Cada Día de Muertos es una oportunidad para mirar atrás: honrar a quienes se fueron, pero también a esos objetos que alguna vez formaron parte de nuestra vida cotidiana y que, sin darnos cuenta, dejamos atrás. Entre fotos familiares y pan de muerto, ¿por qué no recordar también esos artículos deportivos que alguna vez usamos con entusiasmo y luego abandonamos?

Colchonetas que se deslizaban más que el cuerpo, bandas elásticas que no resistían un estirón o pesas incómodas que terminaban como pisapapeles o para atorar la puerta. Muchos de estos objetos, más que fallecer, fueron superados por versiones más conscientes, duraderas y cómodas.

“Lo que muere no siempre es inútil, a veces simplemente no se adapta al momento”, reflexiona Dayana Aronovich, fundadora de una empresa mexicana especializada en artículos deportivos para disciplinas como yoga, pilates y barré. “Hay objetos que se quedan en el camino porque no fueron pensados para durar, para sentirse bien o para habitar nuestros espacios de forma amable”.

Tapetes de yoga: delgados, resbalosos y olvidados

Los antiguos mats de yoga eran casi una ironía: diseñados para facilitar la conexión con el cuerpo, pero hechos con materiales sintéticos que se deslizaban, se cuarteaban o generaban alergias. Muchos fueron descartados más por frustración que por desgaste.

Hoy, el mat ha evolucionado hacia una herramienta que realmente acompaña la práctica: antideslizantes, con materiales hipoalergénicos, de mayor grosor y durabilidad, ligereza e incluso estéticamente agradables. “Cuando el tapete se convierte en un espacio seguro, uno vuelve a él como a un ritual”, comenta Aronovich.

Toallas deportivas: de las ásperas de gimnasio a textiles suaves y absorbentes En la era del gimnasio de pesas y reggaetón, las toallas eran un accesorio obligatorio, pero poco funcional: ásperas, delgadas, a veces antihigiénicas.

Muchas terminaban olvidadas en lockers o usadas como improvisadas almohadas.

Hoy, hay una vuelta a textiles más pensados: toallas compactas, absorbentes, con fibras suaves y lavables, que no solo secan el sudor, sino que acompañan la práctica como parte del cuidado personal. En disciplinas como yoga o pilates, la toalla es ya una extensión del cuerpo.

Pesas incómodas y polainas con arena: el declive del entrenamiento forzado Las antiguas polainas con peso, rellenas de arena, tenían un defecto básico: eran inestables, goteaban, raspaban la piel y resultaban incómodas. Lo mismo ocurrió con muchas pesas de mano: voluminosas, de agarre incómodo y revestidas con pintura que se descascaraba.

Hoy, la propuesta es distinta. Productos como las U Curly, con diseño ergonómico, materiales suaves y colores en tenencia, recuperan la idea de resistencia sin agresión. Son funcionales para rutinas de bajo impacto y tienen una presencia que no desentona en casa. “No todo el entrenamiento tiene que doler. A veces basta con que sea constante y amable”, dice Aronovich.

Mancuernas: de fierros industriales a objetos de diseño

Durante años, las mancuernas fueron casi sinónimo de gimnasio: hierro negro, frío, con empuñaduras duras y diseño exclusivamente funcional. Eran símbolo de esfuerzo… pero también de incomodidad.

Hoy, existen mancuernas pensadas para el uso doméstico, de distintos pesos y materiales recubiertos, que incluso combinan con el espacio. Las mancuernas de U Can, por ejemplo, están fabricadas con silicón de grado médico, en colores neutros y formas amigables. “No todo tiene que parecer industrial para ser efectivo”, comenta Aronovich.

Bancos de aeróbics: un ícono noventero que no resistió el paso del tiempo Quienes entrenaron en los 90 seguramente recuerdan los bancos de aeróbics: grandes, de plástico duro, poco estables y difíciles de almacenar. Aunque fueron un símbolo de una era, también dejaron de usarse por su rigidez, su falta de versatilidad y su estética poco adaptable.

Hoy, muchas rutinas incorporan plataformas más pequeñas, plegables o incluso usan bloques de yoga o steps modulares que se integran con otras disciplinas. El diseño multifuncional, ligero y estable reemplazó al objeto único.

Bandas elásticas, aros y accesorios que se rompían antes que el usuario

Las bandas elásticas tradicionales no ofrecían resistencia real o se rompían con facilidad. Lo mismo ocurría con aros de pilates de baja calidad o balones que perdían forma rápidamente.

Actualmente, se busca que los accesorios resistan el uso diario, que respeten el cuerpo y que, además, se vean bien. No se trata solo de rendimiento, sino de integrar el ejercicio al estilo de vida, y no al revés.

Movimiento como memoria: lo que vale la pena conservar

Así como en los altares colocamos lo que queremos recordar, también vale la pena pensar en qué objetos del ejercicio queremos conservar. Algunos quedaron atrás porque cumplían una función para una época específica. Otros regresan, transformados.

“El cuerpo no olvida lo que se siente bien”, concluye Aronovich. “Y si el entorno, los objetos y los espacios acompañan, el movimiento se vuelve un ritual cotidiano, no una carga. Como en el Día de Muertos, hay cosas que se van… y otras que encuentran una nueva forma de estar presentes”.

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