El diseño de interiores dejó de ser una conversación estética para convertirse en un tema de sostenibilidad e impacto económico. En México, donde el 83% de la población vive en zonas urbanas según el Banco Mundial y el déficit habitacional supera los 8.2 millones de viviendas de acuerdo con la CONAVI, cada decisión sobre materiales, construcción y renovación de espacios tiene implicaciones ambientales y financieras acumulativas.
El informe “Economía circular y diseño de interiores: Materiales, arquitectura regenerativa y nuevos modelos de habitar”, elaborado por Pepa Casado, especialista en diseño interior y sostenibilidad ,y docente de ESDESIGN plantea que el sector entra en una etapa estratégica. La economía circular ya no es una tendencia aspiracional, sino una respuesta estructural ante la presión urbana, la crisis climática y un consumidor más consciente. Los datos respaldan este giro, ya que McKinsey identifica una ventaja material de 1.7 puntos porcentuales en productos con atributos ESG (ambiental, social y de gobernanza), mientras que PwC señala que los consumidores están dispuestos a pagar en promedio 9.7% más por bienes producidos de forma sostenible.
En el contexto mexicano, la urgencia es evidente. El país genera más de 44 millones de toneladas de residuos sólidos al año y recicla cerca del 10% de sus plásticos, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Esta presión convierte al diseño en una variable económica clave, en donde elegir materiales reciclados, optimizar procesos productivos o extender la vida útil de los espacios impacta directamente en costos, residuos y consumo de recursos.
El informe identifica tres líneas que están redefiniendo el sector. Primero, el uso creciente de plásticos reciclados, especialmente PET (tereftalato de polietileno) procedente de botellas y envases, cada vez más presente en textiles y superficies por su disponibilidad y menor carga química. Segundo, los biopolímeros como el PLA (Ácido Poliláctico o Polilactida), derivados de materias primas vegetales, que amplían posibilidades en impresión 3D, suelos y revestimientos. Y tercero, los composites y tableros técnicos con adhesivos de bajas emisiones, que sustituyen resinas tradicionales con formaldehído y mejoran la calidad del aire interior.
Más que soluciones aisladas, estas innovaciones apuntan a sistemas productivos más eficientes, escalables y alineados con la demanda urbana. La sostenibilidad también influye en el comportamiento del consumidor, Casado menciona en el informe que el 52% afirma sentir conexión emocional con marcas sostenibles y 30% declara guiarse por lealtad ética, lo que confirma que el impacto ambiental ya incide en la decisión de compra. “El término sostenibilidad debe dejar de ser una buzzword para consolidarse como el núcleo de toda práctica creativa”, subraya. La coherencia entre discurso y ejecución será determinante para mantener la confianza del mercado.
El reto, sin embargo, es avanzar sin caer en discursos superficiales. Las barreras de escalabilidad, la heterogeneidad estética de materiales reciclados y la inercia industrial siguen limitando la adopción masiva. Además, el consumidor es cada vez más crítico frente al greenwashing, lo que obliga a las empresas a respaldar sus mensajes con evidencia tangible.
En un país altamente urbanizado y con fuerte presión sobre infraestructura y vivienda, el diseño sostenible se consolida como infraestructura invisible de la ciudad futura. La conversación ya no gira en torno a si debe integrarse la sostenibilidad, sino a cómo hacerlo de forma estratégica, medible y económicamente viable para responder a los desafíos urbanos de México.
