México ha logrado avances significativos en los pagos digitales durante la última década. Los sistemas de transferencia en tiempo real, un ecosistema fintech en crecimiento y los vastos flujos de remesas han redefinido la forma en que el dinero ingresa al país. Según el informe más reciente del Banco de México, el país recibió 61,000 millones de dólares en 2025, posicionando a México como uno de los mayores receptores de estos flujos a nivel mundial.
Sin embargo, a pesar de este progreso, persiste un desafío estructural que limita el crecimiento económico a largo plazo del país. Si bien México ha digitalizado con éxito la forma en que el dinero entra al país, no ha logrado integrar plenamente los sistemas que permiten que esos fondos circulen digitalmente una vez que llegan. Como resultado, una parte significativa de las remesas y otros ingresos se retiran de inmediato en efectivo, saliendo del sistema financiero antes de que puedan ser ahorrados, invertidos o conectados a créditos y otros servicios financieros. Este desequilibrio subraya un problema mayor: la fragmentación de los pagos.
De acuerdo con un informe de la Fundación Interledger, titulado The Missing Link: Remittances and Socially Trusted Financial Intermediation (El eslabón perdido: remesas e intermediación financiera socialmente confiable), los flujos de remesas en la región a menudo operan dentro de un «círculo vicioso». El análisis académico independiente, desarrollado por investigadores de instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), LA Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) revela que los recursos llegan principalmente en efectivo, se utilizan de inmediato para el consumo básico y no logran fortalecer el ahorro, el acceso al crédito o la inversión productiva a largo plazo.
Basándose en datos de 2024 sobre los puntos de pago de remesas, existe una marcada dependencia del efectivo en la región. En México, por ejemplo, el 50.77% de las remesas se cobran de esta manera. Esta cifra contrasta con el 35.28% recibido a través de depósitos en cuentas bancarias, lo que resalta una brecha significativa en la digitalización del capital que ingresa a los hogares mexicanos. Estas brechas estructurales del sistema de pagos obligan a que una gran parte de los flujos de divisas salgan del ecosistema financiero antes de que puedan ser ahorrados o invertidos, perpetuando el uso de canales tradicionales sobre las alternativas digitales.
La fragmentación ocurre cuando los sistemas de pago, las billeteras digitales y las instituciones financieras operan de forma aislada en lugar de como parte de un ecosistema conectado. Cuando las plataformas están desconectadas, los usuarios enfrentan comisiones adicionales, fricción operativa e incertidumbre sobre dónde serán aceptados sus fondos. La respuesta lógica suele ser retirar el dinero en efectivo. Así, la falta de interoperabilidad limita lo que las personas y las empresas pueden hacer con su dinero.
Las investigaciones de la industria confirman que los esquemas de pago y remesas basados en efectivo generan mayor fricción y costos operativos para los usuarios. Según datos del Banco Mundial, el dinero móvil es actualmente el canal más eficiente en costos para fondear transacciones de remesas, con un costo promedio del 3.63% (según 50 servicios registrados en el Remittance Prices Worldwide o RPW). En contraste, las transacciones basadas en efectivo (1,636 servicios) conllevan un costo promedio del 6.92%. Esta brecha resalta la carga económica asociada al uso de efectivo, lo que limita la capacidad de las pequeñas empresas para reinvertir fondos de manera productiva y genera una ineficiencia significativa para los hogares mexicanos que dependen de las remesas.
Las implicaciones económicas de esta separación sistémica han sido examinadas por la Fundación Interledger, una organización sin fines de lucro que promueve sistemas de pago abiertos e interoperables. A través de su investigación y trabajo con el ecosistema, la fundación analiza cómo la infraestructura de pagos fragmentada limita el potencial económico, particularmente en economías con un alto uso de efectivo como la de México.
Los hallazgos subrayan un punto clave: las remesas no son intrínsecamente virtuosas ni perjudiciales. Su impacto económico depende de las instituciones que actúan como intermediarias. Cuando los pagos digitales no están conectados a intermediarios financieros accesibles y confiables, el efectivo sigue siendo dominante y los beneficios más amplios del acceso financiero no logran materializarse. Con el tiempo, esta dinámica restringe la productividad, debilita la resiliencia financiera y refuerza la dependencia de los ingresos externos.
Las pequeñas y medianas empresas experimentan limitaciones similares. Aunque existen opciones de pago digital, los sistemas fragmentados a menudo obligan a los comerciantes a gestionar múltiples plataformas, absorber altos costos de transacción y convertir los fondos nuevamente en efectivo para operar. Esto incrementa los gastos operativos, reduce la eficiencia y desincentiva la adopción sostenida de pagos digitales, particularmente fuera de los principales centros urbanos.
Briana Marbury, CEO y presidenta de la Fundación Interledger, sostiene que la siguiente fase de las finanzas digitales no se trata de lanzar nuevas herramientas, sino de fortalecer la forma en que los sistemas existentes se conectan. “La fragmentación es costosa”, afirma Marbury. “Cuando los sistemas de pago no se conectan, las familias y las pequeñas empresas asumen los costos en comisiones más altas, acceso limitado al crédito y oportunidades perdidas. Los sistemas abiertos e interoperables son los que permiten que el valor circule, se conecte y se transforme en oportunidades económicas sostenidas”.
El desafío no es si el dinero puede moverse rápidamente entre bancos; la infraestructura en tiempo real de México, incluyendo el SPEI, se encuentra entre las más avanzadas de la región. El verdadero reto es si los fondos digitales pueden fluir sin fricciones entre billeteras, productos de ahorro, herramientas de crédito y redes de comercios sin tener que regresar al efectivo.
México se encuentra ahora en un momento crítico. El país no necesita más sistemas de pago; necesita conexiones más sólidas entre los que ya tiene. Reducir la separación sistémica es esencial para bajar los costos, mejorar la eficiencia y garantizar que las finanzas digitales entreguen un valor económico real y a largo plazo para los hogares, las empresas y la economía en su conjunto.
–
