一   Los impactos del cambio climático sobre las personas no son los mismos a nivel poblacional. Brechas en el acceso a ingresos, activos y toma de decisiones hacen que los efectos del cambio climático amplifiquen desigualdades estructurales, como las de género.

一   Prueba de impactos diferenciados de desastres, es que, de acuerdo con el último Censo de Población y Vivienda, en México 24,714 personas migraron de forma permanente a causa de fenómenos naturales entre 2015 y 2020, de las cuales el 45.5% fueron hombres y el 54.5% mujeres.

一   En estudios a nivel internacional se ha encontrado que, la ocurrencia de fenómenos climáticos como deslaves, huracanes e inundaciones se asocia con un aumento de la violencia de pareja hacia las mujeres, ello vinculado a su vez a la inseguridad económica y el deterioro de las condiciones de vida tras este tipo de eventos.

一   Los efectos sobre la salud materna también se han analizado, observándose que, en presencia de olas de calor aumenta en 26% la probabilidad de partos prematuros, mientras que se eleva hasta en 48% la aparición de condiciones congénitas.

一   Cuando las mujeres forman parte de los órganos de decisión en comunidades rurales forestales, se ha identificado también una mayor prioridad al manejo sostenible de sus recursos. Sin embargo, tanto en México como en el mundo persisten retos, ya que en el país solamente el 25.9% de las personas en posesión de títulos ejidales o comunales son mujeres.

一   Las desigualdades en el acceso al mercado laboral también pueden afectar la resiliencia económica de las mujeres ante eventos climáticos extremos en países como México, donde las mujeres ganan en promedio 19.9% menos que los hombres. El establecimiento de sistemas de cuidados puede tener así un doble propósito, al favorecer su participación en el mercado laboral y funcionar como mecanismo de adaptación ante el cambio climático.

De acuerdo con el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), es clara la influencia humana sobre el calentamiento de la atmósfera, los océanos y la tierra. Esto a su vez está llevando a cambios en el clima de todo el planeta sin precedentes en miles de años. Sin embargo, no toda la humanidad ha contribuido de la misma forma ni es afectada en el mismo sentido, motivo por el cual es fundamental pensar en este tema dentro de la agenda de género.

Existe una exposición diferenciada ante riesgos climáticos entre hombres y mujeres

Una de las consecuencias del cambio climático es el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes, inundaciones, sequías, olas de calor y descensos marcados en la temperatura, por mencionar algunos. Si bien los efectos de estos eventos se presentan a nivel global, sus impactos son diferenciados por condiciones socioeconómicas, amplificando las desigualdades ya existentes a lo largo del mundo (World Inequality Lab, 2025).

De acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2016) en el tsunami que afectó el sur y sureste asiático en 2004, alrededor del 70% de las víctimas fueron mujeres, ello debido a que ellas se encontraban al interior de los hogares, mientras que los hombres estaban en áreas abiertas, incrementando sus probabilidades de supervivencia. También las labores de cuidado que las mujeres realizan sobre otras personas e incluso la ropa que visten hacen que sus capacidades de respuesta ante fenómenos naturales se vean reducidas.

Para el caso de México, datos del Censo 2020 muestran que un total de 24,714 personas en el país cambiaron su domicilio permanente entre 2015 y 2020 a causa de fenómenos naturales, de las cuales, el 45.5% fueron hombres y el 54.5% fueron mujeres (INEGI, 2020). Además de sus implicaciones económicas, ese tipo de migración abrupta puede traer consigo la ruptura o modificación de redes de apoyo y capital social.

Los impactos del cambio climático también pueden generar efectos psicológicos y físicos persistentes. En un análisis de 2024, se encontró que la ocurrencia de fenómenos asociados con el clima como deslaves, inundaciones y huracanes se relacionan con un aumento de la violencia de pareja hacia las mujeres, aproximadamente dos años después del evento. Esto puede estar a su vez vinculado con procesos como inseguridad económica, estrés social y deterioro de las condiciones de vida después de eventos climáticos extremos (Mannell et al., 2024).

En lo que respecta a impactos sobre la salud materna, en un estudio publicado en la revista Nature, se encontró que el riesgo de parto prematuro aumenta en 4% por cada grado adicional de temperatura, mientras que durante olas de calor, ese mismo riesgo se incrementa en 26%. También en presencia de calor extremo, aumenta en 13% la probabilidad de fallecimientos fetales, en 48% la presencia de condiciones congénitas, así como en general de complicaciones obstétricas en 25% (Lakhoo et al, 2025).

La participación de las mujeres en la toma de decisiones a nivel local y nacional genera efectos sobre la gestión de los recursos naturales y favorece la cooperación ambiental

Otro aspecto que puede analizarse desde la perspectiva de género es la tenencia de la tierra y el impacto sobre las actividades agrícolas, siendo uno de los sectores más afectados por variaciones en el clima. Por ejemplo, a nivel mundial, mientras que las mujeres suelen representar alrededor del 40% de la fuerza laboral en el sector agropecuario, ellas suelen ser únicamente dueñas de entre el 10% y 20% de las tierras. Esto las pone en desventaja para hacer frente a los efectos del cambio climático, ya que suelen tener una menor capacidad de toma de decisiones al no ser dueñas del territorio.

De acuerdo con datos del Registro Agrario Nacional, en México sólo el 25.9% de las personas con títulos de propiedad ejidal o comunal son mujeres, sin embargo existen diferencias clave entre estados, puesto que mientras que en la Ciudad de México, Baja California y Guerrero la proporción es superior al 30%, en Yucatán, Campeche y Quintana Roo es menor al 20%. Además, en cuanto a participación en los órganos de decisión, en 2019 solamente en el 7.4% de los ejidos y comunidades a nivel nacional se contaba con mujeres como presidentas (INMUJERES, 2020).

Cuando la información sobre la baja tenencia de la tierra por parte de mujeres se cruza con las entidades federativas en México con mayor persistencia e intensidad de sequías entre 2015 y 2025, puede hablarse de riesgo compuesto por la concurrencia de ambas condiciones, las cuales se presentan en los estados de Hidalgo y San Luis Potosí, así como en Jalisco, Nayarit y Chihuahua (CONAGUA, 2026). Todas estas entidades además se encuentran por encima de la media nacional de intensidad migratoria hacia EE. UU., lo cual añade más dimensiones a este riesgo compuesto (CONAPO, 2026).

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