Desde tiempos inmemorables, las leyendas han rodeado los bosques de la Sierra de Arteaga, Coahuila. El vuelo de las aves no solo ha trazado el cielo, sino también la imaginación y el miedo colectivo. Mientras algunas especies representan el amor de nuestros seres queridos como el colibrí garganta azul (Lampornis Clemenciae) otras cargan el peso de ser las no amadas.

La lechuza común americana (Tyto furcata) es una de las especies que corren un riesgo enorme al ser vistas con miedo, esto se debe a los incontables relatos que fomentan el odio y firman su condena de muerte.

Para el ojo desprevenido, la lechuza americana no parece un ave común, su vuelo silencioso y su capacidad de girar la cabeza casi por completo alimentaron la idea de que no era un animal, sino una bruja transformada.

Su canto estridente y agudo, distinto al de otras aves, ha sido interpretado como presagio de muerte o como el llamado de una bruja que convoca a su aquelarre. A ello se suma su mirada penetrante y los mecanismos que utiliza para ahuyentar a sus depredadores. Estas características, cargadas de simbolismo y temor, han provocado que esta lechuza sea estigmatizada y, en consecuencia, se haya convertido en un blanco recurrente del acoso por parte del ser humano.

La conexión entre esta lechuza y lo sobrenatural, no es gratuito, nace de una mezcla de biología fascinante y miedo a lo desconocido, cuidamos lo que conocemos pero, ¿y lo que no?

Pese a esos relatos trágicos: mientras los mitos la llaman “bruja” la ciencia nos dice que la Tyto furcata en realidad es una de las mejores aliadas de la humanidad, su papel no tiene absolutamente nada que ver con la hechicería y sí mucho con el equilibrio ecológico.

Esta ave nos beneficia en el sistema agrícola ya que protege las cosechas al eliminar ratas y ratones, además reduce la trasmisión de enfermedades zoonóticas (aquellas que se transmiten por el contacto entre personas y animales silvestres), y mantiene el equilibrio poblacional de los pequeños mamíferos en la Sierra de Arteaga, dentro del Área de Protección de Recursos Naturales CADNR 026 Bajo Río San Juan.

Su presencia es un indicador de buena salud del ecosistema, esto quiere decir que es apto para que subsista debido a que hay una suficiente diversidad de presas y depredadores.

Gracias a las incontables leyendas y  dichos que han pasado por el tiempo como el de “cuando el tecolote canta el indio muere” crecieron los prejuicios, lo que selló la sentencia de muerte de miles de aves en esta Área Natural Protegida, siendo perseguidas por ser consideradas “mensajeras del inframundo”.

Hoy sabemos que no hay magia negra en sus alas, que sus vuelos no son portadores de noticias horribles, sino una ingeniería biológica perfecta. No son brujas disfrazadas, son guardianas silenciosas de la vida.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, invita a todas y todos a dejar de ver el paisaje nocturno como un espacio paranormal o un lugar terrorífico para convertirlo en un espacio de calma y de equilibrio ecológico. Cuidar de las lechuzas no es un “acto místico”, sino un acto de inteligencia.

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