La escritora Mónica Lavín Maroto recibió el Premio Crónica Cultura 2025 por su trayectoria literaria y por su aporte a la formación de lectores y escritores. Este galardón reconoce una obra que entrelaza pensamiento crítico y exploración de lo humano. Su nueva novela, La ausencia (Planeta), será presentada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
La ausencia aborda la escritura desde la incertidumbre. “Es el vacío literario, la sequía, aunque vivamos rodeados de historias. La pregunta es por qué escribir. No es lucrativo, pero uno no puede dejar de hacerlo. Es un impulso de comprensión”, explicó en entrevista. Esa búsqueda manifiesta la curiosidad científica que marcó su formación como bióloga.
Egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Lavín Maroto pertenece a la primera generación de Biología de la Unidad Xochimilco. Su paso por la Universidad definió su mirada narrativa. “La ciencia requiere observación, igual que la literatura. Observamos entornos, personas, gestos, sonidos”. Los programas académicos orientados al manejo de recursos naturales le ofrecieron acceso a paisajes y modos de vida que después transformó en materia literaria.
“La biología me enseñó a mirar los matices del paisaje y a reconocer el método. Una novela es un aparato lógico; puede ser absurda, pero debe convencer al lector de su posibilidad”, señaló. Para ella, escribir exige estructura y coherencia emocional.
Desde Cuentos de desencuentros y otros (1986) hasta sus publicaciones recientes, Lavín Maroto ha explorado distintas formas narrativas. “Con el tiempo se gana libertad, para mezclar ficción y realidad o alterar las convenciones del género”. En El lado salvaje (2024) juega con el tiempo y la transformación de los personajes en la ciudad, recursos que antes no se permitía experimentar.
La palabra, afirmó, es brújula. “Es un mecanismo para construir identidad, comunidad y pertenencia. La poesía enseña a mirar las palabras como especímenes. Busco la palabra justa, la que fija la temperatura de la emoción”.
Los acordes también atraviesan su obra. “El rock definió una época. En Ruby Tuesday no ha muerto (1996), la música acompaña a los personajes como una memoria viva. No concibo casas sin libros ni discos”.
Entre sus influencias menciona a Carson McCullers, Eudora Welty y Katherine Ann Porter, escritoras que considera audaces. Reconoce a John Cheever e Ian McEwan como referentes. “Nací en el cuento. Ese formato exige precisión. Quizá ahí develo mi formación científica”.
Sus cuentos han sido traducidos al inglés, francés, italiano e iraní. “Los traductores son los primeros lectores. Creen que tu obra merece ser leída en su lengua. A veces descubren matices que uno mismo no había advertido”.
Voces mexicanas en el diálogo global
Como jurado del Premio Cervantes y docente en la Universidad de Nueva York, Mónica Lavín ha participado en debates sobre valores literarios. “Ser jurado es dialogar sobre trayectorias. Es una forma de aprendizaje”. En esa institución educativa trabajó con estudiantes hispanohablantes con quienes compartía una misma mirada narrativa.
Sobre la literatura mexicana en el contexto internacional, destacó la obra de Fernanda Melchor, Aura García-Junco, Juan Pablo Villalobos, Jordi Soler y Álvaro Enrigue, quienes, dijo, despiertan interés fuera del país. “La visibilidad internacional es difícil. En Francia se leen a Ana García Bergua, Enrique Serna y David Toscana, traducido al polaco, portugués e italiano”.
A quienes se acercan a su obra, les deja un mensaje: “Que no pierdan la capacidad de imaginar. Crecer no debe significar renunciar al juego. Pueden ser lo que deseen: escritores, científicos o bailarines. Basta con desearlo y hacerlo”.
Su novela La ausencia ya está disponible en librerías, formato electrónico y audiolibro. Con esta obra, Lavín Maroto continúa su exploración sobre la escritura como forma de comprensión y resistencia. “Buscar la belleza vale la pena”, afirmó.
La escritura como acto colectivo
Durante la entrega del Premio Crónica Cultura 2025, la autora expresó su gratitud y recordó que recibirlo bajo su nombre completo, Mónica Lavín Maroto, habría alegrado a su madre y a su abuelo. “Somos las palabras que escogemos. Con ellas nombramos, comunicamos e inventamos. Este reconocimiento distingue no solo mi obra, sino a quienes han dedicado su vida a la escritura y a la formación de lectores”.
Lavín se asume parte de una comunidad que apuesta por la palabra como herramienta de transformación. “Nada se da por hecho. De pronto, algo que no esperas te gratifica. Este premio distingue el trabajo incierto de quienes escribimos”.
“Estamos hechos de contradicciones. Aunque sé que la oscuridad nos acompaña, confío en que la novela abre una vía hacia la comprensión, la tolerancia y la memoria.” Para ella, la palabra no solo comunica, construye identidad y pertenencia. “Somos mortales, pero la palabra deja huella”.
