En México, las mascotas dejaron de ocupar únicamente un espacio afectivo dentro del hogar para convertirse en parte activa de la dinámica familiar y financiera. Alimentación, salud veterinaria, estética, entrenamiento y accesorios forman parte de una industria en constante crecimiento que refleja un cambio profundo en la manera en que las personas entienden la convivencia con los animales de compañía.
Sin embargo, dentro de esa transformación todavía existe un tema que pocas familias incorporan a su planeación económica: la previsión funeraria. En la Ciudad de México, empresas como Pets in the Sky, especializadas en servicios funerarios para perros, gatos y otras especies de compañía, han observado que el crecimiento del vínculo emocional también comienza a modificar la forma en que las personas enfrentan el último adiós de sus especies de compañía.
El contexto no es menor. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021 del INEGI, alrededor del 69.8% de los hogares mexicanos convive con al menos un animal de compañía. Esta estrecha relación ha impulsado un crecimiento en el gasto destinado a su bienestar y ha llevado incluso a que publicaciones recientes de la CONDUSEF recomiendan incorporar dentro del presupuesto familiar gastos relacionados con alimentación, salud, higiene y cuidado animal.
A pesar de ello, la contratación de planes de previsión funeraria continúa rezagada frente a otros gastos asociados al bienestar animal. Para muchas familias, el tema suele abordarse hasta que ocurre una pérdida; en un momento marcado por la carga emocional y la necesidad de tomar decisiones inmediatas.
“Cada vez vemos más familias que integran a sus compañeros de vida dentro de su estructura financiera cotidiana, pero todavía existe poca cultura de previsión en torno a su despedida digna. Cuando ese momento llega sin planeación previa, la presión emocional suele venir acompañada de incertidumbre económica”, explica Adrián Rodríguez-Granada Madrid, General Manager de Pets in the Sky.
Esta transformación también comienza a reflejarse en el crecimiento del sector. Desde 2015, Pets in the Sky pasó de operar de una a cuatro sucursales —ubicadas en Coyoacán, San Jerónimo, Mixcoac y Satélite — y de uno a ocho hornos crematorios. Actualmente, la empresa acompaña a más de 1,000 familias cada mes, equivalente a cerca de 12,000 servicios anuales con un crecimiento sostenido de entre 25% y 30% anual durante la última década.
Rodríguez-Granada Madrid agrega que la profesionalización de este nicho también brinda mayor certeza a las familias, ya que las empresas dedicadas a la cremación de animales que forman parte del entorno familiar deben operar bajo el cumplimiento de la legalidad y acatar los lineamientos ambientales, lo que ayuda a ofrecer servicios más formales y transparentes.
El comportamiento del mercado revela un cambio cultural más amplio: las familias ya no solo buscan resolver una necesidad al momento de la pérdida, sino vivir procesos de despedida más conscientes, personalizados y emocionalmente acompañados. Bajo este contexto, la previsión funeraria comienza a posicionarse como una extensión natural de la cultura de cuidado responsable hacia los compañeros de viva, así como una herramienta de planeación ante un momento inevitable.
Aunque la industria funeraria del sector en México todavía carece de indicadores públicos consolidados, el tamaño del mercado potencial continúa creciendo. De acuerdo con datos del INEGI, en el país existen más de 43 millones de perros, más de 16 millones de gatos y millones de animales de otras especies que forman parte de los hogares mexicanos, reflejando la consolidación de animales bajo cuidado humano dentro de la dinámica familiar y económica del país.
En este escenario, la previsión deja de entenderse únicamente como una herramienta financiera para convertirse también en una expresión de cuidado responsable. Para muchas familias, prepararse para el último adiós también implica reconocer que los seres sintientes dejan, incluso después de partir, una huella en el corazón.
