La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) estima que la aplicación de la Ley Seca el pasado 24 de junio dejó pérdidas económicas entre 12 y 15 millones de pesos, lo que demuestra también que esta prohibición no elimina la demanda, únicamente dificulta la venta formal. Muchos consumidores compraron con anticipación, otros recurrieron a la venta clandestina entre la multitud y las bebidas terminaron vendiéndose a precios más altos, afectando el bolsillo de los aficionados.
“El principal perjudicado fue el comercio formal establecido. Cerca de cinco mil pequeños negocios dejaron de participar en una jornada de alta demanda, precisamente cuando buscan recuperar parte de las ventas perdidas por las protestas que se han dado en las últimas semanas”, detalló Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
Las comparaciones incomodan, son odiosas pero necesarias. La Copa Mundial de la FIFA 2026, organizada por primera vez entre tres naciones al alimón: México, Estados Unidos y Canadá, obliga a observar las marcadas diferencias en la manera en que cada país vive la mayor fiesta del futbol.
En Canadá, el desarrollo del Mundial ha dejado mucho que desear, se percibe cierto desdén tanto de la población local como de muchos visitantes; estadios semivacíos, poca pasión futbolera en las gradas y precios estratosféricos en hospedajes y servicios turísticos. Estados Unidos no canta mal las rancheras en esa misma dirección; el torneo tampoco ha alcanzado las expectativas que se tenían, los partidos no han despertado el interés esperado ni entre la comunidad latina ni entre los propios estadounidenses, que apenas comienzan a familiarizarse con este deporte.
En contraste, México ha ido de menos a más y hoy se consolida como la sede donde el Mundial se vive con mayor pasión, los aficionados más entusiastas, mejores tarifas de hospedaje, más diversión, mejores Fan Fest, conciertos, comida diversa, rica y asequible. Sin temor a la equivocación, se puede afirmar que, al corte, es en nuestro país en donde el Mundial tiene más ambiente y corazón.
Cómo no habría de ser así, cuando la Selección Mexicana suma ya tres triunfos consecutivos, avanzando invicta a la siguiente ronda por primera vez en su historia y, además, el futbol mexicano presume una hazaña histórica con Guillermo «Memo» Ochoa, uno de los tres jugadores en el mundo que ha disputado seis Copas. En fin, hay motivos de sobra para celebrar, se percibe en el ambiente un entusiasmo colectivo, un furor popular, una alegría que contagia a todo el país.
Si se hace el mismo ejercicio comparativo entre las tres sedes mexicanas, Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México, también se encontrarán diferencias importantes. Tanto en Guadalajara como en Monterrey la fiesta mundialista se ha desarrollado con entusiasmo, orden y sin mayores contratiempos, las autoridades de Jalisco y Nuevo León entendieron que la mejor forma de mantener el orden era hacer suya la fiesta, encauzarla, facilitarla, organizarla y permitir que la afición celebrara a su Selección y, al hacerlo, celebrara también a su país. Luego entonces, subyace la pregunta obligada: ¿por qué la Ciudad de México ha decidido desentonar?
“¿Por qué optar por una Ley Seca cuando la experiencia en las otras sedes demuestra que es posible mantener el orden sin apagar el ambiente festivo? Hasta ahora, los festejos multitudinarios registrados en la Minerva, la Macroplaza, Parque Fundidora y el Ángel de la Independencia han transcurrido con saldo blanco. Más allá de las inevitables toneladas de basura que deja cualquier concentración masiva, no se han registrado incidentes mayores que justifiquen medidas tan restrictivas como la Ley Seca”, cuestionó Rivera.
Celebrar en el Ángel de la Independencia no es una costumbre nueva ni una ocurrencia de este Mundial. Desde el siglo pasado, los mexicanos nos reunimos ahí para expresar nuestras alegrías, nuestras emociones y nuestros días de gloria. Ir contra esa tradición es ir a contracorriente de nuestra propia historia y desconocer el derecho de los mexicanos a celebrar. Más aún cuando el mundo entero nos observa y tenemos la oportunidad de mostrar que somos un pueblo alegre, hospitalario, pacífico y orgulloso de recibir a millones de visitantes.
Con este análisis, ANPEC ofrece una fotografía completa de lo que está ocurriendo en este Mundial y hace un respetuoso llamado a la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México para que reconsidere la aplicación de la Ley Seca en los próximos encuentros de la Selección Mexicana. La experiencia demuestra que es posible preservar el orden público sin sacrificar la actividad económica ni el derecho de los ciudadanos a celebrar responsablemente. Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo, es de sabios recapacitar.
