En los últimos años, México ha emergido como un actor clave en el mercado global de Gas Natural Licuado (GNL), no solo como un importador, sino como un país con ambiciones de convertirse en un exportador significativo.

Para la Asociación Mexicana de Gas Natural (AMGN), los proyectos de GNL no se limitan a satisfacer la demanda interna de energía, sino que actúan como anclas estratégicas que impulsan del desarrollo de nuevos proyectos que transforman y fortalecen la infraestructura energética del país.

Los proyectos de GNL generan un efecto dominó, ya que cada nueva planta de licuefacción demanda gasoductos que conecten las fuentes de suministro con las terminales de exportación, y estos, a su vez, habilitan redes de distribución que benefician a nuevas regiones. Adicionalmente, detonan la creación de nuevas empresas, la generación de empleo, así como la promoción de actividades comerciales e impulso a la economía local en las regiones cercanas en donde se desarrollan.

Por ejemplo, la construcción de gasoductos no solo facilita el suministro para proyectos de GNL, sino que también fortalece la interconexión energética entre el norte y sureste del país. Estos proyectos están diseñados para conectar regiones productoras con terminales de exportación y para abrir oportunidades para distribuir gas a comunidades, parques industriales y para fortalecer la generación eléctrica en las diferentes regiones del país.

De acuerdo con el gobierno de México, actualmente, el país cuenta con 19 mil 060 kilómetros de gasoductos y planes de expansión en proyectos de transporte y almacenamiento. Estas expansiones, impulsadas también para conectar proyectos de GNL podrían incrementar la capacidad de distribución de manera significativa, permitiendo diversificar las fuentes de energía en regiones que no habían tenido acceso al gas natural desde los niveles residencial, comercial, industrial y autotransporte. Además, la interconexión con la cuenca de Waha, con una capacidad equivalente al 40% de la demanda nacional, asegura un suministro confiable y económico para estas nuevas redes.

Como parte de las oportunidades de los proyectos de GNL y la infraestructura ligada a ellos se encuentran: la atracción de inversiones adicionales y muy superiores a las históricas, ya que actualmente ascienden a cerca de 20 mil millones de dólares con diferentes proyectos que posicionan al país como un actor relevante en este mercado global; la generación de empleo, pues se crean desde 10 mil y hasta 20 mil puestos de trabajo directos e indirectos; y el posicionamiento de México como un puente energético entre América del Norte y los mercados globales.

La infraestructura de gasoductos y redes de distribución fortalece la competitividad industrial y democratiza el acceso a energía limpia, mientras que los proyectos de GNL trascienden su función como simples puntos de exportación, ya que actúan como pilares que detonan la economía y bienestar local, regional y nacional, fortalecen la infraestructura de gasoductos y redes de distribución, conectan regiones, impulsan la industrialización y su competitividad, y promueven el acceso equitativo a la energía. En este sentido, destaca la región del Pacífico, zona relevante para la exportación de GNL al mercado asiático, donde la demanda es alta, ya que experimenta un crecimiento significativo de consumo de energía.

Con estos proyectos, México está redefiniendo su papel en el mercado energético global; no obstante, el éxito de esta transformación y el aprovechamiento de los beneficios para el país dependerá de una planeación estratégica, un marco regulatorio que establezca metodologías y procedimientos claros y predecibles, así como la colaboración y coordinación de la industria, gobierno y sociedad. En este contexto, el GNL no es solo un combustible, sino un motor de desarrollo y bienestar para el México del siglo XXI.

 

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