Es fundamental fortalecer la cultura de prevención entre la población y los propietarios de terrenos, así como establecer una normativa específica para regular el manejo de pastizales urbanos, aseveró el doctor Derik Castillo Guajardo, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
A propósito del siniestro registrado en los predios federales del ex Lago de Texcoco, el académico señaló que, si bien existen normas oficiales para áreas forestales, aún no las hay para áreas verdes urbanas con acumulación de vegetación seca.
“Necesitaríamos una especie de reglamento o de norma en donde podamos regular cómo se manejan los solares baldíos o en donde crece el pasto y que pueden contribuir a siniestros que se descontrolan”, explicó el profesor del Departamento de Ciencias Ambientales de la Unidad Lerma.
Mencionó que las quemas en áreas verdes citadinas son comunes durante la temporada de sequía y se han convertido en un factor que agrava la calidad del aire en la Zona Metropolitana del Valle de México.
Aunque enero solía ser un mes seco, este año se registraron lluvias atípicas; sin embargo, febrero marcó el inicio de condiciones más áridas, lo que favorece la acumulación de material combustible en lotes baldíos, camellones amplios y predios urbanos sin mantenimiento.
Castillo Guajardo detalló que, en muchos casos, los propietarios de lotes optan por quemar el pasto como una forma rápida y económica de limpiar sus predios. Esta práctica, aunque frecuente, no está permitida en zonas urbanas debido al riesgo que representa; además, el fuego puede originarse por la quema de basura o actos imprudentes. En la temporada de lluvias estos siniestros suelen extinguirse con facilidad, pero en época de sequía se propagan con rapidez y pueden salirse de control.
El especialista consideró que la falta de vigilancia es un factor clave. Las brigadas de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) se enfocan en áreas naturales protegidas y recursos forestales, como ejidos o bosques, mientras que muchos de ellos pertenecen a propiedad privada, municipal o federal, donde la supervisión es escasa.
Sobre el incidente en el ex Lago de Texcoco, al tratarse de un sitio federal, intervinieron brigadas especiales; pero la respuesta fue tardía y el fuego se propagó con rapidez debido a la abundancia de maleza.
En términos ambientales, las deflagraciones en estas zonas suelen ser de baja temperatura y afectan solo los primeros centímetros del suelo. Aunque daña microorganismos, insectos, reptiles y pequeños vertebrados, su impacto directo en la tierra es menor comparado con incidentes forestales de gran intensidad.
No obstante, el mayor daño se registra en la salud pública, subrayó el académico. El humo generado aumenta las partículas suspendidas en el aire, en especial las PM2.5, que pueden penetrar hasta lo más profundo de los pulmones y provocar enfermedades respiratorias a adultos mayores y niños. Estos eventos intensifican las contingencias ambientales en la región.
El doctor Castillo Guajardo propuso implementar planes de manejo que incluyan monitoreo de biomasa seca y estrategias de reducción de combustible vegetal. Una alternativa viable es permitir el pastoreo controlado en sitios baldíos, lo que mantiene la vegetación corta sin necesidad de maquinaria o quemas.
Indicó que el fuego puede ser parte natural de ciertos ecosistemas, cuando se descontrola representa riesgos ambientales y humanos significativos.
Castillo Guajardo, cuyo análisis se enfoca en regímenes de fuego en Áreas Naturales Protegidas, instó a impulsar la capacitación, monitoreo constante y coordinación entre autoridades municipales, estatales y federales para evitar que estos episodios sigan deteriorando la calidad del aire y poniendo en riesgo a la población.

