los intereses y bienes diplomáticos mexicanos en Ecuador.

Comentaron que el agravio exige un reconocimiento por parte del gobierno ecuatoriano antes de iniciar una ruta de recomposición. A su juicio, la controversia también puede entenderse a partir del choque entre proyectos gubernamentales.

Mientras la administración federal se inscribe en una corriente progresista, la administración de Daniel Noboa, presidente de la República de Ecuador, responde a una agenda de derecha. Esa distancia ideológica, sumada a la crisis interna ecuatoriana reduce las posibilidades de restablecer los vínculos en el corto plazo.

Al abordar el encuentro que ambas selecciones disputaron en los dieciseisavos de final de la Copa Mundial de 2026, explicaron que el partido activó sentimientos nacionales, emociones colectivas y rivalidades que, bajo ciertos contextos, pueden propiciar expresiones xenófobas o racistas.

Tras advertir que el balón mantiene estrechos lazos con el poder, indicaron que los entornos digitales sostienen una disputa capaz de amplificar mensajes de odio y alimentar una narrativa de hostilidad.

Como ejemplo mencionaron la difusión falsa sobre una presunta amenaza de un grupo criminal contra la selección ecuatoriana. Este tipo de contenidos, expusieron, aprovecha la tensión entre autoridades para generar miedo y hostilidad.

No obstante, apuntaron que la dinámica de los espacios virtuales difiere del trato cotidiano, porque ambas naciones conservan afinidades culturales y colectivos por encima de los agravios entre autoridades.

Guillermo Ayala evocó que, pese al congelamiento de los contactos oficiales, el intercambio comercial continúa.

Desde la Maestría en Relaciones Internacionales de la Unidad Xochimilco, esta controversia brinda la posibilidad de estudiar la diplomacia, el deporte y las redes digitales con herramientas críticas. Efraín Herrera resaltó la necesidad de observar el mundo desde América Latina, sin depender de enfoques hegemónicos.

Larisa Salas añadió que los seminarios, coloquios y espacios de discusión de la universidad pública ofrecen rutas para repensar las nuevas formas de vinculación entre los Estados.

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