La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) reporta la variación de precios de la canasta básica alimentaria de cuarenta y cuatro productos de febrero a marzo del presente año, estudio de mercado realizado en los treinta y dos estados de la República con una muestra aleatoria domiciliada, ambulatoria y estratificada en más de 200 puntos de venta en tres niveles de consumo: alto, medio y popular.

El precio promedio de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) resultó en $2,085.33 al aumentar su precio en promedio $22.91, lo que significa una variación al alza de 1.11%.

Los cinco estados en donde la CBA presenta mayor variación de precios fueron Campeche (15.58%), Durango (6.06%), Tamaulipas (5.92%), Quintana Roo (4.63%) y Coahuila (4.15%). En tanto, los estados en donde la CBA resultó más cara fueron Estado de México $2,353.00, Nayarit $2,319.00, Tabasco $2,307.00, Colima $2,301.00 y Durango $2,293.00.

Los productos que aumentaron más su precio en el último mes son jitomate 60.33% (de $28.13 a $45.09), limón 20.14% (de $36.16 a $43.44), tomate verde 10.22% (de $42.95 a $47.34), pollo entero 4.44% (de $77.38 a $80.81) y papa 4.07% (de $33.05 a $34.39).

“Si consideramos que en México las familias se integran en promedio por cuatro personas, el gasto mensual en alimentos supera los $10,000, tomando en cuenta que, de acuerdo con el INEGI, cada persona debe destinar al menos $2,516.00 mensuales para cubrir sus alimentos básicos en zonas urbanas. Bajo esta referencia, para millones de hogares que viven con un salario mínimo ($9,582.47) el ingreso ni siquiera alcanza para cubrir el costo de la alimentación básica”, explicó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

Esto significa que otros gastos indispensables del hogar quedan fuera del presupuesto, como salud, educación, transporte, vivienda, ropa o esparcimiento. Esta situación refleja la difícil realidad económica que enfrentan muchas familias mexicanas para quienes alimentarse todos los días representa un gran esfuerzo.

Si el panorama nacional ya es complicado, el contexto global tampoco es alentador. Actualmente, alrededor de 673 millones de personas viven con hambre en el mundo, una cifra que resulta inaceptable en pleno siglo XXI. A ello se suman los efectos del cambio climático, producto de un estilo de vida depredador que no hemos sido capaces de modificar y que ha llevado al calentamiento de la tierra, provocando alteraciones en los ciclos agrícolas, sequías, huracanes, desertificación de la tierra, además de plagas, pandemias y otros fenómenos que afectan la producción de alimentos y presionan los precios al alza.

A este escenario se suma una profunda desigualdad económica, en donde una pequeña parte de la población concentra gran parte de la riqueza mundial mientras miles de millones de personas enfrentan carencias básicas. En medio de este contexto, la inflación se convierte en un flagelo, más que un impuesto, que golpea con mayor fuerza a los hogares más vulnerables, aquellos que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos, 90 centavos de cada peso.

Tampoco puede ignorarse el impacto de la violencia y del crecimiento de los mercados ilícitos en distintas regiones del mundo; México no es la excepción, en donde el dinero fácil ensangrienta a la población, secuestrando a su juventud, tentándole con falsos atajos al éxito, fenómenos que afectan la estabilidad social y económica de los pueblos.

Todo esto no podía estar completo sin la aparición activa de la carrera armamentista. La industria bélica del planeta está de fiesta, se frota las manos, llevando la muerte poco a poco al mundo, en un escenario de guerras regionales; en Europa del Este: Ucrania y Rusia, en el Medio Oriente: Israel y su aliado contra los Palestinos, desde la franja de Gaza hasta Irán, Líbano y los demás que se sumen, lo que está provocando muertes, éxodos, refugiados y crisis humanitarias, como el dantesco genocidio cometido el mes pasado en una escuela de educación básica en Irán, en donde murieron 180 personas, principalmente niñas y niños.

Resulta doloroso constatar que la humanidad pareciera no aprender de su propia historia, repitiendo los mismos errores que dejan de ser simples equivocaciones para convertirse en horrores conductuales inexplicables. El pueblo judío, que sufrió las atrocidades del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial, hoy es la parte genocida que está generando sufrimiento y muerte entre la población palestina.

“Estos conflictos armados, al final del día, terminarán por encarecer aún más los alimentos hasta en un 40% a partir del encarecimiento del petróleo y la complicación que esto provoca en las cadenas de producción y suministro de los insumos que mueven el mercado global y que los pueblos demandan. De cara a 2026, la perspectiva apunta a un escenario en donde el costo de los alimentos seguirá estando por encima del salario mínimo, presionado con esto la inflación y afectando directamente a las familias que día a día luchan por llevar sustento a sus hogares”, sentenció Rivera.

Ante este panorama, ANPEC eleva su voz por la paz y por el derecho de todas las familias mexicanas a una alimentación digna, asequible y suficiente. Las guerras, la violencia y la inestabilidad económica siempre terminan afectando a los más vulnerables. Asimismo, reitera que defender la soberanía de México significa proteger nuestra cultura, nuestro territorio, nuestra economía y el derecho de nuestro pueblo a vivir en paz. Como país creemos en el principio de que “el respeto al derecho ajeno es la paz” y en la necesidad de construir relaciones de respeto y reciprocidad entre las naciones.

Por ello, ANPEC se pronuncia con claridad contra la guerra y exhorta a que se sigan fortaleciendo las políticas públicas que garanticen que los más de 35 millones de hogares mexicanos puedan acceder a una alimentación suficiente y de calidad.

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