• Instancias de gobierno mexicano sin usar la IA para mejorar sus programas ambientales
  • Las TIC generan hasta un 3.9% de las emisiones contaminantes del planeta
  • En la México en la pasada década, la degradación ambiental costo 6.5 billones de pesos

En México, las industrias críticas como la energética, química, hidráulica, alimentaria y de forma muy significativa las oficinas de gobierno enfocadas a las políticas de sustentabilidad de la nación, que son especialmente vulnerables a los ciberdelincuentes no utilizan la Inteligencia Artificial (IA) para proteger su información. Un ciberataque no se traduce solamente en interrupciones operativas, sino que puede desencadenar verdaderas catástrofes ecológicas.

Los impactos van desde la pérdida de datos sobre la realidad de una especie y su posible extinción, poca productividad de programas gubernamentales en materia ambiental, manejo no transparente de recursos financieros, manipulación de sistemas industriales podría generar desde derrames tóxicos hasta cortes masivos de energía, cortes de acceso al agua potable, etc.

Cabe mencionar que los ciberataques pueden provocar grandes repercusiones en el medio ambiente, pues un hacker puede causar fallas de suministro, derrames de químicos, descargas de desechos, alterar cifras de conservación de una especie en extinción y emisiones atmosféricas dañinas, que afectan directamente a los ecosistemas. Un punto de amplía preocupación es que las oficinas del gobierno mexicano que trabaja en ecología no presta atención a ciberproteger a la biodiversidad y ecosistemas.

En una petición de información a los organismos operadores de políticas ambientales en México, como es la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat, Comisión Nacional Forestal (Conafor), Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), Comisión Nacional del Agua (Conagua), entre otros, aceptaron que no tienen ninguna iniciativa de trabajo que utilice la Inteligencia Artificial (IA) para ciberproteger la biodiversidad y ecosistemas del país.

Para ratificar dicha realidad, se consultó a las organizaciones civiles Greenpeace y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), si tenían conocimiento si instancias del gobierno mexicano usaban de mínima forma la IA y contaban con esquemas de ciberprotección, a lo cual, los organismos civiles señalaron que la respuesta es “no”, el gobierno fedetal no le presta ninguna atención a utilizar nuevas tecnologías como la IA en la protección de la biodiversidad.

Rodolfo “Ropo” Beltrán, director para Brasil y América del Sur, del organismo internacional Earthday.org, señaló que por mucho tiempo el cuidado del medio ambiente y el avance tecnológico parecieron transitar caminos separados. “Uno se asociaba a la conservación de la naturaleza; el otro, al progreso económico y la innovación. Hoy, esas dos rutas se cruzan en un punto decisivo: la salud, el bienestar y la capacidad de los países para anticiparse a los riesgos del futuro. En ese cruce aparece la inteligencia artificial (IA), no como una promesa lejana, sino como una herramienta que ya forma parte de la vida cotidiana”.

Señaló que en México y el mundo, los efectos del cambio climático dejaron de ser abstractos. Se sienten en la escasez de agua, en las olas de calor, en la calidad del aire y en los fenómenos extremos que afectan a comunidades enteras, en su desarrollo social y económico. “Es precisamente en ese punto donde la inteligencia artificial puede marcar una diferencia real. La IA permite analizar grandes volúmenes de información, detectar patrones y anticipar escenarios”.

En la industria, empresas como Cementos de México (CEMEX) utilizan modelos predictivos para anticipar la demanda y optimizar sus procesos logísticos, reduciendo costos y emisiones. En el sector financiero, plataformas como Konfío emplean algoritmos para evaluar riesgos y facilitar el acceso al crédito a pequeñas empresas que históricamente habían quedado fuera del sistema.

En el ámbito gubernamental, la inteligencia artificial ya está presente en algunos sistemas de atención ciudadana, en la digitalización de trámites y en sistemas diseñados para hacer más eficiente la gestión pública. Y en la educación superior, universidades como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Tecnológico de Monterrey (ITESM) forman a nuevas generaciones en análisis de datos, ética digital e inteligencia artificial, al tiempo que desarrollan aplicaciones con impacto social y ambiental. Todo esto confirma que el país cuenta con capacidades reales y talento en formación.

Sin embargo, “es urgente que uno de los espacios donde la inteligencia artificial puede generar mayor valor público sea la evaluación de impactos ambientales, el proceso que permite analizar cómo un proyecto puede afectar el entorno antes de ejecutarse. En México, ese instrumento es gestionado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), organismo gubernamental que desestima el uso de la IA para cuidar la ecología del país.

Las evaluaciones ambientales son complejas por naturaleza. Integran información sobre agua, biodiversidad, suelo, aire y clima, y su análisis requiere tiempo, equipos técnicos y grandes volúmenes de datos. La IA puede apoyar estos procesos al facilitar el procesamiento de información ambiental, identificar impactos acumulativos y riesgos climáticos, mejorar la consistencia técnica de los estudios y fortalecer la transparencia en la toma de decisiones. No se trata de delegar decisiones a algoritmos, sino de ofrecer mejores herramientas a quienes tienen la responsabilidad de tomarlas.

“Nada de esto sería posible sin personas preparadas. Por eso, la educación climática y digital es el cimiento sobre el cual se construyen políticas públicas eficaces. Formar a estudiantes y futuros responsables de decisiones en temas de clima, datos e inteligencia artificial permite diseñar políticas más sólidas, reducir la improvisación, disminuir el gasto reactivo y fortalecer la capacidad de adaptación frente a riesgos ambientales”, acotó.

Pese a que existe una tendencia generalizada a subestimar los ciberriesgos ambientales, considerándolos como algo improbable o irrelevante. Cabe mencionar que en México, en 2025,

el sector energético fue el más atacado, seguido muy de cerca por el sector químico. Se estima que el 82 por ciento de las organizaciones industriales reportaron al menos un incidente durante los últimos 12 meses.

Un año antes, en 2024, en México, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) fue víctima de un ataque cibernético que, aunque no causó daño ambiental directo, evidenció la vulnerabilidad de los sistemas encargados de abastecer agua a la población.

Al respecto, Paola Becerra, presidenta de la consultora en tecnología SAP México, indicó que “la adopción de IA en sectores ambientales se encuentra en una fase de avance atrasado o por intermedio: muchas organizaciones ya utilizan analítica avanzada y automatización, pero aún existe una brecha entre adopción y generación de impacto profundo. Al igual que en otros sectores, el reto no es incorporar IA de forma aislada, sino integrarla de manera contextualizada a los procesos críticos, los datos operativos y los objetivos ambientales específicos de cada organización privada y esperemos que gubernamental”.

Abundó que el uso de la IA en programas ecológicos conlleva beneficios claros y medibles: optimización de operaciones, mayor eficiencia en el uso de recursos (agua, energía, materias primas), mejor toma de decisiones basada en datos en tiempo real, reducción de costos y mayor trazabilidad. “Cuando la IA se diseña “a la medida”, se convierte en un habilitador clave para mejorar indicadores ambientales sin sacrificar productividad o competitividad”.

Igualmente, acepta que existe el otro lado de la moneda, el uso indebido de la IA puede amplificar riesgos como ciberataques más sofisticados, manipulación de datos críticos (por ejemplo, mediciones de agua, energía o emisiones), interrupciones operativas y afectaciones reputacionales. En sectores ambientales, donde la información técnica y regulatoria es sensible, estos daños pueden traducirse en pérdidas económicas, incumplimientos normativos y pérdida de confianza de inversionistas y comunidades.

Detalló que “observamos que el nivel de madurez en ciberseguridad es heterogéneo: algunas empresas están bien preparadas, mientras que otras –como el gobierno mexicano- aún subestiman el riesgo y no utilizan la IA para ciberprotegerse. Sin embargo, todas tienen mucho que perder. Por ello, enfatizamos que la IA debe ser confiable y segura desde su diseño, integrada a sistemas empresariales robustos, con gobierno de datos, controles de acceso y cumplimiento regulatorio como elementos centrales”.

Puntualizó que la IA, la ciberseguridad y la digitalización de datos son asimilables con las acciones ambientales, pues “estas tecnologías no solo son compatibles, sino complementarias de las acciones ecológicas. La digitalización y la IA permiten medir, gestionar y optimizar el impacto ambiental con mayor precisión, mientras que la ciberseguridad garantiza la integridad y confiabilidad de la información. Bien implementadas, estas herramientas fortalecen la resiliencia, la transparencia y la sostenibilidad de las organizaciones”.

Cabe mencionar que la IA contribuye a la eficiencia en el uso de los recursos naturales, reduciendo el desperdicio y mejorando la sostenibilidad. Algunas de sus aplicaciones incluyen el establecer una agricultura de precisión, gracias a que analiza datos climáticos y del suelo para optimizar el riego y el uso de fertilizantes, reduciendo el impacto ambiental de la agricultura.

Permite el gestionar el agua de mejor forma, al establecer modelos predictivos ayudan a mejorar la distribución y el tratamiento del agua potable en ciudades y zonas rurales.

En el sector de energía, los algoritmos de IA mejoran la eficiencia de paneles solares y turbinas eólicas al predecir la generación de energía con base en datos meteorológicos.

En la industria y el transporte son dos de los sectores que más contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero. La inteligencia artificial está ayudando a reducir la huella de carbono mediante la optimización de rutas de transporte: Algoritmos de IA minimizan el consumo de combustible al encontrar rutas más eficientes para el transporte de mercancías y personas. Ayuda a edificar edificios inteligentes y permite desarrollar materiales sostenibles.

Aunque no todo es perfecto y no debe omitirse que la IA tiene un impacto medioambiental. En general, se estima que las tecnologías de la información y comunicación (TIC) producen entre el 1.8 y el 3.9 por ciento de las emisiones mundiales de carbono. Según la estimación realizada por la revista Nature, la huella de carbono de entrenar a un solo gran modelo lingüístico como ChatGPT equivale a unas 300 toneladas de dióxido de carbono emitido (equivalente a la que podría emitir un español promedio en 60 años).

Por su parte, David González, investigador en seguridad informática de ESET Latinoamérica, desde su perspectiva, el uso de la IA y la ciberseguridad en sectores ecológicos es variado, en el ámbito de residuos, se tienen avances tecnológicos para mayor monitoreo y tener plantas más limpias y trazables; en biodiversidad, la IA automatiza monitoreo (imágenes satelitales, bioacústica, eDNA) y cierra brechas de conocimiento para decisiones y financiamiento de conservación. Organismos y revisiones subrayan su potencial si se implementa con ética, datos abiertos y gobernanza.

En referencia a si el sector gubernamental y empresarial ambiental no han prestado la atención adecuada a los ciberdelitos, ahondó que en el sector de energía/electricidad, hay mejoras, pero persisten desafíos: sistemas legados, talento escaso y exposición regulatoria creciente.

En el rubro de agua (que compete a gobierno), el regulador ha declarado incumplimiento generalizado (>70 por ciento) de requisitos de resiliencia/ciberhigiene y urgencia de acciones. Mientras que “en las organizaciones civiles (ONGs), el sector es “cyber poor, target rich”: alta misión y pocos recursos; donde los ataques han aumentado notablemente. No, en general no han prestado la atención suficiente (por presupuestos, talento y prioridades). Hay conciencia creciente, pero la atención no es aún proporcional al riesgo real, especialmente en agua/ONG y en Internet de las Cosas (IoT) en el sector de residuos”, dijo.

El experto indicó que la adopción de la IA está creciendo de forma sostenida en sectores como el reciclaje y residuos. “Revisiones académicas y de mercado reportan uso de visión por computadora y robótica para clasificación, optimización de rutas con sensores/IoT (Internet de las Cosas) y analítica predictiva para planificar recolecciones. Se citan eficiencias medibles (por ejemplo, reducción de distancias de recolección hasta ~37 por ciento y tasas de acierto de clasificación de 73–99.95 por ciento). El mercado de “AI en residuos/reciclaje” se valora ya en 3.5–3.6 mil millones de dólares (2023–2024) con CAGRs >20% a 2031/2033, lo que indica despliegues reales en operadores y municipios.

Agregó que los mayores riesgos cibernéticos que corre un gobierno o una organización ambiental son la expansión del Ransomware y ciberextorsión que detienen operaciones (plantas, rutas de recolección, SCADA) y elevan costos de recuperación en industrias operativas. En manufactura —análoga por su dependencia de OT— fue el sector industrial más atacado en 2023–2025, con alto impacto; la tendencia se está extendiendo a agua y otros servicios.

Se registraron amenazas a OT/ICS (programables, PLCs, HMI): fallas de segmentación IT/OT, sistemas legados, y malware específico para ICS elevan el riesgo de impacto físico (químicos, válvulas, bombas) en agua/energía.  Aunado a que entran en grave riesgo la cadena de suministro en energía y servicios públicos; una brecha en un proveedor puede afectar a gran escala.

El experto ante el cuestionamiento de qué rubros como reciclado de plásticos o cuidado de animales no tiene interés alguno para cibercriminales, detalló que ello es un mito, pues aunque no sean el sector bancario o el gobierno, sí son atractivos para ciberdelincuentes por varios motivos:

Interrupción vale dinero. Operaciones físicas con márgenes ajustados y contratos públicos/ESG sufren paros costosos; esto incentiva el ransomware incluso en reciclaje y subsectores ambientales. La manufactura es la más extorsionada; los atacantes buscan donde la indisponibilidad es amplia y es donde atacan.

En el rubro de datos útiles y reputación. Empresas/ONG ambientales manejan datos de donantes, proyectos, permisos, auditorías, trazabilidad (por ejemplo, reciclados/rPET), atractivos para robo y extorsión; ONG han visto picos de ataques (DDoS) por motivos económicos, políticos o hacktivistas.

CONSTRASTANTE EL AVANCE Y RETROCESO DE CIBERPROTECCIÓN DE LA ECOLOGÍA

Patricio Campos, CEO de Resility y especialista en ciberseguridad de Resility.io, detalló que en Latinoamérica la adopción de IA en ámbitos ambientales ha crecido de manera sostenida, especialmente en sectores como energía, minería, gestión hídrica, agricultura y monitoreo de ecosistemas. “Hoy vemos soluciones basadas en IA para optimizar el uso del agua, anticipar eventos climáticos extremos, detectar deforestación o prevenir incendios forestales. Pero, la ciberseguridad no siempre se incorpora de forma estructural en estos proyectos, ya que muchas iniciativas priorizan la eficiencia operativa o el cumplimiento de metas ambientales, pero subestiman el valor y la sensibilidad de los datos que generan, lo que deja expuestas plataformas, sensores y sistemas de análisis a ciberataques”, acotó.

El experto añadió que los ciberriesgos de no proteger datos ambientales “va mucho más allá de una filtración puntual. Cuando un gobierno no protege adecuadamente estos sistemas, se expone a la manipulación de información crítica que es la base de políticas públicas y decisiones estratégicas en sustentabilidad y otros sectores. Tener datos alterados sobre disponibilidad de agua, generación energética o estado de la biodiversidad pueden provocar decisiones erróneas con impacto económico, social y ambiental. Además, estos sistemas pueden ser utilizados como vectores de extorsión, sabotaje o presión geopolítica, afectando la continuidad de servicios esenciales y debilitando la confianza de la ciudadanía en las instituciones”.

Al ser cuestionado sobre si oficinas de gobierno estiman que rubros como reciclaje de plásticos o cuidado de animales no tienen interés para cibercriminales, explica que “esa percepción es equivocada. Estos sectores manejan información financiera, datos de donantes, contratos, proyectos con organismos internacionales y, en muchos casos, data sensible sobre comunidades, territorios o cadenas de suministro. Para un cibercriminal, eso tiene valor económico y estratégico. Un ataque puede paralizar operaciones, afectar la trazabilidad de procesos de reciclaje, dañar la reputación de una organización o comprometer años de trabajo ambiental”.

Por ello, no dudo en declarar que el sector gubernamental ha prestado mínima atención a los ciberdelitos ambientales. “Si bien existe mayor conciencia y un discurso más presente sobre ciberseguridad, en la práctica muchas organizaciones oficiales y civiles siguen reaccionando sólo después de un incidente. En el mundo ambiental y de organizaciones civiles, la prioridad suele estar en la misión; es decir, la protección del medio ambiente, la biodiversidad o el bienestar animal, y no siempre se entiende que la ciberseguridad es un habilitador clave para sostener esa misión en el tiempo. Sin una estrategia clara de protección digital, los riesgos operacionales y reputacionales aumentan de forma considerable.

CIBERRECOMENDACIONES PARA LOS SECTORES AMBIENTALES

Algunos aspectos a implementar para proteger al sector ambiental gubernamental en México son:

Reciclaje/Residuos:  Inventario de activos IoT/OT y eliminación de credenciales por defecto; Segmentación IT/OT y VPN/MFA para acceso remoto; Gestión de parches en sensores y telemática; Backups inmutables y pruebas de DRP frente a ransomware; Cifrado y borrado seguro en datos de rutas/cliente; y Evaluación de terceros (proveedores de flota/IoT).

Agua: Aplicar el “Top Actions” y SDWA §1433: RRA/ERP, responsable de ciberseguridad, segmentación IT/OT, monitoreo continuo, capacitación anti‑phishing; atención a default passwords y accesos compartidos.

Energía: Seguridad OT específica (no solo controles IT), arquitectura defendible, ejercicios de respuesta ICS, gestión de terceros/cuarto nivel; incorporar hallazgos de E‑ISAC/WEF.

ONG/ambientales: Endurecer correo/MFA, protección contra DDoS, higiene en SaaS, formación y concientización de personal, y asistencia de alianzas (por ejemplo, CTA, CyberPeace) para suplir brechas de capacidad.

Tampoco se puede olvidar que los costos totales de agotamiento y degradación ambiental en el país en materia de contaminación atmosférica (emisiones al aire) reportados anualmente por el INEGI, dicen que en los últimos 10 años se tuvieron costos acumulados de degradación causados por la contaminación atmosférica por 6.5 billones de pesos.

LA IA IMPULSA A LA ECONOMÍA CIRCULAR

La Inteligencia Artificial (IA) tiene la capacidad de optimizar el ciclo de vida de los residuos, desde su generación, reciclado hasta su disposición final. Dicha tecnología ayuda al análisis de grandes volúmenes de datos, los sistemas inteligentes pueden predecir patrones de producción de basura, identificar oportunidades de reciclaje y mejorar la logística de recolección. Esta tecnología permite a las ciudades planificar con mayor precisión sus estrategias de gestión ambiental, reduciendo los costos y el impacto ecológico e incluyendo los productos reciclados a la economía circular.

En la actualidad, en el país, la industria del reciclado enfrenta grandes desafíos, como es reducir la cantidad de residuos generados, optimizar el uso de recursos y bajar el consumo energético. En donde, la IA aporta la capacidad de analizar datos masivos en tiempo real, mientras que la automatización permite implementar cambios en la línea de producción, separación, reciclado y uso posterior en la economía circular.

Al respecto, Nicodemus Sherwood, vicepresidente de Ventas y director general para América de la marca TOMRA, señaló que la Inteligencia Artificial (IA) y el reciclaje, deben tener una relación más intrínseca, no sólo por una tendencia tecnológica del momento.

“Cuando hablamos de IA hoy en día, nos referimos a los últimos avances en el campo del aprendizaje profundo. Se trata de una subcategoría del aprendizaje automático digital que ha llegado a nuestra industria del reciclado de metales, plásticos, etc., gracias a los avances en la potencia de cálculo que brinda durante la última década. El aprendizaje profundo resuelve algunas de las tareas de clasificación más complejas, especialmente cuando se combina con sensores existentes, como los sensores NIR o VIS”, acotó.

Explicó que la adopción del aprendizaje de la IA en el sector del reciclaje es cada vez más accesible, aunque todavía presenta ciertos retos. Como es la adaptación de instalaciones al uso de tecnologías basadas en la IA, como sensores ópticos y sistemas de clasificación automatizados, pero la integración de herramientas más avanzadas, como el aprendizaje profundo, requiere una planificación cuidadosa, una infraestructura de datos y personal cualificado.

“Cuando los sistemas de sensores basados en infrarrojo cercano (NIR) o VIS se combinan con tecnologías de aprendizaje profundo, como es la solución AUTOSORT con GAINnext, las ventajas incluyen una granularidad de clasificación significativamente mayor. Este avanzado nivel de detalle permite clasificar los materiales por tipo, color, forma, tamaño, dimensiones y otras características. Como resultado, tareas que antes eran inalcanzables se vuelven posibles, como la clasificación de plásticos para uso alimenticio y no, y los flujos de papel, PET y latas de bebidas usadas pueden volverse más limpios. Todo esto no solo contribuye a la circularidad total de los materiales, sino que también aporta enormes ventajas en términos de eficiencia y rendimiento.

Explicó que la complejidad de uso de la IA no radica en la tecnología en sí, que a menudo está diseñada para ser fácil de usar y adaptable. El reto consiste más bien en maximizar su potencial: seleccionar los sensores adecuados, entrenar los algoritmos con datos relevantes y alinear las capacidades de la IA con los objetivos operativos. Cuando se hace de manera eficaz, la adopción de la IA puede conducir a una mayor recuperación y pureza de materiales, reducción de la mano de obra manual y de los costos operativos, y a una mayor eficiencia en la cadena de reciclaje.

MÉXICO Y LA ONU REFUERZAN ALIANZAS PARA ENFRENTAR CIBERDELITOS

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en México presentó el estudio “Visión Cibersegura Iberoamérica” y firmó un acuerdo de colaboración con la Alianza México Ciberseguro (AMCS), sumando esfuerzos en la lucha contra el ciberdelito.

La investigación contó con la participación de más de 50 especialistas de organismos internacionales, busca trazar una radiografía precisa del estado actual de la región en materia de seguridad digital. Según datos de la ONU, tan sólo en 2024 se registraron 260 mil millones de intentos de ciberataques en Latinoamérica, mientras que el 68 por ciento de menores de edad enfrenta riesgos digitales.

Se detalla que más de 80 por ciento de los ataques se dirigen a países con capacidades limitadas de respuesta. La ciberseguridad no es un desafío aislado, es un tema de soberanía, desarrollo y derechos. Se informa que el reporte global de amenazas 2025 de FortiGuard Labs, México registró 35 mil 200 millones de intentos de ciberataques en solo los primeros tres meses del año, ubicándose como el segundo país más afectado de la región.

Por su parte, el Banco Mundial advierte además que los incidentes cibernéticos han crecido un 25 por ciento anual en la última década en América Latina, con impactos severos en los mercados emergentes. Cabe mencionar que al cierre del 2025, la ONU y más de 60 naciones que le conforman anunciaron el primer tratado internacional de para combatir los ciberdelitos.

URGENTE EL CAPACITAR A BUROCRATAS MEXICANOS EN NUEVAS TECNOLOGÍAS

Sofía Pérez, directora de la Asociación Mexicana de la Industria de Tecnología de la Información (AMITI), señala que se deben generar los empleos que la industria necesita y se necesitan trabajos en certificaciones e impulso a habilidades blandas. Se busca que tanto el empleador y el empleado estén en el mismo canal.

Por ello, destaca el impulso entre sector privado y público de cursos de capacitación para jóvenes y personas que cumplen con el propedéutico de habilidades digitales.

Ahondó que colaboran de la mano con el sistema de Universidades Tecnológicas de México para otorgar cursos certificados (la primer generación constó de 15 mil personas inscritas) que buscan prepararse para la vida laboral en sectores digitales. Ahora se trabaja en una meta de 15 mil inscritos para la segunda generación y aumentar el porcentaje de mujeres que solo llegó al 23 por ciento en los graduados.

Para consolidar este objetivo, se tienen 61 escuelas del Tecnológico en 10 entidades, que fueron adaptadas para estar capacitando a jóvenes que tienen problemas para estar atendiendo clases en línea.

“Apreciamos que la primer generación en su mayoría se aglomeró en la Ciudad de México y se labora para diversificar los alumnos del país, pues es una realidad que regiones del bajio y norte de México, son las zonas con más empleo para el sector de tecnologías”, dijo.

En el caso amplificar las ofertas de trabajo para los jóvenes y no todo recaiga en las empresas, detalló que instancias oficiales requieren de personal apto para fortalecer la ciberseguridad y mejorar sus capacidades humanas y de equipos. “Debido a esta falta de cobertura de talento digital, junto con la Agencia de Transformación Digital se establecieron las escuelas públicas de código para capacitar a los burócratas. Es una realidad que se tienen que modernizar los conocimientos de los 1.8 millones de servidores públicos en conocimientos básicos en ciberseguridad.

ONU: CRECEN DAÑOS AMBIENTALES A NIVEL GLOBAL

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) informa que las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado un 1.5 por ciento cada año desde 1990, alcanzando un nuevo máximo en 2024, lo que eleva las temperaturas globales e intensifica los impactos climáticos. El costo de los fenómenos meteorológicos extremos atribuibles al cambio climático en los últimos 20 años se estima en 143,000 millones de dólares anuales.

Entre el 20 y el 40 por ciento de la superficie terrestre mundial se considera degradada, afectando a más de 3000 millones de personas, mientras que un millón de las aproximadamente ocho millones de especies existentes están en riesgo de extinción.

Nueve millones de muertes son atribuibles cada año a algún tipo de contaminación. El costo económico de los daños a la salud sólo por contaminación del aire fue de aproximadamente 8.1 billones de dólares en 2019, equivalente al 6.1 por ciento del PIB mundial.

El aumento de la temperatura media global probablemente superará 1.5°C por encima de los niveles preindustriales a principios de la década de 2030, superará los 2°C en la década de 2040 y seguirá aumentando. En este escenario, el cambio climático reduciría el PIB mundial anual en un 4 por ciento para 2050 y en un 20 por ciento para finales de siglo.

Las 8,000 millones de toneladas de desechos plásticos que contaminan el planeta seguirán acumulándose, aumentando las pérdidas económicas relacionadas con la salud, estimadas en 1,5 billones de dólares anuales debido a la exposición a productos químicos en los plásticos.

LA IA Y LA MITIGACIÓN DE SUS PROPIAS EMISIONES

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que la IA y sus sistemas de operación, a pesar del crecimiento, las emisiones causadas por los centros de datos seguirán siendo una fracción del total mundial de emisiones relacionadas con la energía, un 1.5 por ciento según las estimaciones. Además, afirma que la adopción generalizada de la IA podría hacer más eficientes una serie de actividades, reduciendo las emisiones en otras áreas. Esto puede deberse a la optimización de los procesos industriales, la investigación científica o la innovación tecnológica.

La AIE calcula que la aplicación generalizada de las actuales soluciones basadas en la IA podría reducir las emisiones hasta un 5 por ciento de aquí a 2035. Afirma que esto compensará el aumento de emisiones generado por la demanda de los centros de datos.

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