A finales del siglo XX, la arquitectura en la capital mexicana comenzó con un cambio orientado a atender problemas de adicción, violencia y desempleo en las zonas más habitadas y con mayores niveles de marginación, expusieron la doctora Dulce María Irene García Lizárraga y el doctor José Ángel Campos Salgado, docentes de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El análisis formó parte del encuentro Fenómenos urbano-arquitectónicos en México y América Latina. Una investigación colectiva, organizado por el Departamento de Métodos y Sistemas y el Área de Procesos Históricos y Diseño.

La doctora García Lizárraga explicó que la Ciudad de México ha impulsado proyectos de diseño urbano dirigidos a comunidades de bajos ingresos para mejorar espacios y atender necesidades sociales. En esta labor, la arquitectura incorpora tecnologías recientes y procura la preservación ambiental, un tema que se ha consolidado como prioridad urbana.

El doctor Campos Salgado presentó el análisis de tres construcciones representativas del proyecto gubernamental orientado a rescatar inmuebles y crear lugares culturales y deportivos. Estas iniciativas reúnen a distintos arquitectos para diseñar y adecuar edificios destinados a programas comunitarios.

La colaboración de ambos especialistas forma parte de la investigación internacional del Observatorio de Arquitectura Latinoamericana Contemporánea, realizado con las universidades de San Pablo (Brasil) y de Bogotá (Colombia). Su contribución se centra en estudiar procesos de cambio arquitectónico y conservación del patrimonio urbano.

Los académicos distinguen tres modelos de infraestructura social. El primero es el Faro (Fábrica de Artes y Oficios), seguido de Pilares (Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes) y las Utopías (Unidades de Transformación y Organización Para la Inclusión y la Armonía Social).

Los Faros representan una propuesta de intervención cultural basada en talleres de artes y oficios, conciertos y actividades de cohesión social, bajo el principio de “aprender haciendo”. Hoy existen ocho instalaciones en las alcaldías Tláhuac, Milpa Alta y Gustavo A. Madero.

Respecto a los Pilares, su ubicación obedece a un estudio territorial que prioriza zonas con bajo desarrollo social, alta densidad poblacional, incidencia delictiva y presencia juvenil, además de atender a demandas vecinales. Existen 165 de ellos, 62 en Iztapalapa.

El estudio considera las Utopías, ubicadas en un solo inmueble, como unidades que abarcan dos o tres terrenos, lo que amplía su oferta de actividades deportivas, foros, cursos y servicios comunitarios. Algunas fueron diseñadas por arquitectos de las mismas colonias.

De acuerdo con los profesores, estas iniciativas responden a una demanda social de más de cinco décadas y ahora se concretan con la recuperación de lugares a fin de disminuir desigualdades mediante la participación ciudadana.

La doctora García Lizárraga destacó la importancia de estas acciones en Iztapalapa, demarcación con una población cercana a dos millones de habitantes. La colaboración de la UAM con estos sitios es fundamental no solo en el plano arquitectónico, sino en los campos cultural y educativo que impulsa la Casa abierta al tiempo.

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