Al servir el alimento de su gato o perro, pocas veces se piensa que ese pequeño acto diario también puede tener un impacto en el planeta. Sin embargo, la forma en que se produce esa comida influye directamente en las emisiones de carbono, el uso de energía y la salud de los ecosistemas.
Cada croqueta cuenta. Y hoy, más que nunca, las empresas que fabrican alimentos para mascotas están asumiendo un papel clave en la lucha contra el cambio climático, bajo el compromiso llamado Net Zero, que significa reducir al máximo sus emisiones de gases de efecto invernadero.
La industria de alimentos para mascotas mueve miles de toneladas de ingredientes cada año —granos, carnes, empaques y transporte—, y todo eso deja huella. Se estima que hasta el 65 por ciento de las emisiones totales de una empresa del sector alimentario provienen del abastecimiento de ingredientes agrícolas y cárnicos. De aquí que, los fabricantes de alimentos para gatos y perros deben transformar sus cadenas productivas para operar de manera más sostenible.
En México y Latinoamérica, el mercado de mascotas está en crecimiento (8.3–8.7 millones toneladas/año en 2023–2024 en volumen de producción, lo cual representa un crecimiento del 2.41 por ciento respecto a 2022). Esto implica que la industria tiene una ventana de oportunidad para moldear ese crecimiento con un potencial de reducción de la huella significativo si el crecimiento se “descarboniza”.
Cuando una empresa declara su camino hacia el Net Zero, se compromete a reducir de forma significativa sus emisiones de carbono y compensar el resto mediante acciones que restauren los ecosistemas naturales. Esta es una forma de evolucionar como compañía y de generar un impacto positivo real.
En la industria de alimentos para mascotas, este compromiso se traduce en acciones concretas:
Energía limpia: migrar hacia fuentes renovables en plantas y centros de distribución.
Abastecimiento responsable: utilizar ingredientes provenientes de agricultura regenerativa o proveedores certificados.
Transporte sostenible: optimizar rutas, usar biocombustibles o flotas eléctricas.
Economía circular: rediseñar empaques para que sean reciclables, reutilizables o compostables.
Innovación en proteínas: incorporar fuentes alternativas con menor huella ambiental, como leguminosas o subproductos de calidad certificada.
Por ello, varias compañías han comenzado una transformación profunda. Marcas como Mars Petcare declaró una meta de reducción del 50 por ciento de sus emisiones absolutas para 2030 y lograr Net Zero para el 2050.
Las metas de empresas como Mars muestran que el sector ya reconoce la necesidad de reducción de emisiones y no sólo está tomando pasos concretos tanto en su producción como en su cadena de valor sino que, además, establece parámetros de acción para el resto del sector.
Detrás de estas acciones hay una idea poderosa: el cuidar del planeta también es cuidar de quienes más amamos sean seres humanos o animales.
En este sentido Royal Canin, por ejemplo, está sustituyendo paulatinamente el aceite de pescado por el de algas en sus productos secos formulados para el nacimiento y primera etapa de gatos y perros. Dado que el DHA se ha convertido en el nutriente fundamental para el nacimiento y desarrollo óptimos y el aceite de algas suele contener un mayor porcentaje de DHA, la transición de un aceite al otro en la nutrición animal es un paso importante a favor de la sostenibilidad de los océanos.
Alimentar con conciencia
Imaginemos un futuro cercano —2030— en el que las marcas de alimento para gatos y perros más conocidas usen energía solar, empaques biodegradables y cultivos regenerativos.
Ese futuro ya está en marcha, y gran parte de su éxito depende de la colaboración de los responsables de las mascotas que, con sus decisiones diarias y formas simples de elección, podrían hacer la diferencia:
- Optando por acciones indirectas. A veces, las acciones no están en grandes campañas, pero sí en etiquetas que mencionan energía renovable, empaques reciclables o ingredientes de origen local o sustentable.
- Eligiendo la transparencia. Si una empresa no comunica nada, y otra sí lo hace con claridad y metas verificables, esa diferencia también cuenta.
- Reduciendo y reutilizando. Aunque la marca favorita aún no sea “verde”, cada consumidor puede reducir el impacto reciclando los empaques o comprando presentaciones más grandes.
- Preguntando directamente. Muchas marcas responden en redes sociales o en atención al cliente si se les pide información sobre su impacto ambiental.
Así que, más allá de una etiqueta, el cambio empieza con la curiosidad y la elección consciente. Además, cada alimento que elegimos puede ser una declaración silenciosa de amor: hacer de este mundo un mejor lugar para nuestras mascotas, porque ellos hacen un mejor lugar para nosotros.
