Un nuevo informe elaborado por la Fundación Ellen MacArthur en el marco del plan de trabajo de la Coalición de Economía Circular para América Latina y el Caribe, donde se analizaron 31 instrumentos de política pública relacionados con la economía circular y los materiales de base biológica —como papel, fibras naturales, bioquímicos, cuero, caucho y madera— en 12 países, muestra que los materiales de base biológica aún son gestionados de forma fragmentada, lo que limita su potencial dentro de la economía circular.

Mientras que las estrategias de economía circular consideran los biomateriales principalmente como sustitutos directos de insumos no renovables, las políticas públicas orientadas a los biomateriales refuerzan la lógica lineal de extracción, producción y descarte. Con ello, se pierden importantes oportunidades socioeconómicas y ambientales. Este y otros hallazgos forman parte del informe Circular por Naturaleza: Una Agenda de Políticas públicas para Biomateriales en una Economía Circular, lanzado hoy.

Aunque más de 100 países ya han implementado estrategias de economía circular, el avance de las políticas todavía se concentra principalmente en medidas orientadas a materiales finitos, como plásticos y metales. Sin embargo, cuando los principios de la economía circular se aplican a los biomateriales, es posible obtener beneficios como resiliencia en las cadenas de suministro, nuevas fuentes de ingresos y generación de empleo en distintas etapas de la cadena, como la reparación, la remanufactura y el reciclaje.

Esto ocurre porque, al mantener los materiales de base biológica en uso durante más tiempo, es posible reducir la presión sobre la tierra, disminuir la demanda de extracción de recursos vírgenes y mitigar factores que impulsan la degradación de los ecosistemas y las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, priorizar el abastecimiento a partir de la producción regenerativa y de sistemas agrícolas diversificados contribuye activamente a restaurar la salud del suelo, la retención de agua y la biodiversidad, mientras que el compostaje y la digestión anaerobia devuelven nutrientes de forma segura al suelo. Estos principios impulsan la creación de mayor valor a partir de la circulación de los biomateriales, beneficiando a los actores de la cadena.

Para la directora ejecutiva de la Fundación Ellen MacArthur en América Latina, Luisa Santiago, aplicar los principios de la economía circular a las cadenas de biomateriales representa un camino hacia un mejor desarrollo basado en los abundantes recursos naturales y biológicos de la región.

“Existe una oportunidad aún poco aprovechada para impulsar el desarrollo de países abundantes en naturaleza mediante la economía circular. La producción regenerativa de biomateriales es una forma no solo de generar beneficios para el clima y la biodiversidad, sino también de generar resiliencia en la producción agrícola, salvaguardando sus ricos activos naturales en el largo plazo. Además, en la economía circular es posible agregar mucho más valor a los biomateriales, que son diseñados para múltiples usos, lo que, además de generar más empleos, también ayuda a evitar la conversión de más tierras para la producción de materias primas. Es un círculo virtuoso que, actualmente, las políticas y estrategias de economía circular aún no han captado, pero que será la nueva frontera para la evolución de la economía circular”, completa Santiago.

De acuerdo con Juan Bello, Representante y Director para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, este nuevo informe señala un camino para articular dos áreas fundamentales en la agenda de desarrollo sostenible de los países de la región: la biodiversidad y la economía circular.

“América Latina y el Caribe cuentan con una biodiversidad única, que representa un potencial estratégico para avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles», agregó. “Por eso, desde que la Coalición desarrolló su visión sobre la economía circular para la región, se resaltó la importancia de construir un modelo que promueva la resiliencia de los ecosistemas y permita que la biodiversidad y las comunidades prosperen. Este nuevo informe ofrece una guía para que los países de la región puedan alinear sus políticas con esa visión y avanzar hacia una economía baja en carbono, inclusiva y alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

En este sentido, con el fin de enfrentar esta desconexión entre las políticas de economía circular y las de biomateriales, el informe presenta cinco pilares de recomendaciones de política pública, que generan impactos más significativos cuando se aplican de forma integrada: desarrollar productos para la circularidad con foco en la regeneración; viabilizar la circulación segura y eficiente de materiales de base biológica; promover incentivos financieros y fiscales adecuados; invertir en innovación, capacitación e infraestructura; y fortalecer la colaboración entre instituciones, sectores y países.

Estrategias de economía circular aplicadas a los biomateriales

Según el estudio, el objetivo de las recomendaciones es que las cadenas de biomateriales obtengan mayores beneficios económicos y ambientales a partir de la incorporación de los principios de la economía circular. Seis estrategias fundamentales muestran cómo puede lograrse.

Según el modelo, los biomateriales, sus productos y componentes deben ser:

  1. Obtenidos de forma regenerativa y a partir de materias primas secundarias;

  2. Diseñados sin sustancias potencialmente peligrosas;

  3. Diseñados para la durabilidad y la retención de valor;

  4. Diseñados para la reutilización del material en aplicaciones secundarias;

  5. Diseñados para la recuperación de materiales y nutrientes;

  6. Sostenidos por cadenas de valor justas e inclusivas.

Casos del sector privado muestran el potencial del modelo

Empresas consolidadas en el mercado global ya vienen priorizando estrategias de uso de biomateriales más alineadas con los principios de la economía circular, desde la elección de los materiales y sus orígenes hasta el diseño, la producción y las estrategias para mantener los productos y materiales en uso durante más tiempo.

Gucci, por ejemplo, una de las marcas más reconocidas del segmento de lujo, ha invertido en producción regenerativa, con foco en mejorar la salud del suelo, la biodiversidad y la captura de carbono, además de fortalecer la resiliencia de su cadena de suministro y garantizar que sus colecciones estén hechas con materiales de alta calidad y totalmente trazables. La empresa también mantiene centros de reparación para garantizar la longevidad y el uso continuo de sus piezas.

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