Tras la conmemoración del Día de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, la Sociedad de Arquitectos Paisajistas de México (SAPmx) advierte sobre el impacto cada vez más profundo que estos fenómenos tienen en la biodiversidad, la funcionalidad de los ecosistemas y el equilibrio ecológico del país. Hoy, más del 60 % del territorio nacional presenta algún grado de aridez[1], una condición que acelera la pérdida de vegetación nativa, fragmenta hábitats y disminuye la capacidad del suelo para captar y retener agua.

La desertificación no sólo pone en riesgo la producción agrícola o el abastecimiento hídrico, cada vez más está empobreciendo ecosistemas completos, comprometiendo la conectividad biológica entre regiones y debilitando la base natural sobre la que dependen todas las formas de vida. Es un proceso que desestructura los paisajes, deteriora servicios ambientales y amplifica los efectos del cambio climático.

Frente a esta crisis, los arquitectos paisajistas están diseñando y ejecutando intervenciones que buscan regenerar suelos degradados, restablecer ciclos ecológicos y devolverle al territorio su capacidad de sostener vida. Esto se traduce en proyectos que restauran cuencas, reintroducen vegetación adaptada, promueven la captación pluvial, y conectan áreas verdes para favorecer la movilidad de especies y la salud ecosistémica.

Estas acciones, alineadas con los objetivos de la SAPmx, restauran el equilibrio del paisaje, mitigan los efectos del cambio climático y contribuyen desde el diseño a territorios más resilientes, biodiversos y justos. De acuerdo con la SAPmx, hablar de paisaje es hablar de procesos vivos. Lo que la desertificación rompe, la arquitectura de paisaje puede ayudar a reparar. El trabajo del arquitecto paisajista va más allá de embellecer espacios: se trata de crear sistemas regenerativos que favorezcan la vida, restauren lo dañado y ofrezcan soluciones duraderas frente a los retos ambientales que enfrentamos.

Desde proyectos que recuperan cuerpos de agua hasta el rediseño de espacios públicos con superficies permeables, diversas iniciativas demuestran que es posible revertir la desertificación a través de soluciones integrales y colaborativas entre comunidades, academia, iniciativa privada y gobiernos locales. Ejemplo de ello es el programa estatal implementado en Sinaloa, donde desde hace ocho años se trabaja en la rehabilitación de pozos y el rescate de canales por donde fluye el agua, lo que ha permitido duplicar la extracción de agua del subsuelo sin recurrir a nuevas perforaciones. Esta estrategia, basada en la recuperación de infraestructura hídrica existente, demuestra que la conservación del recurso y la mejora de su gestión pueden lograrse mediante soluciones técnicas concretas y sostenibles, sin comprometer aún más los ecosistemas.

Finalmente, se debe tomar conciencia de que el deterioro del suelo es también el deterioro de la naturaleza y revertirlo requiere conocimiento técnico, compromiso social y acción inmediata. La SAPmx hace un llamado urgente de repensar cómo habitamos y transformamos el territorio, asimismo, refrenda su compromiso con el diseño como herramienta de regeneración.

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