Para las empresas en México, el periodo comprendido entre el 12 de diciembre y el 6 de enero se ha convertido en uno de los mayores retos de continuidad operativa del año. Un análisis de Worky, basado en registros laborales de 2018 a 2025, muestra que durante este lapso las faltas no programadas se disparan entre tres y cinco veces frente a periodos ordinarios de trabajo.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, diciembre es históricamente uno de los meses con mayor volatilidad en asistencia y jornadas efectivas, marcado por vacaciones, incapacidades y ausencias intermitentes que impactan directamente la productividad. A ello se suma que, según datos del IMSS, el cierre de año concentra uno de los picos más altos en trámites de incapacidad temporal, lo que incrementa la presión sobre áreas de nómina y recursos humanos.
Los datos de Worky confirman que este comportamiento es cíclico y predecible. Mientras que en días festivos oficiales el ausentismo se mantiene dentro de rangos moderados, el periodo “Guadalupe-Reyes” genera picos que afectan la planeación de turnos, la entrega de proyectos y la operación diaria. Esta presión se traslada hacia el arranque de año, según Worky, en la primera semana de enero, las solicitudes de vacaciones crecen 58% y las aprobaciones 66%, frente al promedio de otros meses, detonando una saturación administrativa justo cuando las empresas intentan reactivar sus operaciones.
Maya Dadoo, CEO de Worky, advierte que la falta de planeación al cierre de año impacta directamente en la rentabilidad y el clima organizacional. “El Guadalupe-Reyes no debería ser una sorpresa para las empresas, pero los datos muestran que sigue siendo un punto ciego operativo. El reto no es que la gente descanse, sino que lo haga sin planeación. Cuando las ausencias no son programadas, los equipos de capital humano dejan de gestionar talento y pasan a apagar incendios, con impacto directo en costos, clima laboral y resultados”, señala.
“Las personas buscan pausas breves y estratégicas, y ese mes se convierte en el punto más crítico del año, cuando las ausencias se disparan, muchas veces por vías informales. Esto vuelve indispensable contar con herramientas que permitan agilizar la solicitud de permisos, reorganizar turnos y anticipar ausencias, para mitigar el impacto directo en la operación de las empresas”, apunta Dadoo.
Los mexicanos optan por periodos de descanso cada vez más cortos, con un promedio que cayó de 3 a 2 días, en comparación con años anteriores. “Lo que vemos es que en la primera semana de enero, el volumen de solicitudes a procesar se disparan, creando un cuello de botella administrativo que solo la digitalización puede resolver. Que sumado al fenómeno del ausentismo representa un mayor reto para la operación de las empresas en México”.
El reporte de Worky subraya que la digitalización es la única vía para que las áreas de capital humano sobrevivan a la saturación administrativa de enero, logrando una gestión y respuestas efectivas hacia los colaboradores mexicanos. Automatizar vacaciones, ausencias, incidencias y comunicación interna reduce la fricción administrativa al anticipar escenarios, redistribuir cargas de trabajo y sostener la continuidad del negocio en los momentos de mayor presión.
Más del 40% de las áreas de capital humano reconoce que la mala planeación de las ausencias dispara costos operativos no previstos, una vulnerabilidad crítica para sectores de alta demanda como retail, manufactura y logística. Mientras que la falta de visibilidad sobre los descansos del equipo se refleja en un problema de fuga de capital; se estima que el ausentismo y la baja eficiencia organizacional pueden drenar hasta el 4% de la facturación anual de las compañías en Latinoamérica.
En un mercado laboral marcado por rotación, burnout y una mayor exigencia de flexibilidad, el “Guadalupe-Reyes” se muestra como un periodo que requiere una planeación que integre datos, procesos digitales y visibilidad en tiempo real. Con esta visión, las empresas serán capaces de construir estructuras más sanas, predecibles y competitivas para enfrentar un 2026 donde la gestión del capital humano será cada vez más un asunto de estrategia.
