El Mundial 2026 es el torneo más grande en la historia del futbol: 48 selecciones, 104 partidos y sedes distribuidas en México, Estados Unidos y Canadá. Su escala también lo convierte en un punto de presión para las empresas que participarán directa o indirectamente en la cadena económica del evento, desde turismo, aviación, alimentos y bebidas, retail, hospitalidad, logística, transporte, delivery y servicios corporativos.
De acuerdo con estimaciones recientes de plataformas especializadas en contabilidad de huellas de carbono, el Mundial 2026 podría dejar alrededor de 7.8 millones de toneladas de CO₂ equivalente, impulsada principalmente por el transporte de aficionados, delegaciones, medios, patrocinadores y servicios asociados al torneo. En este contexto, DUA NetZero Consulting advierte que el impacto ambiental del evento no debe leerse únicamente como un tema reputacional, sino como un riesgo financiero para las compañías que todavía no miden, reportan ni gestionan sus emisiones de alcance 1,2 y 3.
“El Mundial 2026 es una vitrina global, pero también una prueba de estrés para la gestión climática corporativa. Las empresas no solo tendrán que preguntarse cuánto venden durante el torneo, sino cuánto les cuesta operar sin trazabilidad ambiental en un entorno donde inversionistas, consumidores y reguladores observan cada vez más de cerca la huella de carbono”, señaló Fátima Montiel, CEO de Grupo Ecoforestco2 /DUA NetZero Consulting.
Uno de los principales factores de presión será el aumento en vuelos comerciales y privados. A diferencia de ediciones concentradas en un solo país o en distancias más cortas, el Mundial 2026 se desarrollará en 16 ciudades sede repartidas en tres países. Esto implica mayores traslados aéreos entre partidos, rutas internacionales más demandadas, itinerarios corporativos intensivos y un mayor uso de aviación privada para ejecutivos, invitados VIP, patrocinadores, operadores y grupos de alto poder adquisitivo.
Para las empresas, esta dinámica tiene una lectura financiera directa. Los vuelos asociados a viajes de negocio, activaciones comerciales, hospitalidad corporativa, logística de equipos o desplazamientos de invitados pueden convertirse en emisiones de alcance 3, es decir, emisiones indirectas dentro de la cadena de valor. Aunque muchas compañías aún no las integran plenamente en sus reportes, son cada vez más relevantes para inversionistas, auditorías ESG, licitaciones, financiamiento sostenible y evaluación reputacional.
“El mayor riesgo para una empresa no es asistir al Mundial o activar comercialmente alrededor del evento. El riesgo está en hacerlo sin datos, sin medición y sin una estrategia clara de reducción. Lo que no se mide termina apareciendo en otro lugar: en mayores costos, en pérdida de confianza, en presión regulatoria o en menor acceso a capital”, agregó Montiel.
El segundo frente crítico será la generación de residuos. Los eventos deportivos masivos suelen detonar un incremento en empaques de un solo uso, residuos de alimentos y bebidas, materiales promocionales, entregas a domicilio, basura en zonas de concentración y residuos operativos en estadios.
A esto se suma el crecimiento del delivery durante días de partido, tanto en hogares como en hoteles, oficinas, fan zones y puntos de reunión, lo que eleva el uso de plásticos, empaques desechables, transporte urbano de última milla y desperdicio de alimentos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha estimado que el mundo desperdició 1,050 millones de toneladas de alimentos en 2022, equivalentes a cerca de una quinta parte de los alimentos disponibles para consumidores. En un evento de alta concentración como el Mundial, esta tendencia puede amplificarse si las empresas de alimentos, bebidas, hospitalidad, retail y delivery no cuentan con sistemas de planeación, separación, recuperación, compostaje, reciclaje o redistribución.
DUA NetZero Consulting señala que el reto para las empresas no está únicamente en reducir residuos al final de la operación, sino en anticipar desde el diseño comercial. Esto implica revisar inventarios, empaques, proveedores, rutas, materiales promocionales, compras, contratos con operadores, indicadores de desperdicio y mecanismos de trazabilidad.
“Las empresas suelen ver la basura como un costo operativo menor, pero en eventos de esta magnitud se convierte en un indicador de eficiencia. Cada empaque innecesario, cada alimento desperdiciado y cada traslado no optimizado representa dinero perdido, emisiones adicionales y exposición reputacional”, explicó Montiel.
Desde una perspectiva financiera, la gestión de la huella contaminante del Mundial 2026 representa tres retos principales para el sector privado. El primero es el costo operativo: mayores traslados, consumo energético, logística acelerada y manejo de residuos pueden elevar gastos si no se planean con criterios de eficiencia.
El segundo es el riesgo reputacional: las marcas asociadas al torneo estarán más expuestas al escrutinio público sobre prácticas ambientales. El tercero es el riesgo de cumplimiento: las exigencias de reporte climático, debida diligencia y transparencia ESG avanzan en los mercados financieros y cadenas globales de suministro.
DUA NetZero Consulting recomienda que las empresas que participen en activaciones, patrocinios, hospitalidad, viajes corporativos o campañas relacionadas con el Mundial 2026 implementen una hoja de ruta mínima de gestión climática, que incluya medición de emisiones asociadas al evento, estimación de residuos, selección de proveedores con criterios ambientales, reducción de vuelos no esenciales, priorización de transporte colectivo o de menor impacto, eliminación progresiva de empaques de un solo uso y reportes transparentes sobre avances y limitaciones.
No necesitamos esperar una regulación para actuar con visión. El verdadero liderazgo empresarial se demuestra cuando decidimos hacer lo correcto antes de que nos obliguen a hacerlo. Ese es el legado que quiero para Grupo Ecoforestco2 , y ese es el llamado que le hago a cada empresa que hoy celebra el Mundial: que la fiesta más grande del deporte también sea recordada como el momento en que México y la región dieron un paso firme hacia una economía más consciente, más trazable y más resiliente.
“El Mundial no tiene que convertirse en una contradicción entre negocio y sostenibilidad. Puede ser una oportunidad para demostrar que el crecimiento comercial también puede gestionarse con disciplina financiera, trazabilidad ambiental y responsabilidad frente al capital”, concluyó Montiel.
