La Llorona de Xochimilco cumple XXXII años de presentarse de forma ininterrumpida en la zona ecológica y chinampera de la Alcaldía Xochimilco, en la laguna de Tlilac, siendo su punto de partida el Embarcadero Cuemanco.

La obra está basada en una de las leyendas con mayor arraigo dentro de la cultura mexicana y al cumplir treinta y dos años, se ha enraizado en un escenario natural único con sus canales y chinampas, las cuales se convierten en protagonistas y en un lugar idóneo para su representación, en un espacio que se define como único en el mundo.

En sus principios tras la reunión de agricultores, chinamperos, remeros de trajineras y gente de la propia comunidad Xochimilca, surge la iniciativa para desarrollar un proyecto, cuya meta era la de ofrecer un espectáculo multidisciplinario que integrase música, teatro y danza; que resaltará los valores y cultura que ellos como Xochimilcas heredaron de sus antepasados; que ofreciera la oportunidad de realizar un paseo en Trajinera, por los canales, dentro de un espacio natural.

El espectáculo de “La Llorona” surge en 1993, con el objetivo de difundir la riqueza natural de Xochimilco y contribuir al rescate y preservación de la integridad cultural, artística e histórica de nuestra identidad nacional, mediante diferentes expresiones artísticas como la música, el teatro y la danza. El trabajo en conjunto de estas disciplinas busca hacer conciencia para el rescate de Xochimilco, nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1987 por la UNESCO.

En la edición XXXII se ha titulado: El Último Latido del Agua, sin perder de vista la conmemoración de los 700 años de la Fundación de Tenochtitlan que se remite al momento en que los antiguos pobladores encuentran al águila sobre el nopal devorando la serpiente en medio del gran lago.

Este espectáculo se presenta en los meses de octubre y noviembre, debido al misticismo que se crea por la celebración del Día de Muertos, y que hace del lugar, un sitio mágico, casi irreal dentro de esta grandísima urbe de la Ciudad de México; renovándose año con año para sumarse a las celebraciones del Día de Muertos.

Gracias al acercamiento con diferentes instrumentos musicales de origen prehispánico (huehuetl, teponaxtle, tambor yaqui (o de agua), caparazón de tortuga, tambor huave, Tenabaris, cinturón de pezuñas, raspador yaqui, caracoles, flautas de carrizo, flautas de barro, ocarinas, silbatos de barro, silbatos de tlaloc y de muerte, palo de lluvia entre otros, de los cuales, actualmente, varios sólo se observan en museos.

La obra narra los rumores de seres extraños aproximándose al Anáhuac se habían extendido por los cuatro rumbos, sonidos ensordecedores rompieron la armónica cotidianidad de estas tierras y el espejo del cielo, Xochimilco, agitaba sus aguas anunciando el final de una era.

Cuando el encuentro entre dos mundos irrumpió en el desarrollo del pueblo Xochimilca, Nahui se encontraba en la víspera de la llegada de su pequeño hijo, ilusionada por mostrarle el mundo que lo recibiría, por contarle las historias de sus abuelos, por cantarle las canciones de su pueblo sin pensar que una nube gris anunciaba una tormenta que lo cambiaría todo.

El último latido del agua, una historia que narra lo acontecido en el momento en que el pueblo xochimilca es “visitado” por el Tercio de avanzada español dirigido por el Capitán Pedro González de Trujillo y el Sargento Juan de Aranjuez y Alvarado.

La Llorona El último latido del agua es una historia humana que llama a no olvidar esos lazos que nos unen con el pasado; a no ignorar las voces de los que ya no están, pero que dejaron testimonio de su paso por este mundo; a nunca bajar los brazos ante la injusticia, el dolor y la indiferencia… a alzar la mirada ante la gentil lluvia que renueva, que da vida, que nutre.

 

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