Hacker cyber war concept. Hacker working on a code on dark digital background with digital interface around.

En México, al primer semestre del año, se registraron más de 35,200 millones de intentos de ciberataques. Esta cifra posiciona al país en el segundo puesto con mayor volumen de actividad cibercriminal en América Latina, de acuerdo con datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). El organismo internacional señala que este fenómeno se agrava en la región, donde tan solo en 2024 se detectaron 260 mil millones de intentos de ataques.

El 80 por ciento de estos ataques se dirigen a países con capacidades limitadas de respuesta ante amenazas, lo que pone a México entre los cinco países a nivel global con mayor incidencia. La exposición alcanza a un amplio sector de la población: un 68 por ciento de las personas menores de edad se encuentran actualmente expuestas a esta clase de delitos. En este contexto, cualquier usuario de internet es un blanco activo para los ciberdelincuentes.

Una parte considerable de estos incidentes de seguridad surge a partir de la huella digital, también conocida como sombra digital o huella electrónica. Este concepto se refiere al rastro de datos que las personas o las empresas dejan al navegar por internet. El historial de sitios web visitados, los correos electrónicos, las publicaciones en redes sociales y las búsquedas realizadas son componentes de esta huella que pueden ser rastreados. Empresas, redes sociales y actores maliciosos utilizan esta información para distintos fines.

La materialización de ataques e intromisiones se debe, en muchos casos, a los controles de seguridad bajos o nulos que los usuarios mantienen en sus actividades digitales, ya sea por falta de experiencia, conocimiento o interés.

“La ciberseguridad no es un tema prioritario sólo para las empresas. En el espectro personal es donde cuentas de banco, número de seguridad social, correo electrónico, fotos personales, datos de familiares e incluso propiedades podrían verse vulneradas”, afirma Antonio Arellano, Co-Founder & Co-CEO de Delta Protect. La seguridad, la privacidad y la reputación personal y profesional dependen de la gestión de la información en el entorno digital.

La huella digital afecta directamente la privacidad, la seguridad y el control sobre los datos personales. Aprender a gestionarla permite minimizar riesgos y proteger la integridad en línea, tanto de individuos como de organizaciones. Por ello, el experto en ciberseguridad expuso cinco acciones para cuidar la huella digital y minimizar la posibilidad de que terceros accedan a información sensible.

Revisar los ajustes de privacidad. Es fundamental configurar los permisos en aplicaciones y dispositivos. Se debe limitar el acceso a la ubicación, contactos y cámara si no es esencial para su funcionamiento.

Limitar la exposición de datos personales. Es imperativo no publicar información sensible en plataformas de acceso público como redes sociales o foros. Esto incluye datos como el domicilio, número de teléfono, detalles laborales e información financiera, como números de tarjeta o de cuenta.

Gestionar y reducir la huella digital activa. Elimine o desactive las cuentas antiguas en redes sociales y foros que ya no utilice. Esto reduce su exposición y previene vulnerabilidades que podrían ser explotadas por ciberatacantes.

Controlar la huella digital pasiva. La gestión de la misma requiere proteger la navegación. Instala herramientas que bloqueen rastreadores y cookies de terceros en tu navegador. Considera cambiar a navegadores diseñados para la privacidad (como Brave) para evitar la recopilación de datos.

Instruir al personal en entornos corporativos. Es necesario capacitar al personal de una empresa para que comprenda que mantener su huella digital protegida no solo resguarda su información personal, sino que también genera beneficios para la organización.

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