La innovación tecnológica ya no es una opción, sino una condición de supervivencia económica. Bajo esta premisa se llevó a cabo el Segundo Encuentro de Homólogos de Emprendimiento Universitario, un espacio de reflexión y colaboración interinstitucional de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Universidad Iberoamericana y el Centro de Emprendimiento y Aceleración de Negocios.
El encuentro reunió a responsables de emprendimiento e innovación de distintas universidades del país en el centro cultural y académico Casa Rafael Galván. La jornada tuvo como eje central la conferencia-taller impartida por el doctor Emilio Sacristán Rock, referente internacional en emprendimiento de base tecnológica.
Durante la bienvenida, se subrayó la importancia de generar espacios de diálogo entre instituciones que comparten una misma misión: transformar el conocimiento académico en soluciones con impacto social y económico.
El investigador de larga trayectoria en la UAM, se desempeñó durante más de tres décadas como profesor investigador en la Unidad Iztapalapa y en estos momentos es jubilado. Reconocido por su trabajo pionero en ingeniería biomédica y emprendimiento de base tecnológica, compartió una reflexión sobre el papel estratégico de la universidad pública en la generación de innovación con impacto social, económico y productivo.
Explicó que la mayoría de las empresas más valiosas del mundo son jóvenes y están basadas en el manejo del conocimiento y la información. Frente a este escenario, advirtió que países como México corren el riesgo de quedar atrapados en economías de maquila si no apuestan por la innovación disruptiva, aquella que cambia las reglas del mercado y no solo compite dentro de ellas.
Uno de los ejes relevantes fue la diferencia entre competitividad e innovación. Mientras la primera busca hacer mejor y más barato lo ya existente, la segunda implica crear algo nuevo. En este punto, enfatizó que las grandes empresas rara vez innovan; son las microempresas y las spin-off universitarias las que tienen la capacidad real de transformar mercados.
El doctor abordó uno de los grandes cuellos de botella del sistema científico mexicano: la dificultad para convertir proyectos de investigación en productos o servicios comercializables. A través del modelo de niveles de madurez tecnológica (TRL, por sus siglas en inglés), explicó el llamado “valle de la muerte”, ese tramo crítico entre la prueba de concepto y la llegada al mercado donde muchos desarrollos se quedan estancados.
Destacó la importancia de las spin-off universitarias como mecanismo clave para la transferencia de tecnología. Más que espacios físicos o incubadoras tradicionales; estas empresas deben contar con personalidad jurídica, estrategias claras de negocio y esquemas flexibles de inversión que permitan asumir riesgos y atraer capital.
Compartió casos emblemáticos de su propia experiencia en la creación de empresas de base tecnológica en el ámbito de la salud, proyectos que han requerido décadas de trabajo, colaboración interinstitucional e inversiones millonarias, pero que ahora se traducen en dispositivos médicos y tratamientos con impacto directo en la calidad de vida de los pacientes.
En este marco, el académico acentuó el papel estratégico de la UAM Iztapalapa como sede del Centro Nacional de Investigación en Imagenología e Investigación Médica, un espacio que concentra capacidades científicas y tecnológicas de alto nivel y que representa una plataforma clave para el desarrollo de innovación.
El Segundo Encuentro de Homólogos de Emprendimiento Universitario cerró con una sesión de trabajo colaborativo coordinada por representantes de diversas instituciones académicas invitadas, entre ellas el Tecnológico de Monterrey, el Instituto Tecnológico Autónomo de México; y las universidades Iberoamericana, Tecnológica del Valle de Chalco, La Salle, así como del Valle de México, entre otras.
